Hace 700 años, Isabel de Aragón y Sicilia, conocida como santa Isabel de Portugal, por haber sido reina de aquel país, realizó uno de los más famosos peregrinajes a la ciudad de Santiago de Compostela, en el que ofreció al Apóstol su propia corona real.
Por Tomás Alvarez
Isabel de Aragón y Sicilia nació en Zaragoza en el año 1271. Era la hija de Pedro III de Aragón y Constanza de Sicilia. Siendo casi una niña (en 1282) fue casada con el rey Dinis I de Portugal, quien fallecería en 1325. Pocos meses más tarde, emprendería su peregrinación a Compostela.

Santa Isabel de Portugal, una famosa peregrina real. Composición con fragmento de un cuadro de André Gonçalves sobre el Milagro de las Rosas(Iglesia del Niño Dios de Lisboa) y la vista de un rincón de la ciudad de Coímbra, con el rio Mondego al fondo; de la web Guiarte.com
Como reina, adquirió fama de mujer austera y muy piadosa; dedicada a atender a los más humildes y practicar la caridad; impulsando centros de atención a los necesitados; siguiendo el ejemplo de otra mujer de su propia familia: santa Isabel de Hungría.
Caridad y amante de la paz
Fue también una mujer que trabajaba por la paz. Incluso se interpuso entre los ejércitos del rey y de su hijo Alfonso, enfrentados en una lucha por el poder (batalla de Avalade). En el final de su vida se repetiría su intento de pacificación, esta vez entre su hijo Alfonso IV, rey de Portugal, y su nieto Alfonso XI, al frente de la corona de Castilla y de León.
El rey Dinis I falleció el 7 de enero de 1325 y meses después la reina emprendió su viaje, sin anunciarlo, para ir en peregrinación a Santiago. Su objetivo era el de orar ante la tumba del apóstol por el alma del difunto el día 25 de julio, fiesta de Santiago.
No se sabe la ruta que siguió. Tal vez desde Coímbra se dirigió a Oporto, para alcanzar Valença do Miño, Tuy y Padrón; o quizá recorrió parte del trecho en barco. Lo que se conoce es que ante la proximidad de Santiago descendió de la mula en la que cabalgaba para llegar andando hasta la catedral compostelana.

Fachada del templo dedicado al apóstol Santiago, en la plaza del Comercio de Coímbra, de finales del siglo XII. Imagen de Tomás Alvarez.
Una visita de gran boato
La visita a Santiago despertó gran expectación por la categoría de la peregrina pero también por sus ricas ofrendas al Apóstol. El arzobispo compostelano, el dominico francés Berenguer de Landoire, le entregó aquel día una cartera adornada con la concha de peregrino y un bastón con remate en forma de tau; similar al que porta Santiago en la estatua del Pórtico de la Gloria.
En 1612, cuando se extrajo el cuerpo de la Santa de la tumba para trasladarlo a un nuevo convento, en la misma ciudad de Coímbra, se comprobó que ambos regalos estaban en el interior de la tumba.
En el escrito “Vida e milagres de dona Isabel, rainha de Portugal”, relato de incierta autoría aunque se cree de una persona cercana a la Reina, se indica que esta descendió de su montura cerca de la ciudad de Santiago para llegar andando al templo catedralicio: “iba pie con gran devoción a la iglesia de Santiago, y esto era en el mes de julio, antes de la festividad de Santiago”.
Lujo y riqueza para el Apóstol
El día de la fiesta, mientras el arzobispo ofrecía misa, la Reina ofreció al apóstol Santiago la corona más noble que tenía, con muchas piedras preciosas, así como los paños mejores, adornados con muchas perlas y piedras preciosas. También llevó vestimentas clericales y paños con las enseñas de Aragón y Portugal.
Entre los dones incluyó su propia cabalgadura, con bridas de oro, plata y piedras preciosas. Entrregó, asimismo, copas labradas que habían pertenecido a su difunto esposo. “Ofrenda tan noble y rica a nadie vendría a dar a la iglesia de Santiago”, dice el relato biográfico.
Santa Isabel de Portugal y el monasterio de Coímbra
La reina permaneció el resto de su vida recogida en el convento de Santa Clara, en Coímbra; centro que ella había protegido. Aunque vestía el hábito de las clarisas no hizo voto de pobreza, porque deseaba mantener sus propios recursos para hacer la caridad. Finalmente, afectada por la peste, falleció en Estremoz, el 4 de julio 1336, aunque declaró en su testamento que deseaba que llevaran su cuerpo a Coímbra, donde fue enterrada.
Debido a la constantes inundaciones y el deterioro del convento, las monjas clarisas acabaron trasladándose al cercano monasterio de Santa Clara-a-Nova, en 1677.

En Coímbra, una de las estampas más evocadores es la del ruinoso convento donde vivió la reina Santa Isabel de Portugal; recuperado en parte tras ser sepultado por las inundaciones. Imagen de Tomás Alvarez
En la bella localidad de Coímbra, una de las estampas más evocadores es la del ruinoso convento donde vivió la reina. Este, situado a escasa distancia del río Mondego, acabó siendo dañado y sepultado por inundaciones. En el final del siglo XX se realizó una interesante excavación arqueológica que ha recuperado parte de los restos.
Una dudosa visita a Compostela
Un autor mas de un siglo posterior del tiempo de la Reina, el cronista Rui de Pina, escribió que aquella había realizado en 1335 una nueva visita a Compostela; viaje de incógnito, con un séquito mínimo y pidiendo limosna.
Muchos autores estiman que este viaje nunca existió y que su origen pudo ser únicamente un “celo hagiográfico” del cronista en el que este intentó reflejar a la peregrina con el espíritu de la humildad franciscana, después de su viaje como reina poderosa. En realidad, no hay constancia documental del viaje. Y además se considera que en 1335 la Reina no estaría en condiciones de hacer un viaje secreto, mendigando y a pie, cuando faltaban pocos meses para su muerte.
El milagro de las rosas
La historia de la Reina se vio rodeada tanto por la admiración como por la leyenda. En especial se cuenta de ella el milagro de las rosas. Según este, una jornada fría de enero, cuando en los jardines han desaparecido las flores, salió del palacio llevando unos panes recogidos en su regazo. El rey Dinis le preguntó qué llevaba y respondió: “rosas”. Extrañado, el monarca le pidió que se las mostrara. Y ella lo hizo. Los panes se habían trocado en rosas.
Coímbra fue reconquistada a los musulmanes el año 1064, por las tropas de Fernando I de León. En la ciudad se erigió entonces un pequeño templo dedicado al Apostol Santiago, a quien el monarca leonés había demandado su protección antes de la campaña. Desde entonces, la ciudad ha sido un punto importante de las sendas santiagueñas portuguesas.
Por Coimbra pasaron viajeros famosos como Jerónimo Münzer, Cosme III de Medici o Nicola Albani. Y de Coímbra partieron tambien viajeros para otros grandes centros de peregrinación como Roma y Jerusalén. Entre ellos cabría destacar al obispo conimbricense Maurice Bourdin, quien peregrinó en 1104 a Tierra Santa; un viaje que duró más de tres años.
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