Uno de los elementos más característicos en la representación del peregrino y del propio apóstol Santiago es la concha del peregrino, la vieira o venera; un icono que nos acerca también a los ámbitos de la gastronomía e incluso a la historia del ser humano.

Por Tomás Alvarez

Las vieiras, estos moluscos bivalvos emparentados con las almejas y ostras, son comunes en la generalidad de los océanos, muy abundantes en las costas gallegas. Sus conchas resultan ornamentales y atrajeron la atención de los peregrinos desde los inicios de la peregrinación compostelana.

La forma de la concha y sus nervaduras otorgan una fuerza especial a su imagen, de modo que su presencia resulta notoria en infinidad de esculturas y cuadros, y hasta en decoraciones arquitectónicas que se remontan a tiempos lejanos.

La concha del peregrino. Una vieja cesta ofrece al viajero, en El Cebreiro, el suvenir más típico del Camino

La concha del peregrino. Una vieja cesta ofrece al viajero, en El Cebreiro, el suvenir más típico del Camino de Santiago. Imagen de Beatriz Alvarez

Desde la antigüedad precristiana

La concha está desde tiempos remotos vinculada a lo sacro. Desde la antigüedad precristiana, se observa el uso de elementos específicos para las libaciones, derramamientos de vino u otro líquido, efectuados en las ofrendas a los dioses en ceremonias de diverso tipo, desde celebraciones festivas, sacrificios o ante la partida en un largo viaje. Y la concha era un elemento natural abundante y útil para ello.

En los yacimientos de las culturas griega y romana, y aún en anteriores, se han localizado multitud de bellísimas páteras ceremoniales, platos, vasos o tazas de escasa profundidad utilizados para ese derramamiento; un derramamiento que a veces se efectuaba también con un vaso en forma de concha, denominado precisamente en latín “concha”, e incluso mediante conchas naturales.

En monumentos funerarios, y especialmente sarcófagos, también aparece la venera, a veces en el centro del frontal, adaptándose a una forma de clípeo, con un relieve del difunto yacente.

Múltiples significados

La venera o vieira, desde la antigüedad, evoca una serie de imágenes y atesora múltiples significados; uno de ellos es el  relacionado con el órgano de la generación de la vida y el propio nacimiento. Así lo podemos interpretar al contemplar el cuadro del Nacimiento de Venus, de Boticelli.

Ha sido un símbolo vinculado también a la renovación, regeneración y a la propia resurrección. En este sentido se muestra su uso en el arte, por ejemplo, en los cuadros en los que aparece Cristo recibiendo en el Jordán el agua bautismal; agua que suele derramarse tanto con la propia mano como con alguna pequeña pátera o con la concha natural.

El propio uso en la vestimenta del peregrino medieval llevaba implícito ese significado de renovación o regeneración, puesto que la visita al templo del Apóstol testimoniaba una acción purificadora.

La forma tan geométrica y rotunda facilitó su uso «publicitario». Así lo detectamos por ejemplo en el siglo XVIII en el libro de viaje del peregrino picardo Guillaume Manier, quien tanto a la ida como la vuelta de Compostela pasó por el albergue de Madame Belcourt, en Bayona: “una casa con la concha de vieira está colgada sobre la puerta a modo de enseña. Aquí se alojan todos los peregrinos de Santiago en su ida y vuelta. Esta mujer es mundialmente conocida por ello”.

El nombre de esta calle del casco antiguo de Auch, coquille (concha), nos habla de la vinculación al Camino de Santiago. L-Instant-C Office de Tourisme Grand Auch

Una resonancia mercurial

Sin abandonar el tema de las representaciones del mundo romano, cabe afirmar que el “conjunto iconográfico” del peregrino y del propio Apóstol Santiago tiene también una resonancia mercurial, en referencia al dios Mercurio; divinidad romana equivalente al Hermes de la mitología griega; dios comercial y viajero; mensajero divino que recorre el universo con su caduceo (vara o bastón), y a quien se representa a veces también con una bolsa y con una pátera.

El uso de conchas y su valor como seudo reliquia santiagueña se aprecia en el Códice Calixtino, donde se afirma que los peregrinos a Compostela prenden en sus capas las conchas para gloria del Apóstol y en prueba y recuerdo del viaje. En el mismo Códice se habla también de sus poderes taumatúrgicos.

Al igual que otros soldados y viajeros de la antigüedad, los peregrinos santiagueños adoptaron la costumbre de llevar consigo la concha, y esto la convirtió en un elemento de negocio en Compostela, donde abundaban los puestos de venta. …Y sigue siendo elemento de negocio en nuestros días, cuando se ofrecen en muchos puntos del recorrido jacobeo, y  hasta por Internet.

