Continuamos la serie sobre la historia de las peregrinaciones. En el capítulo de esta semana se trata de la sociedad en la que surgió el Camino de Santiago. (Peregrinaciones y peregrinos (14): El origen del Camino: primitivismo y ruralidad

Por Tomás Álvarez.

¿Cómo era la sociedad medieval en la que surgió el mito santiagueño y la peregrinación hacia el occidente hispano? Un acercamiento a la historia nos ayudará a comprender aquel tiempo; y para ello nos situaremos en los momentos en los que el poderío de Roma se vino abajo.

El hundimiento de la sociedad romana

Tiempos de decadencia. El floreciente mercado mediterráneo había quedado estrangulado, y con aquel hundimiento se agotó el esplendor de las grandes ciudades que, en el momento de mayor pujanza del imperio, habían sido emporios de una vigorosa actividad económica y comercial. En Roma, el monte Testaccio constituye una manifestación del consumismo. La composición de la montaña muestra cómo la gran ciudad consumía productos llegados de lejanos países. Se calcula que en el monte hay 26 millones de ánforas rotas. Eran los “contenedores” de los productos de la Bética o del norte de África.

Pero todo aquel dinamismo económico de Roma y su Imperio, llegó a su fin.

Hay muchas causas para explicar el bajón económico romano; una, básica, radica en el hundimiento del sistema económico de un estado esclavista que había gozado de bonanza mientras se mantenían exitosas guerras de conquista, generadoras de ingentes botines y esclavos para trabajar gratis.

Palacio real de Santa María del Naranco, en las afueras de Oviedo

Palacio real de Santa María del Naranco, en las afueras de Oviedo, construido en el siglo IX; época del origen del Camino de Santiago. Imagen de guiarte.com

El Feudalismo

Para paliar la falta de ingresos, el erario emitió moneda en la que el oro iba escaseando. La devaluación de la moneda acabó generando una gran crisis monetaria y un deterioro de la propia sociedad, agobiada por las cargas de un estado burocrático que exigía impuestos que no bastaban para sostener el imperio. Muchos campesinos dejaron el campo para malvivir en la ciudad… o del bandidaje.

En esta época dura comenzaron a asentarse las condiciones sociales del sistema feudal. Los grandes hacendados vieron que apenas podían exportar sus productos y se centraron en producir lo que necesitaban, generando una autarquía. Esta tendencia acabó produciendo una “insularización” de las regiones o comarcas. No se vendía para otras regiones; se trabajaba para la necesidad local; se abandonó progresivamente el comercio y la obra pública. Las rutas se hicieron peligrosas y el imperio en su vertiente occidental inició una agonía que acabó con su desmembración entre las tribus bárbaras que –en teoría– habían venido a defenderlo.

Y una demografía débil

El bajón económico se acompañó de un colapso demográfico, iniciado en tiempos de la “peste antonina”, en tiempos de Marco Aurelio. A partir de este momento se comprueba una tendencia de despoblación y ruralización que marcaría los siglos siguientes.

El imperio, menguado en su demografía, incapaz de solventar la crisis económica y social, acabó desgastado en luchas internas y en sostener los frentes exteriores, especialmente la lucha contra el imperio sasánida; enfrentamiento que dañó tanto a Roma y Constantinopla como al propio Imperio Sasánida que luego caería fácilmente ante el avance de los árabes.

El origen del Camino: primitivismo y ruralidad

El nuevo sistema –territorios divididos entre señores, sin seguridad y falto de infraestructuras– será incapaz de sostener el Imperio, y surge así un universo fragmentado en el que se rompe la hilazón lingüística. Si antaño el latín era un elemento de cohesión, su uso se reducirá a las iglesias, en tanto que el pueblo utilizará otras lenguas.

