Desde la antigüedad, Oviedo y San Salvador eran las dos formas de denominar a la capital del reino asturiano; centro de peregrinación de interés universal por sus innumerables y valiosas reliquias.
Por Tomás Álvarez
El viaje a Oviedo, para ver las famosas reliquias de la Cámara Santa, fue siempre un aliciente para los peregrinos que acudían a Compostela. «Quien va a Santiago y no va al Salvador, ve al criado y olvida al señor», se decía en la antigüedad para recordar que Oviedo era un punto esencial en el contexto de las peregrinaciones y uno de los lugares de visita recomendados a todos los viajeros a Compostela.
La identificación de Oviedo como San Salvador se debía a la titularidad de la catedral ovetense, donde se hallaba el inmenso relicario sacro; relicario que era uno de los grandes «imanes» que movían la peregrinación hacia la ciudad.

Oviedo y San Salvador eran las dos formas de denominar a la capital del reino asturiano; porque su catedral -dedicada a San Salvador- fue un centro de peregrinación de interés universal por sus innumerables reliquias. En la imagen, la catedral al atardecer. Guiarte.com
Numerosos peregrinos santiagueños, autores de crónicas de viaje, alcanzaron la ciudad asturiana; bien avanzando por la costa o bien por León. Muchos acudían en el viaje de ida hacia la tumba el Apóstol ; otros en el trayecto de retorno.
El viaje por la costa… o desde León
En el viaje de ida pasaban aquellos que procedían del entorno de Bayona y que avanzaban por la costa; pero también los que desde León tomaban dirección norte para cruzar la Cordillera Cantábrica. Este era un camino bello y difícil del que tenemos multitud de referencias.
Entre los que llegaron por la costa podemos citar al obispo armenio Martiros de Arzendjan. Este recorrió unos 18.000 kilómetros visitando centros de peregrinación de toda Europa, entre 1489 y 1496. Martiros pasó por Santander, Oviedo y Betanzos, de camino a Santiago.
Otros muchos viajeros avanzaron por el interior peninsular, tales como Antoine de Lalaing, quien fue gobernador de los Países Bajos en el siglo XVI, y viajó con otros tres nobles hasta Santiago, siguiendo el itinerario de León – Oviedo – Compostela. También lo hizo el noble polaco Jakub Sobieski en el mismo siglo. Entró por Bayona y el Camino de Baztán, para proseguir por Burgos y León, desde donde cruzó la Cordillera para llegar a Oviedo.
El paso de Pajares
El viaje de León a Oviedo fue inmensamente popular. Hermann Künig lo advierte en su guía; la primera escrita para los peregrino santiagueños, en el siglo XV. Künig no habla de Oviedo, sino de «San Salvator«.
En la archiconocida Grande chanson francesa también se advierte que León es gran cruce de caminos, donde se propone a los caminantes la oportunidad de marchar hacia Oviedo para continuar desde allí a Santiago.
Es este un camino duro, según se advierte en las diferentes versiones del canto. En una de ellas, incluso, se señala que muchas mujeres quedan viudas a causa de la dificultad del trayecto. “Quand nous fûmes aux monts d’Esture/ Qui sont si froids et si rudes/ Ont fait plusieurs coeurs dolents/ Ont fait plusieurs femmes veuves / Orphelins petits enfants…”
Para atenuar ese duro viaje, casi en la divisoria de las cuencas cantábrica y del Duero, se creó el monasterio y hospital de Santa María de Arbás; una fundación impulsada por el conde Fruela Díaz, magnate notable del reino de León.
La visita al regreso de Compostela
Había también muchos viajeros que tras alcanzar Compostela, e incluso Finisterre, regresaban por Oviedo. Luego, desde allí, bajaban a León, cruzando la temida Cordillera Cantábrica. Este fue el caso de peregrinos como Arnold von Harff, patricio de Colonia; Jean Bonnecaze o de Guillaume Manier.
Unos y otros se emocionarían al contemplar el cúmulo de reliquias atesoradas en el Arca Santa, que según la leyenda, procedía de Jerusalén; arca que fue enviada al occidente cristiano ante la invasión del emperador sasánida Cosroes II, en el año 614.
Los cristianos de Jerusalén salvaron en aquelIa ocasión multitud de reliquias de Cristo y María, así como el Santo Sudario. Sin embargo no pudieron salvar la totalidad de la reliquia de la Vera Cruz, que estaba en la basílica del Santo Sepulcro. Las crónicas sasánidas dicen que fue llevada por Cosroes a su palacio, donde la utilizó como escabel del trono.
El arca viajera
El Arca pasaría por diversos puntos de España, y en tiempos de la invasión musulmana se escondió en el Monsacro, Asturias, siendo trasladada a Oviedo en el siglo IX por Alfonso II el Casto.
En el siglo XI, en tiempos de Alfonso VI de León, se inventarió el contenido. La sucesora de este rey, Urraca I de León, la primera mujer monarca europea, mandó recubrir la caja de madera; con un excelente trabajo de orfebrería, realizado en plata.
Los estudiosos del contenido dividen este en piezas que pueden pertenecer a los primeros tiempos del cristianismo; reliquias que pudieron ser añadidas durante la estancia del arca primitiva en Toledo, y añadidos posteriores.

