Surgida en la profunda Edad Media, en torno a una altiva fortaleza, Núremberg prosperó durante siglos como centro comercial y político del Sacro Imperio, y muchos de sus pobladores más notables emprendieron la peregrinación a Santiago de Compostela; hasta 1525, cuando la Reforma protestante triunfó en la ciudad. Sin embargo, aun hoy perviven los ecos de aquel pasado santiagueño.

Por José María García Álvarez

Entre las sorpresas de mi paso por Núremberg, figura la constatación de la pervivencia de elementos que nos recuerdan la importancia del Camino de Santiago para esta ciudad alemana, hasta los días del Renacimiento.

Nuremberg siglo XV

Núremberg en el siglo XV, época en la que desde esta ciudad viajaron a Santiago personajes como Peter Ritter, Sebald Örtel, Jerónimo Münzer, Gabriel Tetzel o Sebald Ritter. Imagen del Liber chronicarum.

Tras un largo recorrido por magníficas autopistas llegamos a Núremberg, ciudad situada a 302 m. sobre el nivel del mar y con más de 500.000 habitantes; cruzando un paisaje agradable en el que abundaban los abedules y hayedos.

Antes de cenar nos sobró tiempo para conocer las murallas; adentrarnos en el recinto de la antigua ciudad, y visitar el interior de una iglesia protestante (St. Jakob), donde nos agradó ver una antigua imagen de Santiago Peregrino. Según nos dijeron, cuando esta ciudad abandonó, de la noche a la mañana, la religión católica para sustituirla por la protestante, fueron retiradas del culto la inmensa mayoría de las imágenes. Sin embargo, de manera excepcional, se mantuvo esta del apóstol Santiago a la que han continuado venerando los habitantes de Núremberg durante muchos siglos.

Todos los caminos llevan a Núremberg

Después hemos sabido que Núremberg es paso de infinidad de caminos. Y, naturalmente, también del Camino de Santiago, tal como se señala en el final de esta crónica.

Al día siguiente madrugamos para recorrer la ciudad. Dirigió nuestros pasos una joven guía de ascendencia española, quien explicó el protagonismo de Núremberg en la época previa a la Segunda Guerra Mundial; un tiempo en que, cada mes de septiembre, más de 200.000 nazis se reunían aquí para escuchar las consignas, desfilar y ensayar los grandes movimientos marciales. En la visita, pasamos junto al hotel en el que solía hospedarse Adolf Hitler; por la Sala de Congresos, y por el Campo de Marte o de Zeppelín. Visitamos la Sala de Congresos que, aunque inacabada y bien conservada, pretendía antaño ser la mayor del mundo. Por el exterior es una enorme mole rectangular con visos clásicos; el interior es de ladrillo. El conjunto imita y supera en superficie al Coliseo de Roma. Ahora es un centro de documentación de los congresos nazis. Situada junto a un bello lago, impresiona aún más vista desde la otra orilla, al estar reflejada en las aguas. Impresiona su fortaleza y tamaño.

Después de la II Guerra Mundial esta ciudad también alcanzó notoriedad por los largos procesos de Núremberg, celebrados en la audiencia cercana a la cárcel.

Interior de la la iglesia de San Lorenzo, en Núremberg, Alemania

Interior de la la iglesia de San Lorenzo, una joya artística destacada de Núremberg, Alemania.
* Fuente Commons/Wikimedia/ Kasa Fue.

Ciudad fuerte y comercial, desde la Edad Media

Sin embargo, la fama de Núremberg viene de la Edad Media ya que, como se puede comprobar, era una ciudad bien amurallada y defendida por un imponente castillo elevado sobre la roca más alta. Precisamente, durante siglos, en este castillo tomaba posesión el emperador electo del Sacro Imperio Romano Germánico. Allí también se conservaban las insignias del  Imperio.

Después de la Segunda Guerra Mundial se han reconstruido las murallas. Las defensas permanecen en perfecto estado de conservación y en las torres de vigilancia persisten los techos de teja que protegían a los defensores de lluvias y enemigos.

Una ciudad de gran tradición cultural

En el interior de la ciudad destacan la coherencia y la estética de calles y construcciones; la ausencia de circulación; la magnífica Hauptmarkt (plaza del Mercado); dos excelentes iglesias góticas, una protestante llamada de St. Lorenz (San Lorenzo), y otra católica, Liebfrauenkirche (Iglesia de Nuestra Señora); unos cuantos edificios singulares, y el sereno fluir de un riachuelo que recorre el centro. En él se suceden molinos, presas y pequeñas cascadas, haciendo de esta urbe un lugar encantador, donde seguramente la paz y el sosiego ayuden a vivir.

Aquí nació Alberto Durero. Su casa natal y varias esculturas lo recuerdan y veneran. Está enterrado en el singular cementerio de la ciudad, donde las tumbas se encuentran entre rosales y otras plantas. Es un cementerio muy especial que obedece a una antigua ley local que propugna la igualdad de todas las tumbas puesto que “Después de la muerte todos tenemos el mismo rango”.

Pero, Núremberg también es una ciudad industrial. En ella se elaboran juguetes, maquinaria para fabricar papel y permanecen algunas importantes multinacionales; entre las que destaca Siemens. Precisamente, Werner Von Siemens inició aquí sus experimentos eléctricos.

Vidriera con el apóstol Santiago en Núremberg

Perviven los ecos del Camino de Santiago en Núremberg. En la parte superior izquierda, una imagen del Apóstol, en una vidriera de la iglesia de St.Jakob.
* Fuente Commons/Wikimedia/ Andreas Praefcke.

Nuremberg, en el Camino de Santiago

Durante toda la Edad Media, Núremberg gozó de una gran vitalidad cultural y comercial. Muchos de sus nobles y comerciantes peregrinaron a Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela; a veces compartiendo su interés devocional con el comercial o diplomático.

La urbe es un gran centro viario y económico en pleno territorio germánico. Por ella debió pasar el propio Hermann Künig de camino a Einsiedeln; punto de arranque de su Oberstrasse o Camino Alto, la primera parte de su guía de la peregrinación. En aquella época, Núremberg ya era el lugar de reunión de las Dietas del  Sacro Imperio Romano Germánico.

Desde la populosa urbe viajaron a Santiago famosos peregrinos como Peter Ritter, Sebald Ritter, Sebald Örtel, Jerónimo Münzer y Gabriel Tetzel. Otro viajero famoso que alcanzó Compostela en aquel tiempo fue el polaco Nicolás von Popplau. Este, residió en la ciudad durante algún tiempo y escribió aquí parte de las crónicas de viajes que hizo al servicio del Sacro Imperio.

Fruto de su pasado santiagueño, pervive la iglesia de Santiago, originaria de 1209. El templo dependió de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén y más tarde de la Orden Teutónica. En la actualidad en él se detecta el pasado jacobeo de la ciudad, pues podemos ver al Apóstol tanto en la estatuaria como en las vidrieras. El viajero puede sellar en esta iglesia la credencial de peregrino.