Un suvenir desde el siglo X… por toda Europa

El uso de la vieira como recuerdo de la peregrinación se conoce desde el siglo X. Es un magnífico icono; con su simbología que la relaciona con la vida (Venus), la bondad (la forma de mano abierta) y también utilidad (para tomar agua en las fuentes o arroyos). Y los negociantes compostelanos vieron en ella un producto que se negociaba bien en los aledaños del templo.

Conchas naturales, de marfil, de plomo, de plata… se transformaron en sugestivo recuerdo para el peregrino, tarea para los artesanos y negocio lucrativo para los comerciantes y la Iglesia santiagueña, que recibía un porcentaje de las ganancias y que consiguió en algún momento que las ventas se centralizaran en la ciudad, prohibiendo su comercio fuera de ella bajo pena de excomunión.

recuerdos compostelanos

El entorno de la catedral compostelana siempre fue un lugar propicio para la venta de recuerdos que el peregrino llevó a su tierra de origen. Entre ellos, las conchas naturales, de cerámica u otros materiales. Imagen de Tomás Alvarez

Los testimonios arqueológicos

La vieira fue tan apreciada en el pasado que en muchos casos los peregrinos pedían ser enterrados con ella, testimoniando así su valoración. El análisis de la presencia de conchas en yacimientos arqueológicos y tumbas de toda Europea ha servido para comprobar tanto el mapa de la peregrinación como el brusco descenso de peregrinos a partir de la ruptura del cristianismo occidental, por la Reforma.

Kurt Köster, historiador alemán, realizó un estudio sobre los hallazgos de vieiras compostelanas en Europa, que mostró la inmensa dispersión en el espacio y el tiempo. La mayor parte fue localizada en sepulturas, desde el siglo XI al XVIII. El estudio detectó también la brusca paralización, en el XVI, del peregrinaje procedente de los países afectados por la expansión del protestantismo.

El uso de este icono fue también muy habitual en la heráldica. Aristócratas de toda Europa pusieron la concha en sus escudos y se retrataron incluso luciendo la concha.

Entre el uso “caballeresco” de la concha está el de los integrantes de la Orden de Santiago, creada en el siglo XXII por el rey Fernando II de León, para defender los territorios cristianos y ayudar a los peregrinos que se dirigían a Compostela. En la imponente fachada renacentista del edificio de San Marcos de León, antaño sede de la Orden de Santiago en el Reino, aún se puede apreciar la presencia de la concha.

Los peregrinos de salón

Mujer peregrina, de Louis Vigée; en el Nationalmuseum de Estocolmo, con calabaza. bordón y conchas.

Mujer peregrina, de Luis Vigée, con su bordón, conchas y calabaza.

* Fuente Wikimedia Commons/Nationalmuseun de Estocolmo.

El uso de la venera siguió siendo popular en el arte, incluso en el territorio afectado por la Reforma protestante, donde proliferaron en el siglo XVIII, los cuadros de peregrinos de salón.

Se trata de retratos de personajes de la aristocracia europea que posaban ante el pintor, glamurosos, ataviados con un aire de peregrino a Santiago de Compostela; cuadros en los que frecuentemente se ve no sólo la concha sino elegantes vestimentas y cierta intención erótica. Por supuesto, en la mayoría de los casos se trata de personajes que nunca recorrieron el Camino, pero que se retrataron así a modo de frívolo «divertimento».

Simbología y gastronomía, en la concha del peregrino

En la actualidad, la concha sigue rodeada de una una amplia simbología. Además, nuestra “sociedad del ocio” también ha fomentado el aprecio por los moluscos en el ámbito de la restauración. El consumo de los bivalvos ya se registra en los yacimientos prehistóricos, se detecta en la época romana y aparece en los libros de cocina del medioevo y la modernidad.

Los escritos de los peregrinos a Compostela nos hablan una y otra vez del uso y consumo de moluscos bivalvos en Galicia, y especialmente de las ostras. Los relatores del viaje de Cosme III de Médici (siglo XVII) nos hablaron de la abundancia de estas en la costa gallega… y también en Santiago. El propio dirigente florentino las recibió como obsequio comestible del arzobispo de Santiago. No quedó corto el religioso en su ofrenda pues esta consistió en cuatro cajas de jamones, mermeladas, frutas en almíbar, lenguados y veinte cubos de ostras.

El magnífico relato que dejo el peregrino Nicola Albani (siglo XVIII) este advierte a su paso por Ponte Sampaio, que de aquella zona eran las famosas ostras que se enviaban a la corte de Madrid

 …Y el consumo no ha cesado. Es lógico que tras el esfuerzo para recorrer centenares de kilómetros hasta Compostela el peregrino celebre la llegada a la meta de forma especial. Las vieiras o las ostras, acompañadas de un albariño, le animarán a recorrer de nuevo la vía milenaria. Buen Camino.