Villagatón es un pequeño lugar del norte de la comarca de la Cepeda, en el centro de la provincia de León. Interesante por su ubicación, por su paisaje agradable y lleno de historia, aunque en la actualidad apenas esté poblado por unas decenas de habitantes.
Por Tomas Alvarez
Domina la orografía de este espacio el antiquísimo castro, donde aún se distinguen fosos y basamentos de las edificaciones. A sus pies corre el curso naciente del Porcos. En torno a él aparecen diseminadas las edificaciones del lugar, entre fincas agrarias y prados. Entre ellas destaca la sólida iglesia, en cuyos muros conviven los tonos azulados de la pizarra con el blanquecino de la cuarcita y el rojizo férrico.
La espadaña del templo, ligeramente inclinada, es bella y exhibe una piedra excelentemente trabajada. En el interior de esta edificación religiosa, de magnífica estructura, destaca la bellísima pila bautismal gótica, que permite rememorar un pasado de mayor poderío.

La iglesia de Villagatón en medio de un paisaje primaveral, de prados, bosquecillos y campos de labor. Imagen de Tomás Alvarez
En el límite de las cucncas fluviales
El pasado del lugar está ligado a su ubicación, en el límite de las cuencas fluviales del Miño/Sil y del Duero; al lado de otra población de similares características;
Brañuelas, en el paso cruce de los Montes de León por la cota más baja. Esto hizo que desde la antigüedad por allí avanzaran guerreros, mercaderes, reyes y peregrinos, entre ellos el propio
Hermann Künig; el monje alemán que nos describió este paso de montaña «
sin subir montañas«, en la primera guía escrita para los caminantes a Compostela, en el siglo XV.
Esa ubicación estratégica hizo que en la Alta Edad Media fuese un punto por el que se movían fácilmente las tropas cristianas, porque por allí podían iniciar una rápida retirada en caso de que los musulmanes, en mayor número, atacaran desde el sur.
La Villa de Gatón
Dicha característica también facilitó que a mediados del siglo IX, el conde Gatón –hermano del Rey Ordoño I- avanzara por ese lugar para repoblar la Cepeda y Astorga. Del nombre de este magnate deriva el del propio pueblo: Villagatón; pues parece que pudo dirigir desde aquí la acción repobladora. Es más, en la parte más antigua del lugar pervive una zona conocida como el Palacio, donde, posiblemente, se ubicó la residencia temporal del Conde.

El antiquísimo castaño que crece entre las viejas casas del barrio del Palacio, en Villagatón. Imagen de Tomás Alvarez
Pero la historia de Villagatón viene de mucho más atrás. El nombre del Llastrón –en las cercanías del embalse de Villagatón- nos alude a algún monumento megalítico, y el nombre que aún dan los lugareños a la ubicación castreña prerromana ubicada cerca del Palacio también nos habla del pasado: Prudencia.
Esa denominación parece ser un vestigio lingüístico prerromano, tal vez ilirio, típico de los formados con el sufijo nt, y que se detectan frecuentemente en la toponimia de España. Ahí están los casos de Sublantia, Almantia, Argantia (Arganza), Pallentia (Palencia), Pallantia (Palancia), Numantia(Numancia), Placentia (Plasencia). De modo que desde la época prerromana el lugar pudo denominarse algo similar a P-r-dentia palabra que con el paso tiempo de “castellanizaría” como Prudencia, al igual que ocurrió en casos como los de Numancia o Palencia.

Dos detalles del Castro de Villagatón: foso del recinto murado y piedras del límite exterior del castro, con huellas de trabajo humano, posiblemente de labores mineras o de cimentación. Imágenes de Tomás Alvarez
De monjes y peregrinos
Del interés religioso y del paso de peregrinos nos habla la existencia medieval del
monasterio de San Juan de Villagatón, citado por Julio Puyol en Orígenes del Reino de León; así como la institución hospitalaria de Santa María Magdalena de
Cerezal de Tremor, en el límite oeste del ayuntamiento de Villagatón, a la vera de la cual surgió el convento franciscano; elementos
cofradía y convento famosos por su acogida a los viajeros que iban a Santiago de Compostela a través de la Cepeda.
El
catastro del Marqués de la Ensenada nos dice que el lugar dependía del marquesado de
Astorga. Los terrenos del entorno se calificaban de escasa calidad, pero esta se compensaba con una buena ganadería: ganado vacuno, lanar, equino y de cerda; y también con buenos colmenares.
En esta época -mediados del siglo XVIII- el pueblo era relativamente pujante. Contaba con 47 vecinos (núcleos familiares), que ocupaban 51 casas habitables. Había entre los habitantes un sastre, un herrero y un clérigo. El arroyo conocido como la Zequia, permitía el funcionamiento de siete molinos harineros de una rueda.
Y días de ocaso
En pocos años, la situación declinó. Parte de esa mutación se derivó de la construcción de la nueva carretera que unía Astorga con Villafranca y Galicia: la actual Nacional VI. Con esta vía, el protagonismo de Villagatón como lugar de tránsito pasó a Manzanal. El famoso paso de Cerezal de Tremor perdió importancia. El convento franciscano de Cerezal cerró sus puertas. Y la población de Villagatón cayó bruscamente en menos de un siglo. El Diccionario de Pascual Madoz, escrito hacia 1830, indica que en el lugar sólo quedaban 29 vecinos, en 20 casas.
Pese a que en el siglo XIX Villagatón pasó a ser sede del Ayuntamiento, en detrimento de Requejo, ya no se recuperaría. En cambio, a su lado creció el lugar de Brañuelas, por la actividad minera y ferroviaria.
En general, la zona ha sufrido últimamente una drástica bajada de población: el conjunto de los pueblos del municipio de Villagatón pasó de 3137 habitantes en 1960 a 636 en 2024.

Pila bautismal gótica de la iglesia de Villagatón. Imagen de Tomás Alvarez
Un símbolo de abandono
El abandono institucional del territorio es evidente; un abandono común en la región leonesa, a la que se le negó el derecho de las demás pueblos de España a tener autonomía propia y que languidece, gobernado desde la región vecina.
Ese abandono se percibe en otro símbolo. En 1995 se acabó de construir en el lugar un embalse para regular el río Porcos; con capacidad para cuatro millones de metros cúbicos, y con una presa de 39 metros de altura. Desde entonces se han sucedido lluvias y sequías, pero la obra nunca entró en funcionamiento. Su presa sólo sirve como mirador para contemplar un bello espacio: el del valle del pantano, vacío de aguas, pero en el que crece una hermosa vegetación natural.
El embalse jamás ha funcionado, para escarnio de los pueblos que han sufrido años de sequía; para vergüenza de políticos y confederaciones hidrográficas, y para cabreo de una tierra que se siente abandonada por la Administración.
Villagatón, eso sí, pervive tranquilo, en su hermosa ubicación y con su vigorosa historia. Por allí pasaron peregrinos, guerreros y reyes (Carlos I en 1520), y por allí vuelven a pasar peregrinos en el siglo XX, merced a la reactivación del Camino de Künig, una senda que en el año 2025, recibió oficialmente su calificación de Camino Histórico a Santiago de Compostela.
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