Las palabras peregrinación y hospitalidad integran un binomio fundamental en el Camino de Santiago. El próximo 30 de mayo finalizará el plazo de presentación de candidaturas para elegir a las personas o instituciones merecedoras del Premio Hermann Künig a la Hospitalidad; distinción cuyo objetivo es el de realzar y reforzar ese valor esencial en el mundo del peregrinaje.
Por Tomás Álvarez
Si algún día desapareciera el sentido de hospitalidad en el Camino, el peregrinaje habría perdido su esencia; se habría convertido en un recorrido para excursionistas y el Camino de Santiago en un parque temático.

Hospitalidad y peregrinación: una dama elegantemente vestida atiende a un caminante vestido de peregrino santiagueño que le muestra un escrito. Ilustración del siglo XV, del Códice Manesse/ Heidelberg, Universitätsbibliothek Heidelberg.
Por ello, la Asociación de Amigos del Camino de Künig ha creado este año 2025 un premio anual, con un jurado en el que se integran destacadas personalidades de la Cultura y del mundo de la Peregrinación, cuyo objetivo es potenciar la hospitalidad en una sociedad cada vez más economicista.
Un valor esencial de nuestra cultura
En la cultura clásica siempre hallaremos el sentido de la hospitalidad. Ya en la literatura homérica descubrimos que esta virtud es esencial. En la Odisea resulta particularmente visible; tanto en el viaje de Telémaco como en el de Ulises. La descubrimos en el viaje de Telémaco, el hijo del héroe; acogido por Néstor en Pilos y también por Menelao en Esparta. La vemos, asimismo, en Ulises; acogido por el rey Alcínoo en la isla de los feacios y por el porquero, Eumeo en la propia isla de Ítaca.
Descubrimos una hospitalidad profunda. El huésped que recibe al recién llegado es realmente una persona abierta que respeta y honra al extraño. Le acoge en su casa; se interesa por su viaje, por su historia; le invita a la mesa junto a otros comensales, familiares o amigos.
En la antigua Grecia vemos cómo el viajero es recibido y honrado en la casa del anfitrión, en un encuentro que cristaliza en una especie pacto o alianza que va más allá de la fría relación individual para trocarse en un sentimiento mutuo casi familiar.

En medio del paisaje pirenaico, unas humildes ruinas cargadas de historia: los restos del famoso hospital de Santa Cristina. Fotografía de Tomás Alvarez
Una entrega fraternal y trascendente
En la cultura clásica, la acción hospitalaria incluye más que la comida y el lecho para reposar del cansancio. A veces incluye el ofrecimiento de dones, vestidos y escolta. La propia hospitalidad está refrendada por los dioses. Zeus, el más poderoso de ellos, se identifica como Zeus Hospitalario, protector de extranjeros y suplicantes e incluso vengador de estos cuando se les maltrata o injuria.
Y no es una solidaridad clasista. La vemos en los palacios y en las cabañas de los más humildes: En la Odisea, por ejemplo, nos asombramos ante la magnanimidad del porquero Eumeo cuando recibe a un desconocido andrajoso, al que alimenta y consuela, aun cuando no sabía que el recién llegado era su propio señor, Ulises, de regreso a Ítaca.
La calidad en la recepción del viajero trasciende la literatura de Grecia y Roma y se enraíza en nuestra cultura. En obras como El Quijote vemos reiteradamente la magnífica atención al viajero tanto en casas de hacendados como en cabañas de pastores.
Desde la Odisea al Quijote
Los protagonistas del Quijote son recibidos y atendidos en los montes y en las ciudades; mas también ellos tienen una actitud benévola y abierta hacia los otros. Así, por ejemplo, el propio Sancho, cuando se encuentra con un grupo de peregrinos alemanes, no duda en entregarles la mitad de la hogaza y del queso que portaba.
Con una dignidad similar a la de los pastores que acogieron a don Quijote y a Sancho; con una generosidad similar a la del porquero Eumeo, recibiendo a Ulises en su cabaña, los vecinos de los núcleos rurales hispanos recibieron al transeúnte en casa hasta las pasadas décadas.

