El escritor leonés Jose Pedro Pedreira acaba de publicar en Eolas Ediciones una nueva obra, “Alfonso VI. Imperator”, en la que nos acerca a la rica biografía de este rey, uno de los personajes más interesantes de la Edad Media. La presentación, celebrada en el salón de Actos del Ayuntamiento de León, corrió a cargo de Héctor Escobar, fundador de la  Editorial; del escritor y periodista Tomás Alvarez, junto al propio autor.

Por Claudio Path

Alfonso VI fue uno de los más grandes reyes de la Edad Media. Reinaba sobre León, Asturias, Galicia, Castilla y Nájera; conquistó Toledo, y percibía tributos de la mayoría de los reinos taifas; aunque en el tramo final del reinado tuvo que mantenerse a la defensiva por la irrupción de los Almorávides.

Alfonso VI

Miniatura de un manuscrito de la Biblioteca Nacional de España (Chronicon regum legionensium). Alfonso VI envía legados al papa Gregorio VII.

La peregrinación a Compostela fue un asunto de enorme trascendencia en el reinado de este monarca leoñés, quien resolvió prácticamente el trazado del Camino Francés, dado que sus dominios se extendían desde la Rioja al Atlántico.

Para desarrollar plenamente el  gran eje viario medieval, Alfonso VI contó con colaboradores como Santo Domingo de la Calzada (Rioja); san Juan de Ortega (Logroño y Montes de Oca), y san Lesmes (Burgos). Ellos facilitaron el paso de los peregrinos haciendo puentes, calzadas y hospitales.

Vientos culturales europeos

Además, las relaciones familiares y religiosas del propio rey, especialmente con Francia, Borgoña y el Cluny, favorecieron que el Camino se consolidase como un eje político y cultural clave de su tiempo.

En la intervención de Tomás Alvarez en el acto de presentación, este destacó que la rica biografía del rey leonés ha sido aprovechada en otras obras medievales, y se refirió concretamente a la Vida de Carlomagno que aparece en el Código Calixtino, atribuida a Turpín, quien fue arzobispo de Reims en el tramo final del siglo VIII

Alfonso VI y la Historia Turpini

“Todos habéis oído hablar –recordó- del Códice Calixtino; ese antiguo conjunto de textos escritos a mediados del siglo XII, conservado en Compostela y que integra libros con sermones, himnos, milagros, relatos de la traslación del Apóstol y el descubrimiento de la tumba, y hasta la historia de Carlomagno y su conquista de España.

Como todo el mundo sabe ese libro sobre Carlomagno es una absoluta invención, tanto en el discurso del relato como en la autoría, empezando porque la fecha de la vida del obispo Turpín es anterior al propio descubrimiento de la tumba de Compostela, con lo que malamente puede narrar a un Carlomagno liberando de árabes la tumba del Apóstol; cuyos restos –por otra parte-  ya quedaron bien custodiados en Compostela por orden del rey Alfonso II de Asturias, sin nesesidad de ayuda franca alguna..

Esa Vita Caroli, vida de Carlomagno, que nos cuenta el Calixtino poco tiene nada que ver con la historia real. Es más, se trata en diversos casos de historias de la vida del propio Alfonso VI e incluso de otros monarcas, junto a fantásticas creaciones de historias y héroes ficticios

El arzobispo Turpín en una Asamblea de los francos. De un documento de finales del siglo XII. Biblioteca Universitaria de Heidelberg.

.

Carlomagno en la Corte de Toledo

En el texto del Calixtino se sitúa a Carlomagno en la corte de Toledo, donde había vivido un buen tiempo. La realidad es que quien vivió allí fue Alfonso VI, el monarca leonés, acogido por Al-Mamún, rey de la taifa de Toledo, tras ser derrotado Alfonso por su hermano Sancho y desposeído del Reino de León.

También se afirma en el libro del falso Turpín que Carlomagno habría aprendido allí, en Toledo, “la lengua sarracena”, cuando quien conocía el árabe era Alfonso VI de León refugiado en la capital toledana y con un trato directo con sus gobernantes, lo que facilitó su conocimiento del árabe y de la cultura andalusí.

En varias ocasiones aparece Carlomagno luchando contra coaliciones árabes de la península y norte de África; lo que no es sino una referencia a las surgidas tras la toma de Toledo por Alfonso VI, que motivó coaliciones de reinos taifas y ejércitos almorávides, intentando liberarse del dominio y los impuestos del leonés.

La catedral de Carlomagno que nunca existió

Carlomagno –dice el falso Turpín- construye la catedral de Compostela y otros templos y abadías de Francia.

La realidad era distinta. Fue Alfonso VI quien impulsó la catedral románica de Santiago, que se acabaría inaugurando en tiempos de Alfonso IX. También participó muy activamente en la ampliación de la sede de la Orden del Cluny (Cluny III), en Borgoña, centro que ya fue muy dependiente económicamente del reino de León en los días de Fernando I.

Ese despliegue económico de los reyes de León les fue permitido por la elevada cuantía de los tributos anuales recibidos de los emires musulmanes para comprar la paz y protección frente e reinos rivales.

El hierocratismo de Gregorio VII… en Compostela

Otro de los temas reveladores de la Historia Turpini está en el capítulo XIX, donde se precisa que Carlomagno convocó en la ciudad de Compostela un concilio de obispos y príncipes en el que se determinaría que: “todos los prelados, príncipes y reyes cristianos, tanto españoles como gallegos, presentes y futuros, obedecerán al obispo de Santiago”.

Este texto no sería sino otra argucia del scriptorium compostelano encaminada a potenciar el descabellado hierocratismo del propio obispo Gelmírez, quien en su desmesura soñó en algún momento con rivalizar en poder con el papado romano, que en tiempos cercanos (Gregorio VII) había reafirmado la supremacía papal sobre el Imperio

Las tres iglesia cristianas: Roma, Santiago y Éfeso

En ese mismo capítulo  XIX  de la Historia turpini se cita a las tres iglesias principales cristianas: la romana, la gallega y la de Éfeso. Las que corresponden a los tres apóstoles mayores: “Pedro, Santiago y Juan, “a los cuales  -escribe el falso Turpín- reveló Cristo sus designios más claramente que a los demás, según consta en los Evangelios”.

En general tanto en el Códice Calixtino como en la Historia Compostela, se aprecia una y otra vez una “liberalidad” para inverntar testimonios de mandatarios, papas incluidos, con objeto de favorecer los intereses de la sede compostelana. La propia Historia de Turpín se cierra con otra carta de Calixto II, papa utilizado sin rubor alguno, para dar importabcia a la compilación.

Curiosamente algunas de estas falsedades se publicaron por Europa en los siglos siguientes. Autores respetados de los días del Renacimiento, como Jerónimo Munzer asumieron tales falacias en sus escritos.

Crítica historiográfica

El propio historiador Ambrosio de Morales,  designado por Felipe II en 1572 para realizar un viaje de encaminado a reunir  libros, documentos, y objetos  antiguos para las  colecciones del Monasterio del Escorial, no sólo no quiso llevarse el Códice, sino recomendó que se retirase de la exposición pública.

No sólo criticó la falta de verosimilitud, sino la calidad del texto. “Quien quiera que fue el Autor, puso allí cosas tan deshonestas y feas, que valiera harto mas no haberlo escrito”, expresó el enviado de Felipe II.