La Revista Peregrino, editada por la Federación Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, publica en su número doble del Verano de 2026 (225-226), la tercera entrega del trabajo de Tomás Alvarez, titulado Hospitalidad: una historia milenaria; entrega que se reproduce con autorización de dicha publicación.

Un tiempo nuevo

En el siglo XIX el brillo del peregrinaje había desaparecido prácticamente y Compostela había caído en una monotonía provinciana, salvada en parte por sus piedras cargadas de historia, una rica clerecía y una animada vida estudiantil. El Camino era un lejano espejismo del pasado.

Ese siglo ya no fue de las peregrinaciones, sino de los viajeros románticos que acudieron a España en busca de exotismo desde Inglaterra, Francia o Estados Unidos; escritores, pintores y burgueses en busca del la singullaridad de gentes, paisajes y mitos. Pero en el final de esa centuria, tras siglos de decadencia, el panorama del peregrinaje a Santiago de Compostela dio señales de renovación.

Don Miguel Paya y Rico, el arzobispo de Compostela y cardenal primado, clave de la recuperación del prestigio santiagueño en el final del siglo XIX. Pintura de Bernardo López. Universidad de Valencia.

Un paso fundamental para la recuperación del prestigio de Compostela y de la peregrinación fue el descubrimiento de las reliquias escondidas en el siglo XVI y de las que se había perdido todo rastro. El arzobispo Miguel Payá y Rico (1811-1891) sería el personaje clave. Alicantino, formado en Valencia, fue un religioso de acusada personalidad que llegaría a ser primado de España. Persona decidida, se percató a su llegada a Galicia (1875) que mal podría Compostela recobrar su atractivo si lo que antaño era su elemento central de interés –el cuerpo del Apóstol– no estaba en ella.

Era aquella una época de renovación en la Iglesia católica; renovación que se desarrolla en doble sentido: puesta al día y recuperación de esencias del pasado. En el año de 1870 se había celebrado el concilio Vaticano I, convocado por Pio IX; en 1878 había sido elegido papa León XII, quien mantuvo una activa política en defensa de los intereses católicos. Tras él, León XIII empezó a tender puentes con otras Iglesias, y a posicionarse en los temas sociales, acercándose a la defensa de los intereses obreros.

También fue un periodo de esfuerzo por recuperar el fervor del pasado; movimiento de raíz romántica que se tradujo en ámbitos como el arte (estilos historicistas) o las tradiciones. En Santiago, el arzobispo, ya cardenal, inició la búsqueda de las reliquias en la propia catedral. El 29 de enero de 1879 se localizaron bajo el pavimento del ábside. Algo más tarde la bula de León XIII «Deus Omnipotens» daría por buenos los restos hallados.

La revolución de la movilidad

La noticia sirvió para que las peregrinaciones ganaran en atractivo. Coincidía con un tiempo en el que la sociedad cobraba una nueva movilidad con la implantación del ferrocarril y los primeros pasos de la automoción… Todo ello eclosionaría en la segunda mitad del siglo XX, con el apoyo de iniciativas tanto en España como en el exterior.

Personajes estadounidenses famosos como la escritora Edith Wharton o la actriz Shirley MacLaine, difundieron el interés por el mundo santiagueño en el siglo XX. En la imagen, retrato de la escritora, que peregrinó a Santiago en dos ocasiones, en el inicio del siglo XX. Cabinet photograph. Courtesy of the Beinecke Rare Book & Manuscript Library, Yale University.

En España destacó el empeño de Manuel Fraga, ministro de Turismo durante el franquismo; empeñado en aprovechar el atractivo del Camino de Santiago como elemento vivificador de la actividad turística. Este mismo dirigente viviría sus últimos años en la propia Galicia, donde fue presidente del gobierno autónomo. Allí continuó sus esfuerzos por potenciar lo relativo a la peregrinación.

Aquellos apoyos coincidieron con refrendos europeos e internacionales. Así, en 1987 el Camino recibió por parte del Consejo de Europa la declaración como “Primer Itinerario Cultural Europeo”. En 1993, sería declarado “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO.

