Desde la Edad Media, en el camino de los peregrinos hacia Compostela, una de las villas navarras de más interés fue Los Arcos. Hermann Künig la definió como la ciudad de los judíos.

Por Tomás Alvarez

Los Arcos, con un millar de habitantes, aproximadamente, está a 624 kilómetros de Compostela, pero en sus calles y plazas se denota habitualmente la animación de los peregrinos. Ya en el siglo XIII llegó a contar con tres hospitales, y en la actualidad cuenta con varios albergues.

Para el viajero del siglo XXI, la imagen de la villa no se relaciona con los judíos, sino con el arte, y de manera especial con su gran iglesia de Santa María y el espectacular campanario de la época del Renacimiento, que se levantan a la vera del río Odrón.

Una inesperada «catedral»

La altiva torre de la iglesia de Santa María, en Los Arcos, Navarra

La altiva torre de la iglesia de Santa María, en Los Arcos, Navarra, población a la que denominó Künig como la ciudad de los judíos. Imagen de José Holguera.

Algunos de los peregrinos que pasaron por el lugar también han quedado impresionados por el edificio. El mismo Domenico Laffi, peregrino boloñés del siglo XVII, habla en su famosa crónica del viaje de la “catedral” de Los Arcos.

La altiva torre es una de las más bellas de Navarra. Consta de cuatro cuerpos, todos ellos de planta cuadrada, salvo el cuarto, que es poligonal. Una airosa linterna remata el conjunto.

La iglesia es originaria del XIII, pero la estructura actual es básicamente gótica y renacentista, con elementos posteriores. En el rico interior destaca su grandioso retablo Mayor, del siglo XVII, que preside una Virgen gótica. El órgano es también espectacular. Al sur de la  nave se halla el excelente claustro, de época final del gótico, cuyas delicadas tracerías recuerdan las del claustro de la catedral de Pamplona.

El templo se halla en el centro del lugar, cerca de edificios señoriales en los que se denota el poderío de antaño. Delante de la bella entrada del templo, excelente trabajo renacentista, se encuentra la plaza de Santa María, uno de los puntos más agradables de la población.

Portada plateresca de la iglesia de Santa María, en Los Arcos, Navarra; con la Virgen, en el tímpano

Portada plateresca de la iglesia de Santa María, en Los Arcos, Navarra; con la Virgen, en el tímpano, y las estatuas de san Pedro y san Pablo en los lados. Imagen de José Holguera.

La ciudad de los judíos

La relación de Arcos y el mundo judío se ha de relacionar con la vitalidad económica de la población desde la Edad Media. La villa contaba desde el siglo XII con gran actividad, siendo una de las más importantes de Navarra. Cuando Künig pasó por ella ya había pasado al dominio  de la corona de Castilla.

Los Arcos no sólo era un lugar de paso de peregrinos y mercaderes, sino que también se cobraba allí el peaje de paso entre Navarra y Castilla. El vigor comercial favoreció el establecimiento de población judía. Existen documentos que confirman la existencia de una sinagoga.

Esta referencia a los judios nos ofrece una precisión muy interesante relativa a la vida del monje peregrino, cuya guía se publicó en 1495. Dado que el decreto de expulsión de los judíos fue publicado en 1492, es lógico pensar que la peregrinación del alemán, desde Vacha a Compostela, se hizo antes de la fatídica fecha, cuando aún pudo ver a los judíos en Los Arcos, conviviendo pacíficamente con el resto de los lugareños.

Nada queda de la sinagoga, ni del castillo; este tuvo cierta importancia mientras Los Arcos era una zona de frontera, pero una vez anexionada Navarra a la corona hispana, perdió su importancia militar. En el siglo XVIII la fortaleza se hallaba en estado ruinoso y fue derribada.

Escudos… y ladrillo rojo

Por el casco urbano aparecen diversos escudos, tanto en la plaza  de Santa María como en la calle Mayor, así como en la llamada puerta de Castilla, edificada en el siglo XVII. Esta consta de un cuerpo bajo, con la entrada de acceso a la villa, y tres cuerpos superiores, cada uno con su escudo; el del centro con las armas reales. La puerta formaba parte de la muralla de la villa y está unida a la propia torre de la iglesia de Santa María.

El portal o puerta de Castilla tiene cierta belleza, pero aparece absolutamente empequeñecido ante la grandeza de la torre de la iglesia; como un ciudadano de Liliput al lado de Gulliver.

La arquitectura popular de Los Arcos presenta tambien una novedad respecto a la de las villas que el peregrino ha conocido desde los Pirineos. Hasta aquí era «el reino de la piedra», con casas de grandes sillares. En Los Arcos aparece el ladrillo rojo; excelentemente trabajado, con una serie de edificaciones rojizas de hasta cuatro plantas de altura que otorgan una nueva armonía al aspecto de las calles.