Entre las reinas que peregrinaron a Compostela en la Edad Media figura Sancha Raimúndez, hija de la emperatriz Urraca y de Raimundo de Borgoña, mujer de reconocidas virtudes, entregada a la iglesia y al servicio a los necesitados y peregrinos.

Por Tomás Alvarez

Nacida en el entorno del año 1100 y fallecida en 1149, Sancha recibió el título de reina de su hermano Alfonso VII,  el Emperador, quien la tuvo permanente a su lado como consultora de su gestión política y -sobre todo- religiosa y artística.

Doña Sancha ante san Isidoro. Pintura del siglo XVI de la Cámara de doña Sancha, en la Real Abadía de San Isidoro

Doña Sancha Raimúndez ante san Isidoro. Pintura del siglo XVI de la Cámara de doña Sancha, en la Real Abadía de San Isidoro de León. Imagen de www.jcyl.es/jcyl/patrimoniocultural/d_Sancha_S_Isidoro/

En el sistema político del reino legionense, los máximos representantes de la monarquía ostentaron durante siglos el título de emperador, compatibilizando su mandato con la concesión de otros títulos reales a mandatarios de ámbitos concretos. Así ocurrió en tiempos de Alfonso VI, quien también concedió el título de reina de Zamora a su hermana Urraca; mujer que fue dómina de Zamora y notabilísima consejera real, compatibilizando ambas cosas con sus responsabilidades en el Infantado.

Sancha Raimúndez. Reina y peregrina

Desde pequeña Sancha estuvo en diversas ocasiones en Santiago de Compostela, dado que su madre Urraca y su padre Raimundo de Borgoña recibieron de Alfonso VI el condado de Galicia. Sin embargo, continuaría muy pendiente de los asuntos relativos a la peregrinación durante el resto de su vida.

No sólo viajó a Compostela, sino que tambien efectuó una peregrinación a Roma, donde el papa le entregó un trozo del Lignun Crucis; reliquia que ella repartió entre templos de León, Sahagún, Zamora y Covarrubias según relata el sacerdote agustino e historiador Enrique Flórez.

En este viaje, se sabe que también se desplazó para entrevistarse como san Bernardo de Claraval, con quien mantuvo una relación importante que facilitó la ubicación de centros del Císter en el Reino de León. Los textos de su tiempo también hablan de su viaje a “ultramar” para visitar Tierra Santa.

A la cabeza de un poderoso Infantado

Ya en tiempos de Ramiro II surgió el Infantado del Reino de León; una institutión de incidencia muy especial en el apoyo y relación de la monarquía con el ámbito religioso del reino. Tradicionalmente estaba regido por alguna infanta real, monja o soltera, que era señora de numerosos centros religiosos, aunque su sede principal fue el monasterio de San Isidoro, corazón de la monarquía leonesa.

San Isidoro: Imagen del Panteón de los Reyes,

Imagen del Panteón de los Reyes, donde yacen treinta y tres miembros de la familia real leonesa. Real Basílica de San Isidoro de León

Curiosamente cabe destacar que en la devoción a San Isidoro destacan dos reinas Sanchas. La primera la reina Sancha Alfónsez, hija de Alfonso V, que impulsó la obra de la iglesia y el panteón real,  al lado de su marido Fernando I. La segunda, Sancha Raimundez, hija de doña Urraca, reina/emperatriz, y su primer marido, Raimundo de Borgoña, mujer que vivió la culminación de la obra.

En la Real Abadía se recuerda a esta última especialmente en una de sus estancias, la Cámara de doña Sancha, que no era en origen sido la tribuna real para uso de los monarcas, a los pies del templo isidoriano.

Prestigio más allá del territorio hispanico

La vinculación familiar con los dirigentes de Borgoña e incluso con el papado (era sobrina del Papa Calixto II),  facilitaron a Sancha su contacto con los dignatarios políticos y religioso galos, y tambien facilitó una gran entrada de instituciones y monjes francos en el reino de León. El propio monje Pedro de Agen, que llegaría a ser obispo de Segovia, era considerado por Sancha como su “maestro”

Su prestigio y su implicación en la construcción de iglesias y monaterios fueron tales que esta mujer resultó clave en la implantación del Románico por todo el ámbito del Reino, arte cuyo máximo exponente fue el monasterio de San Isidoro, cuya iglesia románica fue consagrada en  1149.

San Isidoro de León. Detalle de la Puerta del Perdón.

San Isidoro de León es un muestrario excepcional del Románico. Detalle de la Puerta del Perdón. Un ángel muestra el sepulcro vacío, tras la resurrección de Cristo. Imagen de Tomás Alvarez

Sancha, en el año 1142, como devota de Santiago y favorecedora de las peregrinaciones, puso en marcha uno de los hospitales de peregrinos más emblemáticos de España, el de San Marcos de León, para lo cual cedió un solar de su propiedad, al lado del puente sobre el rio Bernesga.

Pero su actividad no sólo se centro el apoyo a los centros de atención a los peregrinos, sino que se tiene noticia de que también ejerció de hospitalera, atendiendo a los humildes “polo amor de Deus”. Una vida  favoreciendo el “culto de las iglesias, fundando monasterios y socorriendo a pobres”, tal como dejó escrito el historiador religioso P. Flórez.