Nueva edad dorada para la hospitalidad

Revivir el Camino no hubiera sido posible si en la sociedad hispana no hubiera pervivido un espíritu milenario de hospitalidad. Unos, facilitando la señalización de rutas seguras, otros desbrozando las sendas y muchos apoyando la acogida al viajero.

Fue un esfuerzo histórico. A medida que crecía el flujo de caminantes se adecuaban los caminos, se fortalecía la red de albergues, se efectuaban obras de conservación patrimonial en las ciudades y pueblos del trayecto milenario… Y llegaron las visitas de dignatarios papales, y hasta proliferó la noticia del Camino en libros de autores famosos, como la coreana Kim Nam Hee o el brasileño Paulo Coelho.  …Y se hicieron conocidas películas, como The Way, que han impulsado la peregrinación de gentes de todo el orbe.

Esa recuperación impulsada por las instancias oficiales, no hubiera tenido éxito si no hubiese coincidido con una manifestación de hospitalidad de los habitantes de la vieja senda de peregrinación. A veces fueron párrocos, como Jose Ignacio Díaz  o Elías Valiña los que hicieron una labor memorable; pero también hubo personajes altruistas de toda condición, quienes incluso abandonaron su actividad profesional para centrarse en la atención al peregrino.

Visit Spain. Obra del pintor gallego Carlos Sobrino Buhigas. Patronato Nacional del Turismo. Talleres Voluntad 1929. Centro de Documentación Turística de España. Exposición Carteles para un Camino. 100 años de ilustración jacobea.

Los Años Ochenta

En los años ochenta, Elias Valiña efectuó la valiosa tarea de señalización del Camino y se empezó a ver un flujo creciente de caminantes por el territorio, aunque resultaba evidente la falta de establecimientos de apoyo al viajero, sobre todo en los ámbitos rurales. El déficit se cubría a veces con la caridad de los lugareños, algunos centros o casas parroquiales e incluso permitiendo a los peregrinos el uso de los pórticos de las iglesias, a falta de otro espacio donde pudieran estar a cubierto de las inclemencias climatológicas

En esa situación empezaron a surgir valiosas iniciativas como la del sacerdote José María Alonso Marroquín, quien adecuó en los años ochenta el monasterio de San Juan de Ortega como albergue parroquial. Allí, los viajeros que cruzaban los Montes de Oca recibían alojamiento y unas reparadoras sopas de ajo. También en el final de esa década la Confraternity of Saint James, londinense, se encargó de rehabilitar la casa parroquial de Rabanal del Camino para destinarla a albergue de peregrinos.

Simultáneamente se conocieron acciones de personas hospitalarias como Jesus Jato, de Villafranca del Bierzo, acostumbrado desde niño a ver caminantes en su casa y que acabó creando un albergue muy conocido al lado de la Iglesia de Santiago; o como Maribel Roncal que empezó acogiendo peregrinos en su casa de Zizur Menor, Navarra, y acabaría creando otro de los primeros albergues de renacido Camino de Santiago. Poco a poco, siguieron incorporándose nuevos entusiastas a la senda, como  lo hizo el “templario” Tomás Martínez en el despoblado de Manjarín.

The Way. Cartel de una película emotiva en la que late el amor al Camino de Santiago y que atrajo muchos viajeros de países angloparlantes.

El congreso de Jaca

Desde la Federación de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago llegó en 1987 un impulso trascendental, en el congreso celebrado en Jaca. Allí se tomó una decisión clave: la de comprometer a las propias asociaciones santiagueñas en la puesta en marcha de centros de acogida.

En el encuentro de Jaca se habló de la oportunidad de aprovechar antiguas edificaciones en desuso para adecuarlas como albergues, con dotaciones austeras, e intentar que los centros se autofinanciasen con las aportaciones voluntarias de los peregrinos. También fue en Jaca donde se acordó la creación de la credencial del peregrino.