Fue en el mundo medieval hispano, rural, fragmentado y acosado por los invasores llegados de África, donde surge el foco religioso de Compostela. Los bravos cristianos que resistían en el norte de España frente al dominio de los árabes necesitaban un mito protector. Y el mito lo generó el obispo gallego Teodomiro quien, en el inicio del siglo IX sostuvo que los restos del apóstol Santiago se hallaban en una antigua necrópolis no lejos de Iría. Ningún documento probaba tal tesis, pero aquella naciente sociedad necesitaba un estímulo, y el rey Alfonso II dio por válida la identificación de los restos.

Alfonso III, en el Libro de los testamentos de la catedral de Oviedo. Este monarca fue uno de los grandes protectores de Compostela.

Alfonso III, en el Libro de los testamentos de la catedral de Oviedo. Este monarca fue uno de los grandes protectores de Compostela. Imagen tomada del blog Curiosidades de la historia

Fue el principio de una grandiosa movilización hacia Compostela; una movilización que necesitaría casi un siglo para asentarse, principalmente en tiempos de Alfonso III, quien impulsó la sede episcopal compostelana y trasladó su sede regia de Oviedo a León, inaugurando así una nueva senda hacia la tumba del Apóstol: la que conocemos con el Camino Francés.

Y un mundo nuevo

Es un tiempo en el que se vislumbra un mundo nuevo, pese a que la sociedad se desenvuelve aún en un ambiente ruralizado. Estamos ante una Europa sin redes económicas, una Europa de bosques. Las gentes habitaban en chozas cubiertas de paja y las urbes eran muy pequeñas. Una ciudad como León, capital de un reino poderoso, no tendría tal vez hacia el siglo XI, cuando controlaba más de la mitad de Hispania, apenas 5000 habitantes.

Un mundo difícil; más local que universal. A la inseguridad y mal estado de las rutas comerciales en el continente, se añadía la fragmentación del Mediterráneo. Además, creció la inseguridad también en los mares que rodean Europa occidental por nuevos “visitantes”: los normandos; brutales saqueadores de las costas. Estos llegarían a saquear Lisboa y Sevilla, en tanto que por el este alcanzarían los territorios bizantinos y el Mar Negro a través de los ríos.

A la inseguridad del comercio se unía la moral eclesiástica, que condenaba el préstamo con interés y las altas ganancias. El resultado era la pervivencia de apenas los mercados locales o regionales. En este contexto, las ciudades eran poco más que grandes pueblos. Hasta el año 1000, casi no tuvieron vida comercial ni artesanal. Básicamente, eran centros religiosos y viarios, ceñidos por sólidos muros.

A partir del año mil

Será a partir del año mil cuando surja una nueva vitalidad demográfica y comercial. Es el momento en que crece la Liga Hanseática y proliferan en torno a la ciudad los burgos y los negocios de artesanía; de fabricación de paños, esmaltes, etc.

Los siglos XI, XII, especialmente, son de una inmensa eclosión de la peregrinación hacia Santiago. Y el propio Camino será una vigorosa senda de intercambio cultural. “Europa nació de la peregrinación”,  escribió Goethe.

El templo de San Miguel de Lillo, cerca de Santa María del Naranco, una capilla palatina de la monarquía asturiana. Imagen de https://www.visitoviedo.info/

Como gran parte de las frases célebres, la de Goethe sólo es parte de la realidad. Son diversos los factores que influyen en la formación de la cultura y el progreso de Europa; desde los climatológicos hasta los bélicos.

En ese resurgimiento, influirá mucho el estímulo de las cruzadas, con su aportación de materiales, tejidos, joyas, manufacturas… Se activa el comercio desde el sur hacia el resto de Europa superando los Alpes y utilizando los valles del Rin y del Ródano. Esta apertura comercial se unió a otra línea de comercio hacia el este, hasta China, a través de los puertos del oriente mediterráneo.

Después se consolidarán las grandes ferias protegidas por los nobles y reyes. Crecerá el flujo monetario, surgirá la letra de cambio… En definitiva, crece el campo de las finanzas, crecen los burgos; empieza a nacer la sociedad burguesa… Y la peregrinación cambiará a medida que lo haga esa misma sociedad.

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