En la literatura de viajes a Santiago de Compostela encontramos a veces citas que nos revelan características de un lugar, un convento, un hospital o un personaje. Hoy nos centramos en un cura del siglo XVIII de una localidad gallega: Finisterre
Por Tomás Alvarez
La literatura de viajes a Compostela recoge a veces curiosos datos que nos revelan la hospitalidad de instituciones y personajes. Una de las curiosidades llamativas en esta materia es la acogida dada a dos notables autores de libros de peregrinación del siglo XVIII por el sacerdote de un pequeño -pero importante- núcleo gallego, en el siglo XVIII; concretamente, Finisterre.

Finisterre era conocido por los peregrinos medievales centroeuropeos como Estrella Oscura. Así aparece en diversos textos, entre ellos el Von Sant Jacob. Imagen de Manuel Fernández Miranda/Guiarte.com
Dos autores de la literatura odepórica santiagueña
Dos grandes autores de relatos nos hablan al parecer del mismo personaje; el cura de Finisterre. Uno de ellos es Giacomo Antonio Naia, y el otro Gian Lorenzo Buonafede Vanti.
El 2 de junio de 1717, Giacomo Antonio Naia inició el viaje a Compostela. Se trataba de un fraile carmelita, natural de Iesi, en el centro-este de la península italiana; viajero que no regresaría hasta abril de 1719.
El otro viajero es Buonafede Vanti, que dejaría su tierra del entorno de Bolonia el 13 de abril de 1718. Se trata de un franciscano, que alcanzó la Península Ibérica en barco y que nos dejó un magnífico relato epistolar de su periplo.
Giacomo Antonio Naia

Giacomo Antonio Naia disfrutó muchos de la comida en casas de los párrocos y en los conventos. En la imagen, Cocina del monasterio, de Eduard von Grützner. Imagen www.dorotheum.com/commons.wikimedia.org
Naia fue un personaje muy divertido que aportó con la descripción de su viaje un auténtico texto de gastronomía de los caminos. Su llegada a Compostela fue el 2 Febrero 1718 y pocos días después marchó hacia Santa María de la Barca para continuar a Finisterre.
Aquellos fueron días fríos en los que gozó de la cálida acogida del cura de Finisterre, al que regaló una medalla que traía de Roma. La calidad de la acogida quedó refrendada por la cena, inmortalizada en el relato del fraile carmelita. En ella dieron cuenta de una gran sartén con hígados de bacalao frescos y muy grasos, sazonados, con sus cítricos. “Una cosa verdaderamente deliciosa, que parecía cocida en mantequilla”, escribió Naia.
Luego disfrutaron de un gran cangrejo “tan grande que nunca había visto otro igual”; bien condimentado con frutas cítricas. En otro plato se presentaron las patas del susodicho cangrejo, “muy grandes y llenas de pulpa”. Luego, un plato de sardinas frescas, “sabrosas y dulces”. El conjunto se acompañó de buen pan, y un vino sazonado con canela.
El relato muestra claramente la cultura gastronómica del anfitrión, que poseía en su casa una habitación llena de bacalaos, partidos al medio, y colgados de cuerda para su curación.
Gian Lorenzo Buonafede Vanti

Portada del libro de Gian Lorenzo Buonafede Vanti y detalle del templo de Santa María de la Barca, estancia que recordará vivamente. Imagen elcaminodekunig.com
En agosto del mismo año, visitó también Finisterre Buonafede Vanti, quien fue alojado con gran caridad por el párroco. El relato no precisa la pitanza ofrecida al viajero, pero se puede deducir su calidad porque Vanti alabará también el pescado de Finisterre.
Este viajero italiano destaca en mayor medida la descripción de la iglesia de Santa María de Finisterre y cita en especial un crucifijo, ubicado en el lado de la epístola, de un aspecto tan realista y dramático que unos turcos que aparecieron por el lugar en 1619 intentaron destruir la imagen y al ver el rostro del crucificado huyeron por el miedo que les infundió su mirada.
Gian Lorenzo Buonafede Vanti señala en su escrito que acudió al sacerdote local por el deficiente estado del hospital de peregrinos, “despojado de todo lo necesario”, una descripción que nos recuerda la que pocos años más tarde hizo otro gran peregrino italiano, Nicola Albani, quien destacó la profunda caridad hispana pero también la miseria de muchos de los hospitales de peregrinos. “Rara vez me quedaba en los hospitales -escribe Albani- generalmente optaba por encontrar albergue en los pajares”.
Para profundizar en la gastronomía del Camino de Santiago
[…] El sacerdote gallego ofreció al visitante un menú que bien podría servir bien para cualquier jornada festiva: una cacerolada de hígados de bacalao aliñados con cítricos y mantequilla; un centollo muy grande, también aliñado con cítricos y cuyas patas, jugosas y llenas de pulpa, se sirvieron en otro plato, y una ración de sardinas frescas y suaves; acompañando todo con pan riquísimo y vino fuerte sazonado con canela”. […]