La poderosa iglesia de Santa María de la Asunción emerge sobre los tejados de Navarrete, con un porte catedralicio, anunciando la importancia histórica de esta villa, en la que perviven restos de murallas y de un histórico hospital medieval de peregrinos.
Por Tomás Alvarez
La población también tuvo antaño un castillo que dominaba el cerro en torno al cual se encuentra la trama urbana; fortaleza desaparecida con el paso de los siglos.

El cementerio de Navarrete tiene una calidad artística especial. Sus piedras son los restos de un hospital de peregrinos del siglo XIII. Imagen del grabador José Holguera
Una población fortificada
En realidad Navarrete fue un lugar impulsado en la Edad Media por su carácter estratégico. Era un territorio fronterizo con el reino de Navarra, y por ello fue fortificado, al igual que Logroño y Nájera. Ese carácter de tierra de frontera se perdió a partir del inicio del siglo XVI, tras la anexión de Navarra a la Corona hispana, con lo que la estructura defensiva dejó de tener interés alguno.
Pero el interés de Navarrete no sólo era militar, sino jacobeo. Al peregrino que viene de Logroño –ciudad ubicada diez kilómetro al este- le sorprenderá hallar antes de la entrada de la villa unas ruinas cuidadosamente conservadas. Corresponden al viejo hospital de San Juan de Acre, fundado en el siglo XII por la orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén.
La desaparición de la Orden y las consiguientes desamortizaciones llevaron al centro hospitalario a la ruina, máxime al hallarse fuera del casco urbano. De la ruina total se salvaron algunos elementos que el peregrino hallará unos dos kilómetros más adelante, en el cementerio, en la salida hacia Nájera.
Arte y peregrinación
La cerca de dicho cementerio tiene una calidad especial, al estar construida con las nobles piedras medievales del Hospital. Destaca la notabilísima puerta, ligeramente apuntada y con sus dovelas geometrizantes; coronada por un sencillo rosetón. Una bella muestra de un gótico de transición, del siglo XIII.

Peregrinos en el interior del excelente templo parroquial de Navarrete. Imagen de José Holguera.
El templo parroquial es obra de los siglos XVI y XVII; de excelente piedra, con tres naves y un extraordinario altar Mayor barroco. La mole del edificio, con su esbelto campanario, se realza en medio del casco urbano al ubicarse en la ladera del cerro. El interior posee también una serie importante de imágenes y una pintura especialmente valiosa: el tríptico de la Asunción de la Virgen, del pintor flamenco Ambrosius Benson, en cuya tabla central se representa la glorificación de la Virgen María.
El plano de Navarrete se desarrolla con calles paralelas y un recorrido semicircular, al rodear por la parte sur el cerro sobre el que se asentó antaño el castillo. En este espacio perviven buenos edificios, algunos con varios siglos de existencia, y con elementos heráldicos.
Navarrete en las crónicas de los viajeros a Santiago
La importancia histórica del lugar hace que sean diversas las citas de la villa en la literatura odepórica santiagueña. La crónica de Arnold von Harff nos confirma que aún pudo ver el castillo, pues dice que desde Logroño avanzó a Nauaret (Navarrete) “una pequeña villa con una fortaleza sobre una montaña”.
Por esa misma época –final del siglo XV- pasó por allí Hermann Künig, el monje servita de Vacha, autor de la primera guía escrita para el peregrino. Este denominó a la villa como Nazareto. Künig debió hacer el recorrido sin prisa, porque después de visitar Navarrete parece haber visto, en una montaña cercana, una cueva que le impresionó. Alguna vez he consultado que tipo de cueva podría tratarse, y a falta respuesta, pienso que tal vez podría tratarse de la excelente nevera de Daroca.

Tríptico de la Asunción de la Virgen, del pintor flamenco Ambrosius Benson, del siglo XVI, en la iglesia parroquial de Navarrete, La Rioja.
* Fuente Commons/Wikimedia
…Y dos grandes peregrinos italianos
Ya en 1670, nos citará también su paso por Navarrete el clérigo de Bolonia Domenico Laffi, quien viajó acompañado de su amigo el pintor Codici. Ambos compraron allí alimento que más adelante tomaron gozosamente a la sombra de un olivo solitario.
En la crónica de Laffi este afirma, a su paso por Logroño, que en España no se da de comer en los hospitales, por eso él y su amigo van comprando viandas por el Camino. En Santo Domingo empezarán a comprobar que en España hay hospitales y conventos que también dan de comer. Así ocurrió en el convento de San Francisco, donde además de alimentarles les entregaron pan y peces, e incluso al pintor le obsequiaron con una pata salada de cerdo.
Otra de las citas del siglo siguiente es la del carmelita italiano Giacomo Antonio Naia, quien pasó por allí en 1717 y se alojó en el Hospital de San Juan. Previamente había acudido al convento de los franciscanos pero estos no pudieron alojarle porque aquel día tenían lleno el establecimiento por la visita del Provincial de la orden. Al día siguiente, 14 de diciembre, festividad de san Juan de la Cruz, Naia dijo misa en la iglesia de Santa María, y luego almorzó con los franciscanos “Una buena colación”, escribió.
El desarrollo de la Rioja y la proximidad de Logroño han hecho que el lugar goce actualmente de cierto crecimiento, alcanzando los tres mil habitantes. Navarrete tiene fama de ser el último centro de la alfarería riojana; una actividad tradicional que viene de tiempos romanos, cuando ya se hacía por la zona buena cerámica sigillata. Muy cerca de la iglesia, el viajero podrá contemplar un monumento al alfarero.
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