Artículo del filósofo Rogelio Blanco, presidente del jurado del Premio Hermann Künig de la Hospitalidad, que se entregará el próximo día 15 de octubre de 2025, en León, reflexionando sobre el absurdo crecimiento de la intolerancia en nuestra sociedad.

Por Rogelio Blanco

Declaraciones altisonantes, episodios señalados y situaciones dramáticas han abundado en las últimas fechas sobre o contra los emigrantes que inducen a reflexionar.

Hospe u hoste. Artículo de Rogelio Blanco sobre el crecimiento de la xenofobia y la maledicencia hacia el extranjero, el emigrante pobre…

Hospe u hoste. Artículo de Rogelio Blanco sobre el crecimiento de la xenofobia y la maledicencia hacia el   emigrante humilde… En la imagen, barco con emigrantes españoles hacia América, en el pasado siglo. Foto de la colección La Cepeda en Blanco y Negro. Asociación Rey Ordoño I.

Hace un año, por ejemplo, los bañistas de las playas ibéricas recibían a seres humanos agónicos y llegados desde el mar -origen de la vida- como valientes frente a las desgracias: guerras, hambre, necesidad. Con toallas arropaban cuerpos ateridos y agotados, con la mirada acogían rostros cargados de sufrimiento y pánico y con sus medios procuraban una acogida lejana a los controles policiales. Recién, desde los mismos espacios, se frecen imágenes de playeros despreciando la vida de los supervivientes de las travesías en pateras: les impiden salir de las frías aguas, los persiguen y aplacan para facilitar su detención.

Con otros nombres y desde los mismos lugares llegan los hijos de la necesidad, de la pobreza, del terror, los hambrientos de un posible futuro más favorable en otro lugar del negado en su espacio de origen.

Argumentos vacuos de objetividad

Diariamente asistimos a un macabro espectáculo de cómo acceden a las riberas de los afortunados países europeos seres humanos perseguidos por los cuatro caballeros del Apocalipsis: la guerra, el hambre, la peste y la muerte. Un acontecimiento que los medios ofrecen mediante imágenes dramáticas; rostros desencajados que llevan tatuadas las marcas de una desafortunada historia que les ha tocado en mala-suerte.

Cuando las bendiciones naturales descienden sobre África (petróleo, minerales estratégicos o preciados) caen las desgracias humanas (codicia, guerra, hambre y emigración). Ante dramático espectáculo, a la vez, emanan soflamas que los diversos voceros enjuician y se posicionan. El resultado es preocupante tras décadas y diversidad de discursos y actuaciones políticas concretas, toda vez que la ciudadanía va reaccionando en el orden señalado a la vez que se asumen argumentos falseados y vacuos de objetividad: “nos quitan el trabajo”,- en un país que sube mes a mes la ocupación laboral-; “son unos vagos”, -a la vez que cubren más de tres millones de empleos y generan medio millón de autónomas o pequeñas empresas más ocupan los empleos menos queridos por los nativos: 42% del empleo en hogares, 40% del empleo agrícola o el 28% de la hostelería, por ejemplo; “nos roban”, en un país que a diario asistimos a noticias de corrupciones desalmadas y millonarias por parte de los detentores del poder económico y político; etc.;

El filósofo Rogelio Blanco, en una imagen de archivo

El filósofo Rogelio Blanco, en una imagen de archivo

Hoste u hospe

¿Hoste=enemigo u hospe=huésped? Es la elección. ¿Enemigos o huéspedes? Ciertamente si el llegado es rico le ampara una fiscalidad propicia y desaparece el control policial; se ordena en afortunada acogida y “papeleo” de rápida tramitación. Una legalización que facilita la epidermis cuando no es obscura.

Pobre y negro son los calificativos que delatan al enemigo(hoste), casi siempre proveniente de África y en patera. Rico y blanco será huésped (hospe) quien se adentra en yate o por las salas de los aeropuertos.

Tras lo brevemente descrito, sin opinar de cómo se debe ordenar formalmente la emigración, se proponen algunas reflexiones. Sean, al menos, tres.

Filoxenia

Primera: la cultura mediterránea -así se refleja desde la historiografía griega, la doctrina cristiana o los modernos estudios antropológicos, por ejemplo, los de Evans Pritchard- se ha caracterizado por la hospitalidad (filoxenia) como característica cultural y condicionante de otros comportamientos.

La filoxenia (gr.: filos=amor y xenos=extranjero), luego amor al extranjero o amistad con el huésped (hospe) que, por otra parte, iba más allá de la pura cortesía o comportamiento educado; implicaba interacción empática, generosidad, acogida y respeto a su origen geográfico o a la pertenencia tribal.

Se trataba de una acogida cordial. En este orden, ya en la modernidad, el nobel A. Camus, por ejemplo, en su novela El extranjero, denuncia las graves consecuencias de atentar contra hospitalidad y de la ausencia de compasión.

La  huella en la historia

Segunda y por proximidad: en La Tabla de Astorga (32×24 cms, Staatliche Museen de Berlín) o Tabla de los Zoelas –una de las tribus astures descrita por Estrabón- se reflejan pactos de hospitalidad y obligaciones para con el visitante. La Filoxenia era un sello señalado por los historiadores greco-romanos de los habitantes del río Ástura (Esla). Una característica de la idiosincrasia de los astures, y de otros pueblos hispanos.

La dinámica del prejuicio

Tercera y última: la Psicología social en los estadios sobre “La dinámica del prejuicio” suele marcar varias etapas y en degradación ética. Se inicia con hablar mal del otro -en este caso del extranjero-, se desciende a culpabilizarlo, segregarlo; la maledicencia y la segregación conducen al maltrato y, finalmente, llega la expulsión o, en no pocos casos y actualmente presente, se alcanza el exterminio.

Decía A. Einstein que es más difícil destruir un prejuicio que un átomo. Estimo que podemos caer en una dinámica muy peligrosa y de graves consecuencias si atendemos acríticamente determinados discursos cargados de irreverencia frente al otro al que se categoriza como hoste(enemigo).

La irresponsabilidad con nuestro propio pasado

Algunos discursos llegan, irresponsablemente, desde espacios políticos u de voceros mediáticos. No se ha de olvidar, así lo demuestra con tozudez la historia, que todos somos peregrinos, migrantes.

En el caso español durante el siglo XX de continuo por razones ideológicas -medio millón de españoles salen de su patria en el año 1939 tras una guerra fratricida e incivil- o económicas -varios millones de hispanos- durante el resto de décadas del pasado siglo acuciados por la necesidad en una economía autárquica postbélica. Sean unas u otras las razones, sea por mar o por tierra, los hijos de la necesidad y del miedo peregrinan y navegan.

La historia demuestra que tal drama puede descender sobre cualquier pueblo o espacio.