Entre los peregrinos italianos del siglo XVI, cabe señalar a Bartolomeo Fontana, un veneciano que realizó un viaje a Roma y Santiago de Compostela entre 1538 y 1539.
Por Tomás Alvarez
El Renacimiento fue una época de grandes viajeros, por mar y por tierra. Fueron muy numerosos los personajes que acudieron en aquel tiempo a visitar ciudades de peregrinación, alcanzando en sus recorridos lugares tan lejanos como Jerusalén, Roma y Santiago. En algunos casos –como Arnold von Harff– llegaron a las tres ciudades; en otros, como Bartolomeo Fontana, conocieron Roma y Compostela.

Itinerario del veneciano Bartolomeo Fontana a Santiago de Compostela, en el siglo XV. Imagen de El Camino de Künig.
En la mayoría de los testimonios de los siglos XV y XVI, las crónicas van impregnadas de una cierta fascinación por el conocimiento de nuevas tierras, nuevas costumbres. Se detecta mayor interés en el descubrimiento de los países, las costumbres, la historia o la naturaleza y un menor impulso de la religiosidad. En viajeros como Münzer o Fontana es palpable ese interés por conocer… y por divulgar.
Un maestro con ganas de ver mundo
Era el 19 de febrero de 1538 cuando este maestro, hijo de un mercader, partió hacia el oeste. Se trataba de una persona con fama de culta, que incluso se toparía con la inquisición años después de su viaje a Compostela; acusado por ideas erasmistas.
En 1550 publicó el relato de su viaje, con un título nada sintético: “Itinerario o vero viaggio da Venetia a Roma con tutte le città, terre e castella per strade più habitate, con breve dittione delle sette chiese principali di Roma, et altre divotioni notabili; seguendo poi per ordine di Roma fino a Santo Iacopo in Galitia, Finibus Terrae, La Barca, il Padrone et Santo Salvatore, per più d’una via che far si può, con il nome pure delli paesi, delle cittadi, et terre, così marittime, come fra terra, reliquie, et chiese principali che per camino si trovano, montagne, heremi, fiumi et mari famosi che veder conviensi, fedelmente descritto, sì come dall’autore è stato cercato e veduto”
El primer objetivo de Fontana fue conocer Roma. En su camino pasó por Ferrara, Faenza y Forli. Allí encontró a un peregrino que se encaminaba a Loreto, donde se halla la basílica de la Santa Casa, que según la tradición alberga la que fue residencia donde un arcángel anunció a la Virgen María que sería madre de Jesús; edificación cuyas paredes serían trasladadas a tierras cristianas en tiempos de las cruzadas.
Ese núcleo de devoción mariana se ennoblecería arquitectónicamente en el siglo XV por iniciativa del papa Julio II, que encargó al arquitecto Donato Bramante hacer la espléndida basílica actual. Fontana quedó impresionado por la inmensa afluencia de familias enteras, de tierras lejanas, que acudían a este lugar de peregrinación. Entre los fieles se encontró también a otro viajero de Piamonte que deseaba marchar también a Compostela.
Camino hacia tierras protestantes
En Roma, Fontana compatibiliza la visita piadosa a iglesias y monasterios con la contemplación de los principales elementos de la ciudad antigua. Tras su paso por la Ciudad Eterna, emprendió camino hacia el norte, en dirección a Florencia y Bolonia para seguir hacia Milán, Lucerna y Basilea; urbe que califica de luterana pero hospitalaria. De allí pasará a Dijon y Lyon.
Bartolomeo Fontana descenderá luego por el valle del Ródano pasando por Pont Saint Esprit, Aviñón, Arlés, Aigues Mortes, Montpellier, Narbona y Perpiñán. Como multitud de peregrinos, continuará a la vera del Mediterráneo para conocer Barcelona y, sobre todo, Montserrat cuyo centro religioso califica de “cosa admirable”, comparando la trascendencia de la Virgen de Montserrat con la de Loreto en Italia.
Si la guía de Künig, la primera escrita para los peregrinos a Compostela, define los dos flujos más importantes del peregrinaje continental europeo, el relato –que no guía- de Fontana desvela muchos aspectos relativos a otros itinerarios. Su propio viaje testimonia la importancia de Montserrat, por donde pasa una gran cantidad de viajeros europeos -sobre todo italianos- en su marcha hacia Compostela.

Vista parcial de Venecia, inicios del siglo XVI, de Gian Battista Arzenti. Museo Correr; Venecia
Itinerarios desde Montserrat
Explica el veneciano que desde este monasterio algunos peregrinos parten hacia Madrid, por Sigüenza, continuando hacia Toledo y Guadalupe, otro monasterio con gran atractivo para multitud de viajeros a Compostela. Añade que muchos de quienes hacen este recorrido suben luego por Salamanca hacia León, para continuar a Compostela.