Hubo en este congreso una persona de importancia excepcional, sensibilizada por el tema de la atención al peregrino. Se trataba de Jose Ignacio Díaz, párroco de Hervías, lugar a tan sólo cuatro kilómetros de Santo Domingo de la Calzada, quien ya acogía ocasionalmente a  los peregrinos en su casa parroquial. El sería el impulsor de una organización emblemática, Hospitaleros Voluntarios, de la revista Peregrino, y participaría activamente en la creación de nuevos albergues, con la ayuda de voluntarios de todo tipo, desde peregrinos que se quedaban unos días para colaborar en la obra a gentes comprometidas de otros lugares que acudían los fines de semana para dedicarlos a esta tarea.

El valor icónico de la flecha amarilla como símbolo del Camino a Compostela arrancó de una genialidad de Elias Valiña. Una flecha de flores amarillas nos lo recuerda, en la iglesia de El Cebreiro. Imagen de Tomás Alvarez.

La definición precisa del modelo de acogida llegaría de la mano de una peregrina catalana, Lourdes Lluch, quien recorrió la senda  santiagueña por primera vez en 1986 y que decidió ayudar a otras personas para que estas pudieran realizar una experiencia peregrina como la suya.

Durante el verano de 1990 Lourdes alquiló una casa en Hornillos del Camino, Burgos, para acoger a los peregrinos. No estableció cuota alguna. El peregrino dejaba un donativo voluntariamente. Fue un modelo que tendría gran proyección futura y que ella explicó personalmente en el Congreso Internacional de Asociaciones Jacobeas de Estella, en 1990. Lourdes Lluch, actualmente residente y hospitalera en Frómista, es considerada como la primera “hospitalera voluntaria”

Hospitaleros Voluntarios

La ejecutoria de Hospitaleros Voluntarios es excepcional, con un trabajo que se remonta al año 1990 y en el que han participado más de 10.000 personas procedentes de todos los continentes.

Los participantes, que llegan en algunos casos hasta de remotos países, reciben una breve formación como hospitaleros antes de acceder al trabajo de atención directa a los peregrinos en los albergues, durante las 24 horas del día, de lunes a domingo.

La inmensa mayoría de los hospitaleros voluntarios han sido peregrinos sensibilizados por la labor altruista que han visto en su marcha y que luego toman la decisión de dedicar parte de sus vacaciones para atender a su vez a los viajeros que caminan a Compostela. Intervienen en turnos quincenales. En el año 2025 estuvieron en los albergues de Santa Cilia, Arrés, Zabaldika, Pamplona, Estella, Viana, Logroño, Grañón, Bercianos del Real Camino, El Burgo Ranero, Calzadilla de los Hermanillos, Calzada de Coto, La Virgen del Camino, Villadangos del Páramo, Ponferrada, Cacabelos, Castilblanco de los Arroyos, Alcuéscar, Puerto Béjar, Salamanca, Zamora, Puente Duero, Medina de Rioseco, Alfaro y Alcanadre. Algunos de ellos abiertos durante todo el año; otros durante una temporada más reducida.

Ángel González Pieras, director general de Turismo de la Junta de Castilla y León y Comisario de los Caminos de Santiago en la Comunidad, entrega la Terracota del Premio Hermann Künig de la Hospitalidad 2025 a Manuel Oliva, coordinador de Hospitaleros Voluntarios, a su lado, Tomás Alvarez, titular de la Asociación de Amigos del Camino de Künig. Fotografía de Santos Botas

La organización de hospitaleros voluntarios está integrada en la Federación de Asociaciones del Camino de Santiago, y desde el inicio de la misma han estado al frente del colectivo el ya citado José Ignacio Díaz, Francisco Sánchez, Ana I. Barreda y Manuel Oliva.

Un valor emblemático en un mundo complejo

En el mundo actual, podemos hablar de una crisis de la hospitalidad que corre pareja a una gran crisis de valores. Los principios éticos se erosionan en un mundo superpoblado y sometido un proceso acelerado de cambio social, económico y técnico, capaz de sumir en el desconcierto a buena parte de los habitantes del planeta.

