Larga es la historia de Cacabelos, población asentada en el mismo corazón del Bierzo, en medio de una amplia zona de gran vitalidad desde los tiempos prehistóricos hasta la Edad Media; famosa por su producción vinícola.

Por Tomás Alvarez

Para los no conocedores de la zona hay que recordar que la denominación de la comarca del Bierzo deriva de Bergidum, el nombre de la población que hace dos milenios era la principal de la comarca y que ahora es sólo un castro de grandes dimensiones, en medio de un paisaje de viñedos y soledades.

Cacabelos y los viñedos

La gran riqueza de Cacabelos es el viñedo. Un monumento recuerda esta característica del lugar. Imagen de grabador José Holguera.

Cacabelos se halla entre las poblaciones de Ponferrada y Villafranca del Bierzo. Es esta una tierra bella, dulce y pródiga en vinos. En el Código Calixtino se advertía que en el territorio de los gallegos no abundaba ni el vino ni el pan de trigo. Por esa fama tal vez los peregrinos se abastecían bien en las tierras bercianas.

Hermann Künig, autor de la primera guía escrita para los peregrinos a Compostela, advierte a los viajeros cuando caminan a Villafranca que no se pasen con la ingestión del alcohol: “bebe el vino con razón porque a más de uno le quema el corazón, que se apaga como una candela”.

La villa tiene unos 4500 habitantes y se halla a la vera del río Cúa, a una cota de unos 500 metros de altitud y prácticamente a 190 kilómetros de Santiago de Compostela; la sede episcopal a la que perteneció desde tiempos lejanos. En 1138 el emperador Alfonso VII de León la donó a la mitra compostelana, de donde retornó al ámbito episcopal de Astorga en el año 1890.

De la administración del oro a la caridad con el peregrinaje

En la antigüedad romana, Bergidum ya era la urbe principal de la zona. Desde allí se administraba el oro de los múltiples yacimientos que explotó Roma, algunos de ellos muy cercanos al lugar.

Tras el hundimiento de Bergidum, creció al lado una nueva nueva población, Cacabelos; aupada por la riqueza agraria, su cualidad de centro comarcal con una gran feria anual, y animada por el trasiego de peregrinos que tuvieron en la villa varios hospitales. La importancia económica del lugar queda patente señalando que Cacabelos contó también con una aljama judía en la Edad Media.

Peregrinos visitando la ermita de san Roque, en Cacabelos. Imagen de grabador José Holguera.

Y una batalla

En la Guerra de la Independencia también hubo una batalla en el entorno de Cacabelos, en la que pelearon ingleses y franceses, lucha en la que perdió la vida el general francés Auguste François-Marie de Colbert-Chabanais. Este militar de brillante trayectoria dirigió un ataque a las tropas inglesas del general Moore en su retirada hacia la Coruña, en el año 1809; pero en el entorno del río Cúa fue alcanzado por una bala del enemigo.

La gran riqueza agraria de la villa es el viñedo, sector con una notable producción en diversas bodegas y una importante cooperativa. Un monumento recuerda esta característica del lugar; una escultura de piedra que muestran a una familia participando en la vendimia.

Monumentos del pasado

En el plano monumental, cabe apuntar la iglesia parroquial, bajo la advocación de Santa Maria. Es originaria del siglo XII, pero sólo conserva de aquella época el sencillo ábside semicircular.

Santuario de la Virgen de la Quinta Angustia. la patrona de la villa de Cacabelos.Imagen de grabador José Holguera. Guiarte.com

El santuario de las Angustias es una edificación religiosa a la que los locales guardan notable cariño, pues está dedicada a la patrona de la villa, la virgen de la Quinta Angustia. Es del siglo XVIII y tiene una armoniosa portada.

De la ermita de san Roque, también en Cacabelos, se dice que fue el lugar donde se hallaba la antigua sinagoga judía. Fue conocida como ermita de la Vera Cruz, pero tras las pestes del final del siglo XVI cambió su primitiva advocación por la de San Roque; el santo a quien se le atribuía la protección contra aquel mal.

Si el viajero tiene interés en profundizar sobre el arte y la historia de la comarca puede tener dos buenas iniciativas. La primera, acercarse al Museo Arqueológico de Cacabelos y visitar el cercano Castro Ventosa. La otra, conocer el monasterio de Santa María de Carracedo, fundado por Bermudo II en el año 990, ubicado a poco más de tres kilómetros.

Monasterio de Carracedo, León

Monasterio de Carracedo. Restos del Palacio Real, transformado en un centro religioso, dedicado a Santa María. Imagen de José Holguera

Un lugar para no apurar el paso

En Cacabelos funciona un buen albergue municipal de peregrinos, junto al santuario de las Angustias. Con buenos servicios, lugares excelentes para tomar unos vinos de la tierra y buena restauración, el caminante no tiene razón para apurar el paso y dejar atrá a esta villa, sino todo lo contrario.

…Y hablando de apurar el paso, me viene a la memoria la estancia del peregrino francés Guillaume Manier por la villa. Este, nos dejó escrito su viaje, realizado en el año 1726 en compañía de otros tres mozalbetes pícaros y aventureros, desde la región francesa de Picardía. Aquel año, los integrantes del grupo si tuvieron que apurar el paso para escapar de la villa.

El relato explica que dos oficiales de infantería españoles sorprendieron a uno de los jóvenes franceses cuando se estaba propasando en sus caricias a las muchachas del lugar y estuvo a punto de ser sableado. Al final los franceses escaparon en dirección a la localidad cercana de Pieros.

No fue esta la única vez que este grupo tuvo problemas en su  marcha por tierras leonesas. En Puente Villarente, también tuvo que escapar precipitadamente por una agresión aún más lamentable a la hospitalera del lugar. El Libro de Guillaume Manier y sus amigos, siempre proclives a la pendencia, nos muestra cómo en el siglo XVIII la peregrinación había entrado en una fase crítica, a veces lamentable.