En los caminos a Compostela hay pequeños lugares que poseen elementos o edificaciones que les hacen merecedores de que el peregrino se detenga especialmente en ellos. Uno es Redecilla del Camino, con su extraordinaria pila bautismal románica.
Por Tomás Alvarez
Redecilla del Camino se halla en la provincia de Burgos. Es la primera población que encuentra el viajero que avanza por el Camino Francés, tras dejar atrás La Rioja.

Detalle de la pila bautismal de Redecilla del Camino. Imagen de grabador José Holguera. Guiarte.com
A la vera de la Sierra de la Demanda
A partir de Grañón, la vía de peregrinación avanza en un ligero ascenso. Es este un paisaje ondulado en el límite norte de las estribaciones de la sierra de la Demanda; paisaje rural, de pequeños pueblos y terrenos arcillosos, propicios para el cultivo del cereal, las patatas o los girasoles. Aún quedan 536 kilómetros hasta Santiago de Compostela.
El lugar no ha parado de perder población en el último siglo. Se mantiene en torno al centenar de habitantes, pero posee activos servicios para la atención al peregrino. El nombre de Redecilla (Radicella) ya aparece en documentos de la alta Edad Media, entre ellos el Código Calixtino.
Hermann Künig también pasó por allí en el final del siglo XV, cuando recorrió las sendas de peregrinación para elaborar su guía. El monje servita alemán lo cita como Radihile.
La atracción monumental es la iglesia dedicada a Nuestra Señora de la Calle, obra del entorno del XVII. En ella se alberga la magnífica pila bautismal, así como una Virgen gótica. El templo, con sencilla torre cuadrada, posee un pórtico artístico con una gran arcada renacentista. En lo alto de la misma, una estatua de la Virgen contempla a los fieles que acuden ante centro religioso.
La extraordinaria pila bautismal de Redecilla del Camino

La bellísima pila bautismal de Redecilla del Camino semeja una ciudad amurallada, defendida por ocho torreones. Imagen de José Holguera
La pila bautismal está apoyada en una columna, con basa; constituida por un cilindro central con ocho semicolumnas que se prolongan en la propia copa semiesférica.
Toda la decoración de la copa es armónica y profusamente trabajada. Refleja una especie de ciudad medieval, seguramente en referencia a la Jerusalén Celestial; tema de origen judaico, muy influyente en la literatura y el arte medieval.
El mito de la Nueva Jerusalén o Jerusalén Celestial nació en los días azaroso del judaísmo, en los que incluso se destruyó el Templo; un tiempo en el que los profetas plantearon la idea utópica de una nueva Jerusalén, libre de la opresión, la destrucción y el miedo; donde triunfaban Dios y su justicia.

Construcción medieval reflejada en el Códice Emilianense, actualmente en la Biblioteca del Monasterio de El Escorial. Imágenes como esta pudieron inspirar al autor anónimo de la pila de Redecilla del Camino.
Un mito extendido en el arte medieval
El mito continuó en el Nuevo Testamento, especialmente por el Libro del Apocalipsis, atribuido a san Juan; obra del final del siglo I donde incluso aparece la descripción física de esa urbe ideal, con su muralla, sus puertas e incluso sus dimensiones.
En los siglos siguientes pervivirá en la cultura cristiana el sueño de esa ciudad ideal, reino de la justicia y el amor. San Agustín la contrapondrá a la ciudad terrenal, que imagina como la Roma pagana donde -frente a lo espiritual- predomina lo material; lo físico; el egoísmo, la violencia y el placer mundano.
Miniaturas y beatos medievales nos muestran esa construcción ideal. Pero además, esa nueva Jerusalén aparece también en el trabajo de piedra, como los diseños arquitectónicos que albergan relieves de sepulcros, capiteles y portadas. Un ejemplo de estas portadas es la de la abadía de Conques, Francia; donde descubrimos a la derecha a los justos gozando de la beatitud de la ciudad ideal, bajo bellas arcadas románicas. Frente a ellos, a la izquierda, el caos y el destino angustioso de los pecadores.

En la portada de Conques, descubrimos a la derecha a los justos gozando de la beatitud de la ciudad ideal, frente al caos y el sufrimiento destinado a los pecadores. Fotografía de Tomás Alvarez. Guiarte.com
Una ciudad ideal, en piedra
La copa del la pila de Redecilla, de 1,1 m. de diámetro semeja una ciudad amurallada, defendida por ocho torreones (semicolumnas circulares). Entre los torreones aparecen otros tantos lienzos de muralla en medio de los cuales figuran matacanes cubiertos con un tejado triangular.
En un tiempo dramático, marcado por el poderío de los ejércitos almorávides que rompieron el predominio de los reyes leoneses sobre gran parte de la Península Ibérica, esa ciudad ideal se imaginó rodeada de torreones defensivos; unas estructuras –torreones y matacanes- muy bien definidas en la pila de Redecilla.
La representación de la ciudad ideal en ese cuenco de piedra donde se vierte el agua del bautismo tendría una lectura para los fieles. Alude al paso –el bautismo– por el que el nuevo cristiano se libera del pecado y se prepara para acceder a la ciudad ideal, la ciudad de Dios.

Vista ideal de Jerusalén y del templo de Salomón, xilografía de la Crónica de Núremberg; año 1493.
* Fuente Commons/Wikimedia/Crónica de Núremberg.
El artista anónimo de esta magistral pieza románica, poseído sin duda por un horror vacui propio de ciertos autores de Beatos y códices medievales, enriquece el diseño con una serie de franjas horizontales: ventanas, óculos y cenefas de diversa factura. Todo lo cual otorga una peculiar imagen de equilibrio y simetría.
El autor de esta obra bien pudo inspirarse en algún códice del cercano monasterio de San Millán, al que estuvo vinculado el lugar de Redecilla; la población castellana en la que se contempla esta la pila bautismal, la más famosa del Camino de Santiago.
[…] El elemento más antiguo del templo es la pila bautismal, de finales del XII o inicios del XIII, con una copa de hermosa decoración floral y fuste helicoidal gallonado. Parece ser que la pieza procede del edificio monacal anterior. Esta es muy similar a la del vecino pueblo de Corporales, y se cree que ambas son obra de un taller de la comarca. Estamos en una tierra de notables pilas bautismales, porque tan sólo a cuatro kilómetros podremos ver la de Redecilla del Camino. […]