Lugo fue una de las poblaciones más importantes del norte de la Hispania romana. Se dice que a partir del siglo I fue sede episcopal y tuvo un estatus de sede Metropolitana en el Reino Suevo. En la actualidad, la catedral de Lugo es templo muy especial; auténtico muestrario de estilos artísticos; desde el románico al neoclásico.
Por Tomás Alvarez
El mítico origen de la sede episcopal de Lugo se une a la propia historia mítica jacobea. Según esta, san Capito, discípulo del propio Santiago el Mayor, fue el primer obispo; encargado por el propio Apóstol de regir la sede episcopal de esta importante ciudad del Imperio Romano.
En el siglo VIII, el obispo Odoario reformó la primitiva iglesia lucense para crear un edificio de gran solidez y armonía; templo que encantó al rey Alfonso II, y su diseño influiría previsiblemente en la construcción de la primitiva catedral ovetense, donde aún pervive obra prerrománica.

Portada de la catedral de Lugo, del final del siglo XVIII; diseñada por Julián Sánchez Bort y ejecutada en gran parte por José Elejalde.
La catedral del Maestro Raimundo
El paso del tiempo, un incendio, y hasta una revuelta nobiliaria causaron destrozos en el magnífico templo de Odoario durante el siglo XI, por lo que a inicios del XII el obispo Pedro III planteó renovarlo. Entonces, el Maestro Raimundo de Monforte llevó a cabo la construcción de una nueva catedral, dedicada a Santa María, siguiendo el estilo románico, ya en boga entonces en Galicia.
Sobre aquella estructura se ha seguido trabajando, de modo que en la actualidad el conjunto catedralicio es un rico compendio de arte, con partes románicas, góticas, renacentistas y neoclásicas. Debido a esa acumulación de estilos, a medida que el espectador rodea al gran edificio se sorprenderá con una alternancia de modelos constructivos que le acabará dejando con cierta sensación de caos.
La planta catedralicia es de cruz latina, con tres naves, crucero y capillas absidales. Es, básicamente, la planta diseñada por el maestro Raimundo, y se cubre con bóveda de cañón, aunque esta es de fechas posteriores.
Desde la Plaza de Santa María
El viajero que llega ante el monumento por la plaza de Santa María contemplará la zona absidal junto a la que emerge la llamada Torre Vieja; esta es de estilo gótico en su primer tramo (siglo XIV) y se remata con dos tramos superiores, más cortos, realizados en el siglo XVI. Uno de ellos es también de planta forma cuadrada y el remate octogonal.
Al lado de la torre contemplamos la zona absidal. El Maestro Raimundo construyó un modelo con tres ábsides semicirculares, diseño similar al de San Isidoro de León. Ya en tiempos del gótico, la cabecera se reformó, creando un deambulatorio con cinco capillas góticas, y remodelando también la capilla Mayor.
Poco más adelante entraremos por la Puerta Norte, donde se conjuga belleza y sencillez. Está formada con tres arquivoltas que descansan sobre sencillas columnas con capiteles y un dintel bilobulado. En el tímpano, un excelente Pantocrátor rematado en su parte inferior por un pinjante, muy original, en el que se representa la última cena.

La magnífica portada septentrional de la catedral de Lugo, con su bello Pantocrator; obra del entorno del año 1170. Imagen de Tomás Alvarez
En el interior de la catedral de Lugo
Una vez dentro del edificio, sorprende de nuevo la heterogeneidad de estilos y temáticas, aún con el predominio del románico. Entre los elementos destacados, los restos del retablo Mayor que realizó Cornelis de Holanda, conocido también como Cornelius o Cornielles de Holanda; artista del siglo XVI, de origen flamenco, que dejó importante obra artística en Galicia, entre ella la espectacular fachada de la basílica de Santa María la Mayor, en Pontevedra.
Este retablo Mayor de la catedral lucense quedó destrozado parcialmente a causa del terremoto de Lisboa (1775) y los principales fragmentos que pudieron salvarse se ubicaron en los extremos del transepto.

