La Asociación de Amigos del Camino de Künig ha acordado la creación del Premio Hermann Künig a la hospitalidad; destinado a distinguir a personas físicas o jurídicas, destacadas en el ejercicio de la hospitalidad y la atención al peregrino.
Por Claudio Path
Se trata de una distinción honorífica, consistente en un diploma y una placa cerámica; encaminada a realzar cada año un ejemplo de altruismo en el comportamiento con peregrinos y transeúntes. El premio se concederá a personas o instituciones ejemplarizantes por su espíritu de generosidad y acogida al viajero. El jurado se integrará por representantes del mundo de la Cultura y del ámbito de la peregrinación.
Esta distinción lleva el nombre de Hermann Künig, en razón a que este monje alemán, autor de la primera guía para el peregrino, escrita en el siglo XV, concibió su obra como una herramienta esencial para orientar los pasos del “hermano peregrino”; con el objetivo de que este pudiese avanzar por el Camino gozando de seguridad y hospitalidad, para llegar “indemne” a su destino.

El pan es la esencia de la gastronomía de la peregrinación. Este relieve sepulcral gótico de la Catedral de León, muestra la caridad con los peregrinos y mendicantes, a los que se entrega el alimento. Imagen de Tomás Alvarez
La hospitalidad y la peregrinación
En el otoño de 2019, cuando se fundó la Asociación de Amigos del Camino de Künig, se marcó entre los fines de la misma la promoción y difusión de la cultura y los valores de la peregrinación. Y dentro de estos valores, uno, esencial, es el de la hospitalidad.
La antigua cultura clásica siempre enalteció la acogida generosa tanto a los invitados conocidos como a los extraños. La propia hospitalidad estaba refrendada por los dioses. En Grecia, Zeus, el más poderoso de ellos, se identificaba como Zeus Hospitalario, protector de extranjeros y suplicantes e incluso vengador de estos cuando se les maltrata o injuria. El viajero era recibido y honrado en la casa del anfitrión. En la antigua Grecia la persona hospitalaria, generosa y justa, no sólo acogía sino que –si estaba en su mano– ofrecía la comida y lugar para el reposo; incluso acompañaba al viajero ante algún trance.

En medio del paisaje pirenaico, unas humildes ruinas famosas en la historia de la hospitalidad: los restos del monasterio y hospital de Santa Cristina. Fotografía de Tomás Alvarez
Esa calidad en la recepción del transeúnte se enraíza en nuestra propia cultura. En el mundo cristiano, la hospitalidad ha sido piedra angular de la doctrina de la Iglesia. La cultura de atención al viajero fue asumida plenamente por la sociedad hispana, tal como recuerda nuestra literatura. En obras maestras como El Quijote vemos reiteradamente la magnífica atención al viajero; desde las casas de los hacendados a las cabañas de los pastores.
Sin hospitalidad no existirían las grandes peregrinaciones
Sin hospitalidad no habrían existido las grandes peregrinaciones. En el cristianismo detectamos muy tempranamente las directrices encaminadas a atender a los transeúntes y gente sin hogar. En fecha tan temprana como el año 325, el concilio de Nicea estableció que todos los obispos debían crear xenodoquios en su ámbito diocesano, para acoger a transeúntes y extranjeros. Se sabe que en aquel siglo ya existió uno de estos en Hispania, en Mérida, en las cercanías de la basílica martirial dedicada a santa Eulalia; a él acudían devotos que peregrinaban desde tierras lejanas.
Se puede considerar que el Camino de Santiago es tal vez la manifestación de hospitalidad más notoria de la historia europea. Millones de viajeros cruzaron todos los países en dirección a Compostela; la generalidad de ellos recibió acogida y alimento tanto de las instituciones religiosas como de los propios habitantes de las aldeas rurales. Así se testimonia en la voluminosa biblioteca odepórica santiagueña, donde se enaltece, una y otra vez, la caridad popular hispana.
Objetivos del Premio Hermann Künig a la hospitalidad
En nuestro tiempo, el cambio de óptica en esta materia ha sido importante, por influjo de una ética más economicista y de la propia influencia del poderoso sector turístico. Sin embargo, pese a que la recepción de transeúntes se ha mercantilizado progresivamente, la acogida tradicional sigue siendo un valor identitario del Camino; un valor que hay que cuidar y estimular.

La Asociación de Amigos del Camino de Künig acordó la creación del premio Hermann Künig a la hospitalidad, para distinguir a personas e instituciones destacadas por su acogida y ayuda al peregrino.
Otra razón que impulsa a la Asociación de Amigos del Camino de Künig a establecer este Premio Hermann Künig a la hospitalidad es la de fomentar que el trato y la acogida al viajero sea ejemplar no sólo en la generalidad de los caminos, sino en las variantes que el monje recorrió en España y recomendó en su guía; itinerarios que ahora están recuperando el flujo peregrino que tuvieron en el pasado.
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