Para el viajero que camina hacia la tumba del Apóstol por el Camino Francés, Grañón es la última población de La Rioja; un tranquilo lugar ubicado a siete kilómetros al oeste de Santo Domingo de la Calzada. Quedan quinientos cuarenta hasta la meta de Santiago de Compostela.
Por Tomás Álvarez
Grañón conserva su red de calles del medievo, con buenas edificaciones de piedra y alguna de entramado de madera. Una magnífica iglesia, dedicada a san Juan Bautista, preside el conjunto urbano; conjunto que se aglutina a lo largo de cuatro calles que discurren paralelas a la senda de la peregrinación.

La torre de la iglesia de Grañón, dedicada a san Juan Bautista, preside el perfil del conjunto urbano. Imagen de grabador José Holguera
En el lugar habitan unas doscientas personas. Sólo es la quinta parte del censo que tenía la villa hace cien años. Afortunadamente, mantiene cierta actividad de turismo rural y jacobeo, que puede permitir un futuro sostenible, junto con la actividad tradicional, agrícola y ganadera.
Grañón y el paso de los peregrinos
Alfonso III, el monarca que trasladó su sede regia de Asturias a León, desarrolló una gran labor de repoblación y afianzamiento del territorio cristiano, y en su reinado se construyó una fortaleza en el cerro cercano a la villa desde donde se domina el entorno de esta parte de La Rioja. Luego, con el paso de los siglos, el castillo se abandonó cuando la comarca dejó de ser tierra de frontera.
Grañón pasó a ser un punto importante del Camino de Santiago en el siglo XI, cuando santo Domingo de la Calzada, con el apoyo del monarca Alfonso VI de León, construyó el puente sobre el cercano río Oja y definió el trazado de la senda jacobea en la zona, llevándolo por Grañón.
En la población hubo varios monasterios, el principal dedicado a San Juan Bautista. También mantuvo un hospital de peregrinos hasta el siglo XIX.
Un buen templo de época renacentista
El templo parroquial fue construido en el siglo XVI, en el mismo lugar donde se hallaba el monasterio de San Juan Bautista. Alberga un excelente retablo renacentista, dedicado a los Santos Juanes, en el que se observa la influencia del de la catedral de Santo Domingo de la Calzada. Curiosamente, algunos de sus maestros trabajaron en el calceatense al lado de Damià Forment.
El elemento más antiguo del templo es la pila bautismal, de finales del XII o inicios del XIII, con una copa de hermosa decoración floral y fuste helicoidal gallonado. Parece ser que la pieza procede del edificio monacal anterior. Esta es muy similar a la del vecino pueblo de Corporales, y se cree que ambas son obra de un taller de la comarca. Estamos en una tierra de notables pilas bautismales, porque tan sólo a cuatro kilómetros podremos ver la de Redecilla del Camino.
En el exterior del templo, de excelentes sillares, destacan la puerta gótica que da a la plaza del Hórreo y la sólida torre, de dos tramos y con excelente trabajo de piedra.

La magnífica torre de la iglesia parroquial de Grañón, de excelente calidad. Imagen de grabador José Holguera.
En Grañón perviven también sendas ermitas, una de ellas la de Nuestra Señora del Carrasquedo, en un entorno forestal muy agradable.
Las referencias de Grañón siempre aluden también a la cruz de los Valientes, que rememora un antiguo enfrentamiento de la gente del lugar con la de Santo Domingo de la Calzada, por la posesión de unos campos.
La huella de Jose Ignacio Díaz
Pero la más importante de las referencias debiera dedicarse al que fue párroco de Grañón Jose Ignacio Díaz (1954 -2023); un personaje clave de la ruta santiagueña en el siglo XX, impulsor de la hospitalidad tradicional jacobea, los albergues, los hospitaleros y de la revista Peregrino.
José Ignacio Díaz, antes de llegar a Grañón ya fue cura del cercano lugar de Hervías, lugar cercano a Santo Domingo de la Calzada, y puso enorme interés por atender las necesidades del peregrinaje desde los años ochenta del pasado siglo, cuando el flujo santiagueño empezaba a crecer.
En el Congreso de la Federación de Asociaciones del Camino de Santiago celebrado en Jaca, en 1987, trabajó para que las asociaciones se implicaran directamente en la puesta en marcha de albergues de peregrinos con apoyo del voluntariado. Él mismo se ocuparía de crear el de Grañón, que se puso en marcha con aportaciones de la asociación de Guipúzcoa, con las suyas propias y el trabajo de voluntarios durante muchos fines de semana de los años 1996 y 1997. Tras este siguió impulsando otros más.
Albergues y hospitalidad
Los albergues se apoyaron también con la puesta en marcha del equipo de Hospitaleros Voluntarios, gentes que gratuitamente prestaban -y prestan- labores de hospitalidad. Jose Ignacio Díaz sería precisamente el primer coordinador de la Organización; una organización que aglutina a voluntarios de todos los continentes y que ha merecido el Premio Hermann Künig de la Hospitalidad en el año 2025.

Las botas y los bastones del albergue de Grañón descansan. Mañana será otro día. Imagen de grabador José Holguera
Aparte del albergue parroquial, que sigue funcionando al lado de la iglesia parroquial, Grañón tiene otros establecimientos de acogida, con lo que es un lugar concurrido por el peregrinaje.
Como población de la senda jacobea, algunas de las crónicas odepóricas santiagueñas hablan de ella. En el caso de la del carmelita italiano Giacomo Antonio Naia, se precisa que entre Santo Domingo de la Calzada y Grañón le sorprendió la nieve. Era finales de diciembre de 1717. El fraile no pudo continuar el viaje, por lo que se acogió al hospital, donde encontró un buen fuego para secarse. No sólo eso, sino que a la mañana siguiente dijo misa en el templo local y le pagaron por ello con un real de plata.
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