En la gran literatura nos encontramos una y otra vez con referencias a la hospitalidad y al peregrinaje. En algunos casos, como en la novela del Quijote, detectamos además el trato especial hacia los peregrinos.
Por Tomás Álvarez
Las civilizaciones antiguas loaron una y otra vez el valor de la hospitalidad. En ellas late una ética social orientada a practicar la acogida en aras a la consecución de una sociedad más feliz y armoniosa. Esa acogida favorable al viajero se considera, incluso, como un mandato de la divinidad.
En la cultura clásica griega, Zeus –el primero de los dioses- era el protector de viajeros. Este, incluso, se disfrazaba de peregrino para comprobar cómo se cumplía con tal mandato ético. La Odisea es una obra maestra en la materia. En ella vemos personajes como Nausica, la hija del mandatario de los Feacios, quien tras descubrir a un náufrago en la isla (Ulises), ordena a sus siervas que le atiendan en lo que necesite “pues todos los huéspedes y suplicantes proceden de Zeus”.

Don Quijote y Sancho entran en la casa del Caballero del Verde Gabán. Gustavo Doré. Biblioteca Nacional de Francia.
Don Quijote y la hospitalidad hispana
En la novela del Quijote descubriremos esa misma virtud en la sociedad española, especialmente en las capas más humildes. El propio viaje del héroe manchego es un relato que no podría explicarse sin tener en cuenta el valor de la hospitalidad y su práctica por los caminos de España.
Tanta era su visión de la hospitalidad como lógica de la existencia humana que Don Quijote se negaba a pagar en las ventas, al estimar que allí estaba acogido a la hospitalidad del señor del castillo.
En general, en todo el ámbito rural descrito por Cervantes se observa la generosidad con el viajero. Sobran las citas. Desde la criada Maritornes a los enamorados Basilio y Quiteria, o el hacendado del Verde Gabán. Pero también se detecta en la gran novela de Cervantes que la acogida varía en función de las clases sociales.

La compasiva Maritornes ofrece vino a Sancho tras el manteo. Ilustración del pintor Sendo para el libro Cosas de la Bucólica, de Tomás Alvarez.
Los protagonistas
La primera visión, la de los protagonistas, es ideal; amparada en las filosofías clásicas y cristiana que veían el ejercicio de la hospitalidad la respuesta a una exigencia moral. Ese posicionamiento se detecta también, claramente, en el comportamiento de las capas más humildes.
Resulta paradigmática la acogida de los cabreros al hidalgo y su escudero; igual que la generosidad con la que atendió Sancho a los peregrinos alemanes con los que se encontró cuando dejó atrás la Ínsula.
En la novela cervantina se afirma que en aquella ocasión el escudero, muy caritativo, “sacó de sus alforjas medio pan y medio queso, de que venía proveído, y dióselo, diciéndoles por señas que no tenía otra cosa que darles. Y ellos lo recibieron de muy buena gana.”
Con los peregrinos
Otro capítulo llamativo en esta materia es aquel en el que los hombres de Roque Guinar capturaron a una comitiva en la que iban militares, personas de diverso rango, junto a dos peregrinos.
El célebre bandido optó por hacer una requisa proporcional al poderío económico de los viajeros. Y en una decisión «salomónica», anunció que a los peregrinos no sólo no se les quitaría moneda alguna sino que recibirían parte de lo recabado por los asaltantes.
Sin embargo, en la novela no quedarán salvados de críticas los propios peregrinos, porque el ella se describen sus mañas para viajar como fieles, cuando en realidad acuden a la Península Ibérica a hacer su propia recaudación, para retornatr con ella a los lugares de origen al final de la campaña viajera.

Hasta en la literatura aparece tambien la peregrinación como aventura pícara. En la imagen una escena referida al Quijote. Peregrinos alemanes comen alegremente con Sancho. Grabado del siglo XVIII, del pintor José Camarón.
La picaresca y el peregrinaje
Estamos ya en los días de la novela picaresca, y la picaresca no sólo se halla en las páginas de la literatura del Siglo de Oro, sino en los caminos de peregrinación.
“Juntéme con estos peregrinos, que tienen por costumbre de venir a España muchos dellos cada año a visitar los santuarios della, que los tienen por sus Indias, y por certísima granjería y conocida ganancia: ándanla casi toda, y no hay pueblo ninguno de donde no salgan comidos y bebidos, como suele decirse, y con un real, por lo menos, en dinero”, explica uno de los viajeros alemanes que en realidad es un morisco (Ricote) que retorna a España, para llevarse unos caudales..
Finalmente, cabe hacer una última consideración relativa a los niveles del sentimiento hospitalario. Mientras los más humildes –cabreros o campesinos- son sumamente generosos, los más encumbrados muestran un corazón más duro.
La acogida de los duques
Un ejemplo destacado es el de los duques que utilizan al hidalgo y su escudero para reírse de la locura idealista de don Quijote y la simpleza aparente de Sancho. El vuelo en el caballo de madera, Clavileño, es en realidad una broma pesada y peligrosa, en la que se introduce incluso la pólvora en el interior de Clavileño, para burlarse de los viajeros.

Frente a la sencilla acogida de la gente más humilde, la burla de los más poderosos. El fin de la aventura de Clavileño, que explota con don Quijote y Sancho. Daniel Chodowiecki/Daniel Berger. Hispanic Society of America / exposición Imágenes del Quijote.
En el viaje de don Quijote y Sancho por la España del siglo XVI, Miguel de Cervantes nos revela el trato humano y acogedor de las clases populares; un trato que se certificó en la mayoría de las crónicas de los viajeros extranjeros.
En la generalidad de los relatos, la generosidad hispana se califica de modélica. Los ejemplos del largo recorrido del viajero italiano Nicola Albani nos lo muestran con una pasmosa nitidez. Incluso, en la comparación con otros países, el comportamiento hispano queda alto; salvo casos aisladísimos, como el del alemán Arnold von Harff.
Desde el Vont san Jacob a Nicola Albani
Desde la Edad Media esa generosidad de los españoles era famosa. Así en el Von sant Jacob, cántico germánico medieval, se manifestaba:
…”Seguimos por la tierra de Saboya,
no nos ofrecen ni vino ni pan,
nuestras esportillas están vacías,
y si un hermano a otro se dirige,
le despiden con una mala historia.
Mas cuando llegamos a Santo Espíritu (Pont Saint Esprit)
nos regalan con pan y vino bueno
y vivimos en puro regocijo;
el Languedoc y la tierra de España
todos los hermanos (peregrinos) encarecemos”.
Deja tu comentario