Los caminantes que recorren las sendas de peregrinación a veces se encuentran con historias llenas de ternura en las que se funde la leyenda y la realidad. Una de ellas es la que tiene como protagonistas a un niño de Colonia, Hermann Josef, y una estatua de la Virgen y el Niño de la iglesia de St. María im Kapitol, en dicha ciudad alemana.
Por Tomás Alvarez
Santa María in Kapitol es una de las iglesias románicas más interesantes de Colonia, y durante muchos siglos fue la mayor de la ciudad. Fue construida sobre las ruinas de un antiguo templo romano que ocupaba el Capitolio de la urbe, a la vera del Rin, y desde 1965 tiene la categoría de basílica.

Relieve gótico del Santo Entierro, del Siglo XIV, en el templo de St. María im Kapitol, Colonia. Imagen de Tomás Alvarez
Un templo con larguísima historia
La fundación del templo cristiano se atribuye a Plektrudis de Colonia, madre de Pipino el Breve; impulsora de este centro religioso en el que fue enterrada. El primitivo templo, del siglo VIII, sufrió diversos avatares a lo largo de los siglos. Fue reedificado en el siglo XI. El papa León IX consagraría la nueva edificación en el año 1049.
Tras su época gloriosa medieval sufrió diversos deterioros, el mayor de ellos el de los bombardeos de la II Guerra Mundial. Tras aquel desastre fue reconstruida en buena parte y aún alberga ricos tesoros artísticos.
El interior de la iglesia se distribuye en tres naves y en la cabecera tiene un ábside trilobulado, copia del de la iglesia de la Natividad en Belén. Cuenta también con una gran cripta.

Manzanas frescas y doradas para recordar la leyenda de Hermann Josef. imagen de Tomás Alvarez
Hermann Josef y la manzana
Entre los tesoros se halla una estatua de la Virgen con el Niño. Es de finales del siglo XII y se asocia a la leyenda de Hermann Josef, el pequeño de Colonia, nacido hacia mediados de aquel siglo; un muchacho feliz y piadoso, devoto de María, ante cuya estatua solía acudir para dejar flores.
Según la tradición, en una ocasión el muchacho recibió una bella manzana como regalo en San Nicolás, obsequio que quiso entregar a su vez al Niño de la Virgen. Acudió ante ella y después de orar extendió su brazo para entregar la fruta. Entonces, María se inclinó, la recogió y se la dio a Jesús. Este apretó la manzana en su regazo y sonrió.
Hermann Josef ingresó posteriormente en el monasterio de Steinfeld, en la región de Eifel, donde falleció cuando contaba 90 años de edad.
El «santo» de Eifel
La veneración hacia el monje creció a lo largo de los siglos por toda la zona de Eifel; una veneración que aún arreció en los siglos XVIII y XIX. Algunos le consideraron como “el santo de las manzanas” otros como “el santo de los niños”. El hecho es que sobre su tumba, en el monasterio de Steinfeld, los devotos acostumbran a dejar manzanas lustrosas y frescas.
En el siglo XVII surgieron iniciativas que pidieron la canonización de aquel “santo” popular; una demanda que sólo se habría de satisfacer en el año de 1960.
De modo que Colonia y la abadía de Steinfeld están hermanadas por un santo, Hermann Josef, y una costumbre, ofrendar manzanas. Los peregrinos que llegan a la iglesia de Santa María im Kapitol las dejan a los pies de María. Los que acuden a la abadía de Steinfeld, sobre la tumba del monje.
Tesoros de Santa María im Kapitol
Para los viajeros que acuden al templo de Colonia, cabe destacar que en él hay otros elementos de elevado interés. Tal vez el más espectacular es el conjunto de las puertas de madera del siglo XI, que se conservan en magnífico estado, con relieves excepcionales de la vida de Jesús. Si en el ábside se imitó el plano de la iglesia de la Natividad de Belén, en el caso de las puertas el modelo fue el de la basílica de Santa Sabina en Roma.

Las puertas medievales de St.María in Kapitol, Colonia, del siglo XI, son una joya en esta materia. Detalle. Imagen de Tomás Alvarez
Hay otras joyas de interés; entre ellas la curiosa cruz bifurcada, del entorno del inicio del siglo XIV, reverenciada especialmente en tiempos de peste; un bello relieve gótico del Santo Entierro, del Siglo XIV; la efigie de Plektrudis, la fundadora del templo primitivo, sosteniendo una maqueta del mismo. Es la lápida gótica y se halla inserta en uno de los muros…
La cabecera trilobulada es encantadora. En la separación de esta y el resto de la nave, una bella galería gótica, semeja un delicioso claustro que divide los espacios del templo con sus columnas y el delicado friso de esculturas y relieves; una obra flamenca del siglo XV. Ante esta se halla la estatua de la «Virgen de Limburgo» con el Niño Jesús, una estatua gótica del Siglo XIV ricamente policromada.
Una virgen colorista

«Virgen de Limburgo» con el Niño Jesús, una estatua gótica del Siglo XIV en la iglesia de St. María im Kapitol, Colonia, templo unido a la leyenda de la manzana del niño Hermann Josef. Imagen de Tomás Alvarez.
Las Virgen de Limburgo sostiene en su brazo derecho al niño, en tanto en la mano izquierda lleva una fruta. Algún visitante le ha puesto en el codo otra manzana amarilla. De modo que pareciera que en el templo hay una competencia entre esta imagen colorista y la otra virgen más austera, del siglo XII, en lo referente a las manzanas.

La iglesia de St. María in Kapitol, Colonia, también fue machacada por los bombardeos de la II Guerra Mundial. Afortunadamente en la actualidad está restaurada y sigue siendo un lugar de arte, historia y leyenda. Imagen de Tomás Alvarez
Manzanas y rosas
Reconozco que hasta mi última visita a la ciudad no conocí la historia de Hermann Josef y la manzana. Pero seguramente ya no la podré olvidar, porque -además- también he puesto mi manzana.
He tenido la suerte de visitar el templo en compañía de otros amables peregrinos de la asociación jacobea de Colonia (Santiago-Freunde Köln) y uno de ellos, Norbert Wallrath, muy previsor, acudió con una bolsita de manzanas frescas que quedaron a los pies de la imagen medieval.
Entre los acompañantes en la visita al templo figuraba también Norman Sinclair, un peregrino residente cerca de Münster, que lleva más de un lustro plantando rosas por las sendas de peregrinación de toda Europa. Precisamente a la entrada del templo Norman nos pudo mostrar uno de sus rosales.
Seguramente, en la próxima visita a esta región tan cargada de Arte e Historia acudiré también a la abadía de Steinfeld para dejar al menos una manzana sobre la tumba del «santo de las manzanas«. Y si Norman Sinclair anda por aquellas tierras, plantaremos allí al menos una de sus «rosas peregrinas».
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