Otro itinerario seguido desde Montserrat por algunos, según Fontana, avanza por Tarragona, Valencia, Cartagena, Granada y Sevilla, para proseguir desde Andalucía bordeando la costa hacia Lisboa y Bayona (Pontevedra); accediendo así a Compostela. Incluso alude alude que hay quien desde Valencia ya va costeando el Mediterráneo, por Almería, Gibraltar, Lisboa y Bayona.
El itinerario que sigue el italiano tampoco es muy habitual. Tras dejar atrás Lérida y Zaragoza, irá por Calatayud, Aranda de Duero, Valladolid y Benavente hasta León. En esta ciudad destacó la belleza del templo de Santa María, que califica como uno de los más bellos de España. Luego, en la disyuntiva de avanzar directamente hacia Santiago o desviarse hacia Asturias toma esta dirección, como hicieron –a la ida o a la vuelta- innumerables viajeros durante el Renacimiento. “Chi va à San Giacobo et non à Salvatore, visita il servo, et lascia il Signore”, escribe Fontana.
Bella Asturias
Siguiendo por Pola de Gordón y Buiza, alcanzó la abadía de Santa María de Arbás. Era mediados de agosto de 1539, y el viajero soportó entre los duros montes una auténtica tempestad. La abadía se halla en la vertiente leonesa del paso de Pajares, un paso que las crónicas santiagueñas , y muy en especial las distintas versiones de la Grande Chanson francesa, definían como enormemente peligroso. En una de ellas se decía: “Quand nous fûmes aux monts d’Esture/ Qui sont si froids et si rudes/ Ont fait plusieurs coeurs dolents/ Ont fait plusieurs femmes veuves / Orphelins petits enfants…”
Pasadas las alturas de los montes, el peregrino entró en un territorio que calificó como un paraíso: Asturias. Entonces recordó la canción de un peregrino francés que en sus versos habla Asturias, “bella Asturias, tan bella pero tan dura”. En Oviedo, el 20 de agosto, visitó San Salvador (la catedral) deteniéndose especialmente ante las gran teoría de reliquias allí atesoradas.
Continuando por la vía de la costa, el viajero llegó a Ribadeo pero ahí también innovó. Avanzó por Puentedeume, donde le encantó el viejo puente. Siguió por La Coruña, Santa María de la Barca y Finisterre. Allá, en lo que consideró el final de Europa, el culto viajero, emocionado, describirá el origen del nombre de Europa, refiriéndose a los mitos de la cosmogonía de la Grecia clásica. Desde aquel extremo del Continente, marchará a Corcubión y Compostela.
Y Compostela
Ya en la ciudad del Apóstol, el viajero italiano nos relata una serie de reliquias y describe cómo un religioso explica las mismas, en lengua española, francesa, italiana y alemana. Era el 18 de septiembre de 1539. Bartolomeo Fontana abandonó la ciudad después de haber sido confesado por un sacerdote veneciano, y de recibir la comunión con gran fervor.
En el regreso alcanzó Padrón, para seguir por Pontevedra, Redondela, Rivadavia, Orense, Triacastela, Ponferrada, Astorga, Burgos y Santo Domingo de la Calzada, donde dedicará amplia descripción al milagro del joven ahorcado y de las aves que volaron después de asadas.
Otro camino inusual
A través de Roncesvalles, llegará a Toulouse, pero de nuevo tomará un vía alternativa, para dirigirse a Montauban, Rodez, Puy en Velay, Saint Etienne y Lyon; un camino que ciertamente no era el más directo para retornar a Italia, y en el que de nuevo se encontraría con poblaciones, como Montauban, que habían tomado decididamente el partido de los hugonotes.
Desde Lyon, el viajero retornará hacia Chambery en dirección a Turín y Milán. El relato es ya muy breve. De modo que en su paso por Turín no cita para nada la visita a la Cámara donde se hallaba el Santo Sudario, lo que pudiera parecer al lector de su crónica que tras pasar por numerosas poblaciones en poder de los hugonotes su propia fe habría menguado. Esa síntesis se observará ya hasta Venecia. Sólo ante la llegada a la ciudad expresa una emoción sincera.
Tras pasar por Capua, llega a Lizza Fusina, el último lugar de tierra firme, por lo que ha de seguir hasta Venecia en una embarcación. En su reencuentro con la patria se emociona al ver la espléndida silueta de la ciudad con sus templos y torres, con San Marcos; enumera los tesoros de reliquias de la urbe y agradece a Dios el Camino y la llegada.
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