El objetivo del capitalismo es la búsqueda y maximización del beneficio, y ello empuja al comportamiento de los seres humanos, de las sociedades y de los propios países hacia una feroz competitividad en la que se dejan a un lado otros objetivos como puede ser la propia convivencia armónica de individuos y sociedades.

En este ambiente, condicionado por el desmedido afán por el beneficio, el poder y la riqueza, se está produciendo una rarificación de la convivencia que se observa tanto en lo local como en lo internacional. En el plazo más cercano se detecta el crecimiento de la intolerancia, la xenofobia y la aporofobia, en el plano mundial descubrimos la reiterada violación de los derechos de los pueblos, y la apropiación de su recursos.

Uno de los peligros de la peregrinación radica en esa ética economicista que está cambiando los valores de nuestra sociedad. Otro, la influencia del sector turístico, modificando incluso la percepción del propio peregrinaje. Y finalmente, el control del ámbito de la peregrinación por la autoridad política y la asimilación de esta -la peregrinación- a una actividad turística como cualquier otra, capaz de trocar al Camino de Santiago en algo así como un parque temático turístico.

Perergino ante fachada barroca de la catedral de Astorga

Una peregrina admira en Astorga una de las mejores fachadas catedralicias barrocas que hallará en el Camino de Santiago. Imagen de Beatriz Alvarez

Y el Turismo

Desde la segunda mitad del siglo XX, el turismo cobró inusitada fuerza, al amparo de una sociedad de consumo de masas en la que aumentaron los niveles de renta y se institucionalizaron los derechos vacacionales del trabajador, así como una edad de jubilación relativamente temprana para permitir años de ocio a los mayores.

El auge del turismo es universal. Los datos oficiales lo atestiguan. En 1950 se calcula que el turismo internacional movilizó 25 millones de viajeros…, en 2017 la cifra fue de 1700 millones de viajeros, según datos de la Organización Mundial del Turismo.

Es evidente que en la actualidad las motivaciones para el viaje al templo del Apóstol difieren totalmente de las medievales, pero sigue existiendo una diferencia entre el turista y el peregrino. Se identifica como turista a la persona que acude voluntariamente y con fines de ocio a un lugar fuera de su residencia habitual, donde pernocta. Se trata –generalmente– de un viaje de placer. En tanto que el peregrino realiza viaje de esfuerzo para acceder a algún lugar caracterizado por la sacralidad. En su marcha siempre hay esfuerzo y búsqueda y también un objetivo de mejora o renovación. El objetivo del turismo es simplemente el disfrute del tiempo de ocio; el de la peregrinación busca un propósito espiritual y de renovación.

Luis Gutiérrez Perrino, peregrino, hospitalero, ex presidente de la Federación de Asociaciones del Camino de Santiago, publicó hace un año un libro con una selección de poemas que los peregrinos, dejaron en los libros de firmas de los albergues existentes entre León y Sahagún. Y en estos versos se detectan las pulsiones del peregrino hacia lo sacro.

Peregrinando por Burgos, una ciudad famosa desde la Edad Media por la hospitalidad. Imagen de Miguel Moreno

No habría Camino, sin hospitalidad

Personalmente, creo que hoy podemos entender como sacro algo más que una catedral o la tumba de un santo. Lo sacro para el peregrino es también el amor, la naturaleza, la vida y la esperanza. Lo sacro es un anhelo que porta el viajero anónimo; un anhelo infinito en el que late la tensión del alma que aspira al gozo de la naturaleza y a la plenitud de existencia.

Los versos de los peregrinos nos muestran que en ellos hay algo mucho más intenso que el disfrute placentero del ocio. Lo mismo se puede decir del Hospitalero que dedica altruistamente parte de su vida a atender a estos seres que buscan por los caminos la esperanza, al amor o al propio dios.

Y el Camino de Santiago seguirá teniendo sentido mientras perviva en él la hospitalidad; la que ya nos mostraron Nausica y Eumeo en las páginas de la literatura homérica.

Entrega I de Hospitalidad. Una historia milenaria.

Entrega II de Hospitalidad: Una historia milenaria.