Santa María del Naranco, palacio real prerrománico en las afueras de la ciudad de Oviedo. Imagen de Guiarte.com
Oviedo y San Salvador
Así como en ocasiones los viajeros que llegaron a Compostela, dejaron en sus crónicas dudas sobre la identidad de las reliquias del Apóstol, las canciones y relatos de los viajeros que pasan por “San Salvador” suelen ser admirativos.
En algún caso, los viajeros dejaron constancia de lo que se albergaba en el relicario. Así, Guillaume Manier, da un listado, recogido al parecer de la obra del P. Flórez.
En él, aparecen un Lignun crucis, espinas de la corona de Cristo, el Sudario, pan de la Última Cena, ropa y cabellos de la Virgen María, un denario que recibió Judas por la venta del Señor, un fragmento de la vara de Moisés, reliquias de los doce apóstoles y de un interminable número de santos, así como otros elementos como las cruces de los Ángeles y la Victoria.
La Cámara Santa
Oviedo se asentó como centro del reino de Asturias con Alfonso II el Casto (760-842), quien orientó su largo reinado a consolidar un territorio cristiano frente a la Hispania islámica. En esa política encajó el nacimiento del mito de Santiago, impulsando a Compostela como lugar de veneración de un apóstol especialmente cercano a Cristo.
Alfonso II –con su viaje desde Oviedo a Compostela- sería considerado como el creador del Camino Primitivo, que parte desde Oviedo.
Surge en aquel tiempo también la diócesis ovetense, desgajándola de la de Astorga, sede Apostólica que abarcaba todo el convento jurídico asturicense, desde del Duero al Cantábrico. El monarca también impulsó las obras de la catedral. Algunos sostienen que también fundó la Cámara Santa, aunque parece que esta fue obra del tiempo de Alfonso III.
Alfonso III, aún cuando trasladó la capital de la corte a León, fue un notable impulsor de Oviedo. En su época, según parece, se construyó la Cámara Santa y se le aportaron nuevas reliquias. Fue este monarca quien donó a la catedral la Cruz de la Victoria, en el año 908 y quien entregó un palacio para centro de hospitalidad de peregrinos.

El templo de San Miguel de Lillo, cerca de Santa María del Naranco, una capilla palatina de la monarquía asturiana. Imagen de https://www.visitoviedo.info/
Una ciudad con arte e historia
En el conjunto de la catedral perviven partes de épocas prerrománica y románica, aunque el edificio actual es básicamente gótico. Si lo más notable es la famosísima Cámara Santa, lo más espectacular es la torre catedralicia, obra del siglo XVI, coronada por un bellísimo chapitel.
La catedral no sólo fue centro de peregrinación, sino auténtico faro de la ciudad y espacio literario realzado por Leopoldo Alas, “Clarín”, en “La Regenta”. Una estatua ubicada ante la fachada del gran templo ovetense nos recuerda a la dama protagonista de la obra maestra de este autor.
La visita a Oviedo es sumamente agradable, porque en esta ciudad, que actualmente ronda los 200.000 habitantes, perviven elementos notabilísimos medievales, como Santa María del Naranco, palacio prerrománico residencia del rey Ramiro I, del siglo IX, obra de notable armonía y belleza. Muy cerca de este palacio está el templo de San Miguel de Lillo, también de mediados del siglo IX. Fue la capilla palatina.
En 1998, la UNESCO incluyó en su lista del Patrimonio Mundial al arte medieval del reino de Asturias. En su territorio -señaló- nació un estilo que afectaría al desarrollo de la arquitectura religiosa de los diversos territorios del reino de León. «Emplazadas en la capital asturiana, Oviedo, y en sus alrededores, las iglesias de Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo, Santa Cristina de Lena, San Julián de los Prados y la Cámara Santa de la catedral de San Salvador son los edificios más representativos de ese estilo«.
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