Continuamos nuestra serie sobre la historia de las peregrinaciones, analizando las razones de la peregrinación; en concreto nos referiremos a la aventura, la salud, la penitencia y el agradecimiento. (Peregrinaciones y peregrinos (10): razones para la peregrinación (2) 

Por Tomas Alvarez

Desde el origen de las peregrinaciones a Compostela, las razones para “echarse al Camino” han sido múltiples y han variado a lo largo de los siglos. Poco tiene que ver el mundo del ser humano del siglo XXI con el de la Alta Edad Media; época caracterizada por la dureza de la existencia y un panorama de pestes, hambrunas y violencia.

A lo largo de los siglos no sólo ha cambiado la sociedad, sino también el propio ser humano, cuya mentalidad, antaño condicionada por una cosmovisión teocrática y mágica, es en nuestro tiempo más racional y lúdica. Y todo ese tipo de mutaciones incide inevitablemente tanto en el viaje como en las motivaciones que impulsan a la partida.

Peregrinos avanzan por un camino de Antoñán del Valle(León) en la senda de Künig

Entre las razones de la peregrinación está el conocimiento de los caminos. Peregrinos avanzan por Antoñán del Valle (León) en la senda de Künig hacia Santiago de Compostela. Imagen de Alex Camino/elcaminodekunig.com

Razones de la peregrinación: la penitencia

Sería un error imaginar el recorrido hasta Compostela como un viaje placentero, amenizado por encuentros propicios para relatar fértiles historias como las descritas por antaño por Geoffrey Chaucer en los Cuentos de Canterbury.

Pese a la caridad de los centros asistenciales y de los pobladores de los ámbitos camineros, el viaje resultaba duro para un hombre sencillo y de escasos recursos económicos: cansancio, aspereza de los territorios, inclemencias del tiempo… El caminante debía avanzar incluso ojo avizor ante la posible presencia de fieras, bandoleros o truhanes especializados en desvalijar al viajero incauto.

Ese largo e incierto camino se emprendió en muchas ocasiones como acción de arrepentimiento, como expiación por algún pecado o acción contrario a la moral cristiana.

A Compostela, por crímenes… o sexo

En la literatura aparecen desde la Edad Media numerosos casos de peregrinajes a Compostela para penar por las acciones pecaminosas, tanto delitos de sangre como comportamientos lujuriosos. No faltan los casos colectivos curiosos, como las peregrinaciones ordenadas a las prostitutas de Ypres para “limpiar” su alma en el Camino.

Pero no sólo eran las prostitutas las condenadas a peregrinar, sino que a veces eran los mismos clérigos los obligados a hacer la ruta como penitencia. Se cuenta un caso del arzobispo de Canterbury, quien en 1283 descubrió en la parroquia de Hamme que el titular era un pecador incorregible que  mantenía una activa vida sexual con varias feligresas. El párroco se arrepintió momentáneamente pero pronto retornó al goce. En vista de ello, el dignatario le ordenó como penitencia tres grandes peregrinajes: a Santiago, Roma y Colonia. No se sabe si surtió efecto tan gran esfuerzo.

Con este tipo de viajeros no es difícil imaginar apasionados encuentros carnales en el Camino, aunque no abundasen estos en el interior de las instituciones de acogida, porque las directivas morales establecían una separación de hombres y mujeres. El propio refranero español recordaba: «entre santa y santo… pared de canto».

Desde Santiago al Ganges

En todo el mundo, los peregrinajes por arrepentimiento siguen siendo habituales en nuestro tiempo. Y a veces espectaculares.

En los medios de comunicación, todos los años encontramos imágenes espectaculares como las de los baños multitudinarios en el Ganges, donde los hinduistas se limpian de sus faltas, o las duras escenas de los flagelantes de la Ashura, en Kerbala, donde se halla el mausoleo de del imán Husein, mártir al que los chiitas consideran sucesor legítimo de Mahoma.

Tanto las citas del hinduismo como la festividad de Kerbala congregan a millones de personas. En esta última, impresiona el desfile de flagelantes ensangrentados, que se golpean con cadenas o espadas, en duelo por Husein y en lamento por no haber defendido en su día al nieto del profeta.

Razones de la peregrinación: los favores recibidos

También el agradecimiento a los seres superiores por los favores recibidos ha movido al ser humano a peregrinar a los centros vinculados a la divinidad o a los bienaventurados.

En la cultura cristiana se recuerda que el propio Cristo acudió al Templo en la Pascua. La peregrinación al templo de Jerusalén en esa fecha era crucial para los hebreos. La Pascua judía se denomina Pésaj  y en ella se agradece a Dios la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto, narrada en el Éxodo.

Perduran en todo el mundo celebraciones de este tipo. El ser humano, atribulado por guerras y pestes, recurrió a dioses, vírgenes o santos para demandar la liberación ante el problema apocalíptico. Luego, pasado el peligro, permanecieron numerosas costumbres de acudir a santuarios una vez al año para rememorar la gratitud ante el favor conseguido.

En la imagen una escena referida al Quijote. Peregrinos alemanes comen alegremente con Sancho. Grabado del siglo XVIII, del pintor José Camarón.

Hasta en la literatura aparece también la peregrinación como aventura pícara. En la imagen una escena referida al Quijote. Peregrinos alemanes comen alegremente con Sancho. Grabado del siglo XVIII, del pintor José Camarón.

