En el inicio del siglo XVIII, viajó a Santiago de Compostela Gian Lorenzo Buonafede Vanti. El viajero, fraile franciscano, alcanzó la Península Ibérica en un barco que le llevó de Génova a Cádiz, y escribió un magnífico relato epistolar.
Por Tomás Alvarez
Entre la larga pléyade de viajeros italianos que nos legaron el relato de su viaje a Compostela, un personaje interesante es Giovan Lorenzo Buonafede Vanti, quien recorrió los caminos de peregrinación, en su marcha al occidente hispano, en los años 1717 y 1718.
La obra que nos dejó tiene carácter epistolar. Se integra por doce cartas en las que el autor va relatando fragmentos del viaje; narraciones fechadas en notables ciudades, como Génova, Cádiz, Compostela, Madrid, Toulouse, Aviñón, Turín, etc.

Gian Lorenzo Buonafede Vanti recorrió los caminos de peregrinación a Compostela, en los años 1717 y 1718. Imagen elcaminodekunig.com
El viajero publicó dos años más tarde, en Bolonia, su relato con el largo título de Viaggio occidentale a S. Giacomo di Galicia, Nostra Signora della Barca, e Finisterre; per Mare Mediterráneo, Océano, Algarve, Portogallo, Spagna e Francia; un título nos recuerda al que puso el clérigo boloñés Domenico Laffi a su crónica (Viaggio in Ponente a San Giacomo di Galitia e Finisterre, di D. Domenico Laffi Bolognesse).
Siguiendo los pasos de Laffi
Esta coincidencia no es casualidad, porque Vanti llevaría y consultaría el texto de Laffi en su camino y también viajó en una época similar. Si el clérigo boloñés emprendió su viaje el 16 de abril de 1670, Buonafede Vanti lo haría el 13 de abril de 1718. No es descabellado pensar incluso que este pudo conocer a Laffi, ya que al fin y al cabo ambos eran del entorno de Bolonia.
De la vida del fraile franciscano no hay mucha información. Estudió teología y esperó una veintena de años hasta que sus superiores le permitieron hacer la larga marcha, que inició cuando andaba por la cincuentena. Curiosamente, también hizo la peregrinación casi al mismo tiempo que el carmelita Giacomo Antonio Naia, quien partió a Santiago el 2 de junio de 1717. Ambos –Naia a Buonafede Vanti- se inspiraron permanentemente en el libro de Domenico Laffi.
Buonafede Vanti se dirigió, desde Castel San Pietro, en el extrarradio de Bolonia, a Génova; a través de Módena y Parma. Embarcó en Génova en la nave Fenice Galera, el 15 de mayo, con otros 20 pasajeros. No le sentó muy bien el viaje, y el 19, ante Marsella, pidió que lo desembarcasen, lo que no le fue permitido.
La vía marítima
Una de las particularidades del viaje de Buonafede Vanti es su largo recorrido por mar para llegar al puerto de Cádiz; un periplo que posiblemente se atrevió a realizar a raíz de la lectura de la obra de Laffi, en la que se alude a las dificultades del paso por Francia, tanto por el bandolerismo como el encuentro con núcleos de los hugonotes, enemigos de la peregrinación.
Bordeando el Mediterráneo, el navío se detuvo en Málaga, donde Vanti conoció la leyenda de la conquista de España por los sarracenos a causa de una traición debida a por las insidias de una “mala mujer”, en referencia a la historia de Florinda la Cava, hija del conde Julián.
En el viaje, Buonafede Vanti mantuvo excelentes relaciones con la gente de la nave y muy especialmente con el capitán, de quien se despidió en Cádiz. Fue una despedida muy emotiva, pues –entre lágrimas- le expresó su esperanza de encontrarse juntos algún día “en el paraíso”.
Describiría emocionado el puerto de Cádiz, donde se veían tantos navíos que el conjunto parecía «un bosque en el mar”. Luego, el viajero italiano conocerá Sevilla, la “gran caridad de los españoles”, y pasará por Beja en dirección a Lisboa, urbe que califica de magnífica. Seguirá hacia el norte por Santarém, Coímbra, Oporto y Valencia de Miño.

