El Camino de Santiago proporciona al viajero tramos en los que alterna la emoción del paisaje con la sorpresa del Arte, con mayúsculas. Así ocurre con el avance entre Frómista y Carrión. En Frómista, el viajero quedará seducido por la belleza coqueta de la iglesita románica de San Martín. En Carrión de los Condes, por el maravilloso Cristo de en Majestad de la portada del templo de Santiago. Villalcázar de Sirga queda en medio de ambas poblaciones.
Por Tomás Alvarez
Villalcázar parece reposar, ajeno al tráfico, sobre el paisaje calmado y rectilíneo de la Meseta Norte; rodeado de tierras cerealistas que en primavera se ondulan con el viento, generando un paisaje de terciopelo. Si el viajero que camina hacia Carrión de los Condes es mínimamente curioso, avanzará hasta el centro de este lugar cuya voluminosa iglesia no parece corresponder al exiguo núcleo urbano.
…Y cuando llegue hasta el templo, el peregrino pensará: “ha valido la pena”.

Ante el pórtico de la iglesia de Santa María la Blanca, en Villalcázar de Sirga. Imagen de Tomás Alvarez
He realizado en diversas ocasiones este trayecto. La primera hace casi cuarenta años. La última hace pocos días. En la primera lo hice en bici. Aún llevaba en mi mente la seducción románica del templo de Frómista cuando, a media tarde, llegué a Villalcázar. Desde luego, aquel día no esperaba para nada encontrar un templo de tal interés.
Una sorpresa en el Camino
En mi libro de “El Camino de Santiago para paganos y escépticos”, fruto de aquel viaje, dejé esta descripción tras entrar en la iglesia de Santa María la Blanca:
“Esta es otra de las grandes sorpresas del Camino. Nadie se imagina cómo, en medio de un pueblón perdido en la llanura se alza un templo románico-gótico(siglo XIII) de tal riqueza. La portada posee una densidad escultórica inusual, y en el grandioso interior: arcadas, retablos, esculturas y todo es de una calidad extraordinaria. Éste es otro punto de parada ineludible en la ruta hacia Santiago”.
El templo surgió a la vera de un viejo convento templario. Ocupa un lugar relativamente elevado del caso urbano, y ganó fama por una Virgen milagrera inmortalizada en las cantigas del rey Sabio.

Imagen parcial del doble friso del pórtico del templo de Villalcázar de Sirga. Arriba. El Pantocrátor. Abajo el rey Alfonso X ante la Virgen Blanca. Imagen del grabador José Holguera
El viajero que llega desde la carrera nacional quedará impresionado por la escalinata que le conduce al inmenso pórtico meridional, de una altitud desmesurada. La puerta, gótica, se halla debajo de sendos frisos de notable calidad.
Historia y Arte del siglo XIII
La sorpresa continuará en el interior, donde descubrirá sus tres magníficas naves y su riqueza escultórica. Entre los sepulcros uno corresponde a uno de los hijos del rey Fernando III el Santo, de nombre Felipe, vida azarosa y muerte oscura. Según algunos autores fue asesinado por su hermano Alfonso X, frente al que se había rebelado. El retablo mayor es otra obra notable, gótica, de los siglos XV y XVI.
La Virgen Blanca de Villalcázar protagoniza alguna de las cantigas de Alfonso X; cantigas en las que no faltan las historias de peregrinación. Frente a la fama milagrera de las reliquias de Santiago Apóstol, el monje Gonzalo de Berceo (Los Milagros de Nuestra Señora) y el rey Alfonso X (Cantigas de Santa María), promoverán la devoción mariana y los centros dedicados a la Virgen como objetivos de peregrinación, por los efectos benéficos de la veneración de la Santa Madre.
Retornando al gran edificio de la antigua Villasirga, cabe comentar que el viajero que contempla el exterior del mismo pensará que el templo quedó incompleto. La realidad es que en el siglo XIX se arruinó la parte del hastial, perdiendo otra valiosa portada, por lo que hubo que hacer de forma relativamente apresurada un nuevo muro de cierre y acortar la longitud de las naves. Ese cierre inusual de la obra genera la sensación de que el ambicioso templo quedó inacabado.
Monumentos de piedra… y monumentos humanos
Este mes de abril he retornado a estos históricos espacios santiagueños. Frómista estaba en fiestas, celebrando “san Telmín”. En las calles, los muchachos se entretenía tirando petardos, y las iglesia estaban cerradas. No me importó demasiado, porque mi intención en el lugar era la de conversar con Lourdes Lluch, una auténtica leyenda del Camino de Santiago. Ella fue la que en 1990 abrió el primer albergue para peregrinos, en Hornillos del Camino. Lourdes puso en marcha un modelo de atención al peregrino que contribuiría decisivamente a la recuperación del flujo de la peregrinación en el final del siglo XX.
De camino hacia Carrión de los Condes, llegué al anochecer a Villalcázar. Nunca había vuelto a parar en el lugar desde mi primera visita. El urbanismo es otro. El entorno urbano se ha cuidado. La portada meridional resalta con su excelente escalera y la iluminación… Frente al gran pórtico, se halla, también cuidado, el edificio de la sede municipal…

El templo de Villalcázar de Sirga se alza dominante sobre el caserío, testimoniando un rico pasado de arte e historia. Imagen del grabador José Holguera
Y no está Pablo
Todo muy bien. Pero en Villalcázar de Sirga echo de menos a otro monumento del Camino; un monumento humano: Pablo, el mesonero. Un buen promotor de la ruta compostelana, amigo de los peregrinos, a quienes nunca dudó en dar de comer y beber cuando estos llevaban más hambre y sed que caudales. Una estatua de bronce le recuerda junto a su mesón; con vestimenta de peregrino… Pero el bronce es eso, una aleación metálica. Y Pablo fue un ser mucho más valioso: humano, cordial y hospitalario.
Lo dicho… Villalcázar de Sirga es un pequeño lugar -centenar y medio de habitantes- pero el peregrino ha de parar allí y gozar con la historia y el arte. Sin prisas.
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