Los exvotos

Pero otras veces no fueron los favores colectivos sino los personales los que motivaron el agradecimiento de quienes se consideraron escuchados por los seres venerados. En prueba de agradecimiento, desde la antigüedad se acostumbró a peregrinar a los santuarios para llevar exvotos, ofrendas de agradecimiento. Dichas ofrendas solían ser representaciones de personas, animales o miembros del cuerpo humano, realizados en arcilla u otro material.

En los museos, especialmente los arqueológicos, es habitual encontrar exvotos; pero también es frecuente encontrarlos en determinados santuarios. Allí vemos piernas o brazos de cera, muletas, etc., que recuerdan la gratitud ante una curación conseguida tras implorarla a algún ser bienaventurado. No faltan quienes portan a perpetuidad un escapulario con la imagen de un santo o la Virgen venerada, como señal de gratitud por tales favores recibidos…

Razones de la peregrinación: la salud del cuerpo

Cada año, unos seis millones de personas visitan Lourdes, la pequeña ciudad francesa que se arracima en torno a la impetuosa corriente del río Gave. Ciudadanos de todos los continentes, de más de un centenar de países, recorren sus calles, el entorno de la gruta del milagro y los santuarios marianos. Son multitud los viajeros que llegan allí en busca de la salud.

El paisaje de la zona es atractivo, pero el interés por Lourdes surgió en todo el mundo, repentinamente, en 1858, cuando en la gruta de Massabielle se apareció la Virgen a una muchacha. El agua que mana allí es para muchos un don del cielo con capacidad de curar.

Cada año hay centenares de personas que se sienten curadas tras el viaje, aunque en el listado oficial de “curaciones milagrosas” es mucho más exiguo.

Desde Epidauro a Castrojeriz

La peregrinación a un lugar apartado como Lourdes está indisolublemente ligada a la salud. No es un caso nuevo. Desde la antigüedad tenemos constancia de la existencia de lo que se ha llamado los “santuarios terapéuticos”, el más famoso de los cuales era el de Esculapio en Epidauro, donde los enfermos eran purificados por medio del agua sagrada.

Se dice que en aquel centro terapéutico, donde se daban numerosas curaciones, se desarrolló una autentica escuela de medicina. El núcleo del conjunto terapéutico era el templo, pero había otras dependencias, como baños y dormitorios en los que reposaban aquellos que encomendaban al dios su salud.

Según se cuenta, los durmientes recibían la visita de la divinidad en sueños, y a la mañana siguiente los sacerdotes les interpretaban lo que habían soñado y les hacían sus recomendaciones. Para llevar a cabo las actividades prescritas, se disponía de zonas de deportes y teatro. El centro –que gozó de gran prestigio– celebraba cada cuatro años un famoso festival atlético y cultural al que peregrinaban gentes de toda Grecia.

En la Edad Media europea algunos de los centros más visitados por su atención sanitaria fueron los conventos y hospitales de la orden de San Antonio, que atendía a los enfermos afectados por el ergotismo, Fuego de san Antón  o Mal de los ardientes. Uno de los centros españoles dedicado a estos es el que existía junto a la localidad de Castrojeriz, Burgos.

atención a los enfermos del ergotismo en un centro antoniano

Retablo de San Antonio Abad, con detalle de uno de sus paneles, donde se atiende a enfermos del ergotismo, y donde se observa un féretro con las reliquias del santo; obra del Maestro de Rubió, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña/ https://www.museunacional.cat/

Razones de la peregrinación: la aventura

No cabe duda de que otra razón para echarse al camino responde en muchos casos a la atracción de la aventura.

Los puristas dicen que es necesario separar los conceptos de aventura y peregrinación, sosteniendo que para que el viaje sea calificado como peregrinación ha de tener una connotación devocional.

Pero la realidad es otra. Entre los millares de personas que avanzan hacia Compostela hay un gran porcentaje que hace el camino como divertimento, reto probatorio de sus fuerzas y actividad liberadora de tensiones cotidianas. …Y al final se llevan la típica Compostela, credencial que les califica de peregrinos.

Para muchos estudiantes, por ejemplo, el trayecto a Santiago se ofrece en los días de verano como un recurso barato para explorar el orbe, dejando atrás la dureza de los estudios y la monotonía de la vida escolar, trocándola en una gozosa marcha por las soledades, los yermos y los vergeles que se suceden en el itinerario milenario. Aun sin estar impelidos por la fe, los viajeros peregrinan a su modo, disfrutando de la sacralidad del paisaje y empapándose de sentimientos de armonía y amistad.

Desde la gran literatura a las crónicas odepóricas jacobeas

…Hasta en la literatura tenemos numerosas citas de gentes que se aventuran a la peregrinación, no por devoción sino como saludable y provechoso divertimento. Hasta en el Quijote, Cervantes nos presenta a una gavilla de peregrinos que viene de Alemania, para recorrer caminos y disfrutar viviendo del cuento…

El peregrinaje por la aventura fue especialmente notable en los tiempos en los que menguó  del impulso de carácter religioso.

En los siglos XVIII y XIX tenemos varios relatos que lo confirman. La crónica del viaje de Guillaume Manier nos ilustra especialmente sobre cómo un grupo de muchachos de Picardía, Francia, avanzan por los caminos de Francia y España con un espíritu aventurero, pícaro y descarado.

A su manera, también eran peregrinos.

Capítulo anterior de esta serie (razones de la peregrinación 1)