En el I Simposio Internacional Camino y Patrimonio celebrado en León, organizado por Promonumenta, se aportó un interesante debate sobre la relación del Camino de la vida y el de Compostela, en una charla debate en torno al libro “Va de Monjas”, del autor Jose Fernando Cornejo.
Por Claudio Path
El libro, editado por Alarife, se presentó de manera atípica, mediante el diálogo entre el autor de la novela y Tomás Álvarez, periodista y escritor, experto en la historia de la peregrinación santiagueña. Abrió el turno de palabras Marina Sanchez, presidenta da la Asociación Promonumenta, organizadora del evento.

Camino de la Vida. Debate sobre Peregrinación y Sentido de la Vida. En la imagen (derecha a izq.) Marina Sanchez, Jose Fernando Cornejo y Tomás Alvarez.
Para Jose Fernando Cornejo, los seres humanos avanzan por la vida planteándose una serie de cuestiones como seres racionales con conciencia de sí mismo. “Y cada uno tiene, tenemos, propias respuestas. Por eso, cuando me puse a escribir intenté plantear mi reflexión en una novela; porque siempre resulta más ameno que hacerlo a manera de tesis doctoral o de ensayo”.
El camino de la vida
Fue así como el autor entabló en la trama de su obra un encuentro entre un hombre de edad madura y una ex monja que tiene dudas sobre su propio camino; encuentro que sirve para simultanear a través del relato un debate que va desde la existencia de Dios al sentido de la vida.
Para Cornejo, el sentido de la vida está en la propia vida, al igual que el sentido del Camino de Santiago está en el propio Camino. “no hace falta llegar a Compostela para encontrar el sentido al viaje. Puedes interrumpir el Camino por cualquier motivo, habiendo encontrado ese sentido en el mismo proceso de caminar y realizar, en medio de las soledades, un viaje paralelo hacia tu propio interior”, explicó.
Según Álvarez, la novela se incardina perfectamente en el género literario del Diálogo, ya que sobre un tenue trasfondo del Camino Portugués, discurre un intenso debate de sus protagonistas en torno al sentido de la existencia, un sentido en el que se encuentran resonancias de los propios humanistas, como Nicolás de Cusa a Pico de la Mirándola.

Va de monjas, la primera novela de Jose Fernando Cornejo
La heterogeneidad del peregrinaje
En cuanto a la relación del Camino de la Vida y el del peregrino, Tomás Álvarez destacó la heterogeneidad del caminante, recurriendo a los testimonios de las crónicas de la peregrinación. Empezó por el viaje del propio Godescalco, considerado como el primer viajero conocido que llegó a Compostela de allende los Pirineos. Tras enumerar algunas de las más importantes crónicas, recalcó que cada peregrino proyecta en el Camino un itinerario propio, basado en sus inquietudes, sus intereses personales y sus interrogantes vitales.
En consecuencia el Camino es siempre distinto, porque el caminante lo aprovecha para buscar aquello que es importante desde su propia mirada, desde su propia concepción del mundo. De este modo, unos pueden pensar en cuestiones de fe, otros en aspectos relacionados con el arte, o buscando nuevas experiencias personales o incluso el mito. “De hecho –dijo a este respecto- muchísimos peregrinos avanzaron en la antigüedad hasta Finisterre para alcanzar un mítico punto final del universo. Esa fue la razón de muchos centroeuropeos que avanzaban hasta la mítica “Estrella oscura” como llamaban el extremo occidental de Galicia.
El Camino, proceso de transformación
En el diálogo, tanto Cornejo como Alvarez coincidieron en la importancia del camino interior; un camino que pueden desarrollar muchos peregrinos, porque la liberación de las agendas y la presión comunicativa, la soledad y la inmersión en el marco de la naturaleza puedan transformar la marcha en una senda de espiritualidad, permitiendo al caminante desprenderse de lo accesorio y superficial para acceder a un proceso de autoconocimiento y transformación.
Al final, es el ser humano -peregrino o no- quien puede modelar su camino, tal como afirmaba Giovanni Pico della Mirándola en su Discurso sobre la dignidad del hombre, donde el Creador anuncia a Adán: Te he puesto en el centro del mundo para que observes placenteramente cuanto en él existe. No te he hecho ni celeste ni terrestre, ni mortal ni inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y artífice de ti mismo, te forjes y plasmes en la obra que prefieras. Con tu decisión podrás rebajarte hasta igualar a los seres inferiores, las bestias, y también podrás levantarte hasta las cosas divinas”.
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