La generosidad de los campesinos
Asombra la generosidad de los habitantes de los núcleos rurales España, ensalzada una y otra vez en la literatura odepórica santiagueña. El peregrino italiano Nicola Albani lo señala reiteradamente, tanto en su recorrido por España como en Portugal.
Afirma Albani que en España la moneda es escasa –como una reliquia- mientras que en Portugal recibía en ocasiones monedas de plata. En Portugal –explica el famoso peregrino- se reciben más monedas, pero no existe la hospitalidad que detecta en España, donde cualquiera acoge al peregrino y al viajero en su propia casa; lo sienta a su mesa y le proporciona un lugar para el descanso.
La hospitalidad y la peregrinación
En el mundo cristiano, la hospitalidad ha sido piedra angular de la doctrina de la Iglesia desde sus orígenes; el propio san Pablo recomendó a los romanos: Compartan con los hermanos necesitados, y sepan acoger a los que estén de paso. También el evangelista Mateo recoge el mensaje del Sermón de la montaña, en el que se ensalza la hospitalidad: tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis
En la Edad Media, los ordenamientos monacales también insistieron y sistematizaron la atención a los viajeros. San Benito, san Isidoro y san Fructuoso, dejaron escritas reglas en las que se recalca el deber de dar acogida a los transeúntes.
Aunque la institución más primigenia de la Iglesia fue la de los xenodoquios. Un xenodoquio era un centro destinado, en origen, a atender a los enfermos de la comunidad; pero pronto estos establecimientos se destinaron también a recibir a las personas sin hogar, ancianos y transeúntes. Ya en el concilio de Nicea del año 325 se estableció que cada obispo debía crear un xenodoquio en su ámbito diocesano. En lo que se refiere a Hispania, se sabe que en el siglo VI existía al menos uno de estos en Mérida, en las cercanías de la basílica martirial dedicada a santa Eulalia, adonde acudían devotos desde tierras lejanas; una muestra temprana de la relación entre hospitalidad y peregrinación.

El largo viaje de los peregrinos a Compostela, desde la profunda Edad Media, no se puede imaginar sin la hospitalidad de los habitantes de los territorios por donde avanzaron. Elcaminodekunig.com
El rescoldo de los valores clásicos
El rescoldo de los valores y costumbres de la antigüedad aún está vivo en la memoria de las gentes mayores. Muchos pueblos del norte de España se han regido hasta épocas recientes –algunos aún se rigen– por el concejo (el consilium romano); los arreglos de los espacios públicos se realizaban de forma colectiva (facendera) y en los lugares había un representantes vecinal encargado de atender al viajero y distribuir por turno las responsabilidades de su atención entre el vecindario. En este sentido existía incluso un bastón del peregrino; vara que se le entregaba al recién llegado para que acudiese con ella a la casa donde habrían de atenderle convenientemente.
Sin embargo, ese binomio de hospitalidad y peregrinación está en horas bajas. Salvo maravillosas excepciones, la recepción de transeúntes se ha mercantilizado, al sistematizar el tránsito como elemento ajeno a los lugareños, perdiendo el sentido de la atención domiciliaria. La acogida al viajero –ahora– se percibe mayoritariamente como un asunto económico y de negocio (hoteles). Y para aquellos transeúntes que no pueden afrontar los costes de acogida, esta se ha descargado en los organismos del sector público y de caridad.
El Premio Hermann Künig a la Hospitalidad trata precisamente de trabajar por la pervivencia del sentido de la hospitalidad; la pervivencia del espíritu humanista y fraternal en un tiempo duro, marcado por el beneficio económico. El jurado que fallará ese galardón habrá de velar por elegir cada año personas e instituciones ejemplarizantes por su espíritu de generosidad y acogida al viajero
Completamente concuerdo con el espíritu de la hospitalidad , en mi niñez recuerdo a muchos peregrinos y ambulantes pasando por nuestra casa en Noceda ( as Nogais ) a los que mi abuela siempre les daba acogida . También recuerdo que en el pueblo el “ pedaneo “(alcalde rural ) tenía obligación de buscar alojamiento a los viajeros .