Los principales fragmentos de gran retablo de Cornelis de Holanda salvados tras el terremoto de Lisboa se ubicaron en los extremos del transepto. Imagen de Tomás Álvarez
En una capilla de la girola se halla la imagen mariana más destacada del templo, por la secular devoción que recibe. Se trata de la Virgen de los Ojos Grandes, patrona de Lugo. La imagen primitiva de la época del románico fue sustituida hacia el siglo XIV por una nueva con aire gótico.
Una virgen muy «milagrera»
Esta Virgen tuvo fama de “milagrera” desde la antigüedad; fue muy estimada en el siglo XII por los monarcas del reino de León, en especial la emperatriz Urraca.
En el siglo XVIII, Juan de Villafañe S.J., autor de un trabajo sobre las imágenes de la Virgen María en España, escribió de esta: “Tiene los ojos vivos, alegres y grandes, a proporción de su simetría y por admirarse más esta excelencia, y hermosura, es llamada Nuestra Señora de los Ojos Grandes. Mantiene esta Santa Imagen al Niño Dios en su brazo siniestro, a quien ofrece leche de sus purísimos pechos, y el Niño, con notable gracia, como agradeciendo el don, tiene su mano derecha sobre el pecho de su castísima Madre”

La imagen de la Virgen de los Ojos Grandes, en su espectacular retablo-camarín de la catedral de Lugo. Imagen de Tomás Alvarez
Tras contemplarla, el viajero no debe dejar el lugar sin admirar la estructura de la capilla. Es una de las buenas obras de Fernando Casas y Novoa. Pese a su dimensión tiene auténtica grandiosidad y armonía. La edificación es un auténtico espacio triunfal creado para esta Virgen, que «reina» sobre los fieles en en el centro del retablo-camarín barroquizante que la cobija.
La exposición del Santísimo Sacramento
Junto con la popularidad de la Virgen de los Ojos Grandes, la catedral de Lugo también es muy conocida por el privilegio de la exposición permanente del Santísimo Sacramento. La trascendencia de este privilegio se comprueba nada más entrar en el recinto catedralicio al contemplar el tabernáculo de la Capilla Mayor, cuyo elemento central es precisamente la Custodia de la Sagrada Forma.
Al igual que ocurre con la historia de la sede episcopal, el origen del privilegio se hunde en la noche de los tiempos. Tradicionalmente, se dice que se remonta a los días del rey suevo Teodomiro.

La custodia, en el centro de la capilla Mayor de la Catedral de Lugo. Imagen de Jl FilpoC/ Commons.Wikimedia
Merece la pena detenerse ante este ámbito. Estamos ante el “corazón” de la catedral lucense; un espacio cuyo diseño correspondió a Carlos Lemaur, autor de los planos para elevar la Capilla. José Elejalde se encargaría de la realización del lujoso tabernáculo, en tanto José Terán, maestro pintor de la catedral de Astorga, sería el autor de la espectacular decoración de la bóveda, realizada entre 1766 y 1768.
Desde este punto, tornando la mirada hacia atrás, se debe reparar en el excelente coro, que ocupa los tres primeros tramos de la nave central. Es una obra del artista gallego Francisco de Moure, de principios del siglo XVII.
Lo divino… y lo humano
En el conjunto catedralicio, hay que destacar también el excelente claustro, de Casas y Novoa, finalizado en el año 1714, así como la fachada principal, neoclásica, obra de Julián Sánchez Bort; una fachada que nos recuerda también a las de otras catedrales de la época, como las de Pamplona, Jaén y la de San Isidro, antigua catedral de Madrid.
En definitiva, una gran catedral con un excelente muestrario de estilos; un edificio que deja en el espectador una cierta sensación de caos y un perdurable recuerdo divino y humano: divino por la presencia esencial del “santísimo sacramento” y humano por el contrapunto de los «Ojos Grandes» de la «reina» del espacio sacro, que parece mirar al infinito desde su original camarín.

Las torres de la catedral de Lugo emergen sobre el perfil de la muralla romana. Imagen de Guiarte.com
Hermann Künig, en el siglo XV, escribió la primera guía para los peregrinos a Santiago, y en ella recomendó el paso por Lugo. Entonces, alabó la calidad constructiva de esta urbe, en la que detectó magnífica obra de tiempos romanos. Si Künig hubiese pasado en el siglo XXI también hubiera recomendado la visita. Y seguramente, ante la Puerta de Santiago, hubiera gozado con la imagen de las altivas torres catedralicias emergiendo sobre el perfil de esa muralla, Patrimonio Mundial de la UNESCO, con casi dos milenios de historia.
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