La Isla de Cádiz en una lámina de la época en que Buonafede Vanti viajó a esta ciudad, de camino a Santiago de Compostela. Imagen de la colección del Rijksmuseum/Wikipedia
Un fraile curioso y erudito
Ya en España, seguirá por Tuy, Pontevedra, Padrón y Santiago de Compostela, a donde llegará el 1 de agosto. En numerosas ocasiones, los escritos de Buonafede Vanti muestran un amplio conocimiento en materia de historia y leyendas. Fruto de su erudición, no siempre bien fundada, es la afirmación de que Compostela es “la antigua Floruto Brigantio”.
Como fraile erudito, describirá también en su narración, las míticas historias de la reina Lupa y los toros amansados.
Describe la zona compostelana como poco fértil en grano pero de buen vino y buenos caballos; con casas y palacios construidos de piedra. En su relato se detecta la emoción y el júbilo, especialmente en la catedral. A ella acudirá diariamente para abrazar la estatua del Apóstol con los ojos llenos de lágrimas; así como para besar la propia estatua de Santiago. Quedará encantado de la hospitalidad del convento franciscano y de la urbe.
La fascinación de Nuestra Señora de la Barca
El 17 de agosto partirá en dirección a Muxía y Finisterre. De esta fase del viaje recordará especialmente el paso por Santa María de la Barca. Sus maravillosas visiones las recordará más tarde en el curso del viaje. También aprovechó este capítulo para transcribir en su crónica un folleto relativo a las maravillas de aquel enclave mariano atlántico.
Como dato curioso, en Finisterre comerá un pescado riquísimo en casa del párroco. Con toda seguridad se trata del sacerdote que también recibió en su casa a Giacomo Antonio Naia, a quien ofreció una suntuosa comida con hígados de pez lobo, aliñados con cítricos y cocinados con mantequilla; un centollo descomunal y otras delicias (Pucheros y zurrones, la gastronomía del Camino de Santiago)
El día 24 estará de nuevo en Santiago, donde permanecerá hasta el uno de septiembre. Luego se adentrará en la Península Ibérica a través de Monforte y Valderorras, donde apreciará los buenos viñedos y los abundantes castaños.
Un viaje de descubrimiento
Buonafede Vanti seguirá por el Bierzo. En Ponferrada cita el castillo de los templarios y la iglesia de Nuestra Señora de la Encina. Luego continúa por Campo, Molinaseca y Foncebadón hacia Astorga, ciudad de un pasado notable, con su castillo bello pero descuidado.
Verá el viajero en Astorga el sarcófago del Rey Alfonso II según dice; aunque en realidad debía tratarse del magnífico sarcófago en el que reposaron los restos de Alfonso III; una obra maestra del arte funerario, arrancada por la fuerza de la catedral asturicense y que en la actualidad se halla en el Museo Arqueológico Nacional de España (Madrid). De la catedral, afirma que si no tuviera el coro en medio sería majestuosa.
En su viaje, hacia el sur verá unos bellísimos bailes en Cerecinos de Campos; el magnífico mercado de Río Seco, y la urbe de Valladolid, de la que dice que es «ciudad episcopal del Reino de León”. La califica como una de las más nobles de España, durante mucho tiempo la sede de los Reyes, ubicada en una llanura muy hermosa y adornada de jardines, fuentes y bellos edificios. Elogia también su plaza, cuadrada, con pórticos y bellos palacios de igual altura.
Continúa por Arévalo y el Guadarrama hacia el Escorial, al que cita como la primera de las cinco maravillas de España, junto con el Monte de San Adrián (en el País Vasco), Montserrat, la cisterna de Granada y el acueducto de Segovia.
En su recorrido continuará por Madrid –con la plaza Mayor más bella de España- y Toledo; para reemprender el camino hacia el Norte, vía Sigüenza, Zaragoza, Pamplona y Roncesvalles.

Portada del libro de Gian Lorenzo Buonafede Vanti y detalle del templo de Santa María de la Barca, estancia que recordará vivamente. Imagen elcaminodekunig.com
Escepticismo con la leyenda carolingia
Como conocedor del libro de Laffi, al llegar al monasterio de Roncesvalles el viajero italiano preguntará por el “cuerno de Roldán”, que según Laffi estaba allí. La respuesta fue que se hallaba tan deteriorado que ya no se exhibía al público. De todas formas, le mostraron cuatro pedazos de dicha pieza. En el escrito, Buonafede Vanti rechaza la historicidad de las leyendas carolingias; destaca de nuevo la historia de Bernardo el Carpio, y alaba la hospitalidad recibida.
El 20 de diciembre llegará a Toulouse, desde donde proseguirá a Aviñón. También visitará el entorno la Sainte Baume, no lejos de Marsella, donde, según la tradición, hizo penitencia santa María Magdalena. También visitó «el lugar en el que esta fue enterrada». Desde Marsella viajará hacia Turín, Milán, Brescia, Verona, Padua y Bolonia, para retornar al origen de su marcha: Castell de San Pietro
Llegará el 29 de marzo de 1718 a Bolonia, la ciudad de donde salió el año precedente, el 13 de abril. A su llegada, acudió a casa de un amigo con quien compartió la alegría de regresar sano y salvo. Aprovechó su estancia en la ciudad para encontrarse con amigos y maestros y acudir al santuario de Nuestra Señora de San Luca. Finalmente, llegará el “domingo de Pasión”, 3 de abril, a Castel San Pietro; “mi patria, donde soy bienvenido”, escribe Buonafede Vanti.
[…] otro viajero es Buonafede Vanti, que dejaría su tierra del entorno de Bolonia el 13 de abril de 1718. Se trata de un […]