Entre los viajeros que llegaron en el final del siglo XV hasta los tres grandes centros de peregrinación cristiana –Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela- figura Jean de Tournai, ciudadano flamenco de Valenciennes, localidad situada en el norte de la actual Francia.

Por Tomás Alvarez

Este peregrino salió de su localidad natal el 25 de febrero de 1488; retornando a su tierra el 7 de marzo de 1489. Poco más de un año, para recorrer un itinerario difícil y complicado por los temporales.

Itinerarios de Jean de Tournai. imagen de elcaminodekunig.com

Parece ser que Jean de Tournai peregrinó a una edad madura; en un tiempo de luchas por el control de su tierra, Hainaut, disputada por Francia y los Habsburgo. Viajó junto con otros peregrinos hasta Tierra Santa. Con él marcharon burgueses de su región y de Colonia, según se recoge en el libro Récit des voyages et pèlerinages de Jean de Tournai; texto transcrito, editado y anotado por Béatrice Dansette y Marie-Adélaïde Nielen.

Al regreso de Jerusalén, él y un sacerdote amigo de nombre Guillaume, cura de Gaudiempré, localidad cercana a Arrás, prolongaron el viaje hasta Santiago de Compostela.

El peregrino murió en Valenciennes diez años después del fin de su expedición; en 1499. Fue enterrado en la iglesia de San Juan, donde su hermano desempeñaba el cargo de abad.

Un testimonio valioso

Como el relato de Félix Fabri, el de Jean de Tournai, de la misma época, contiene detalles muy valiosos para conocer las rutas de peregrinación, los Santos Lugares y la ciudad de Roma del siglo XV. Cabe destacar también su referencia a otros centros religiosos como los de Loreto, la Sainte-Baume o la tumba de los Reyes Magos, en Colonia.

En su marcha, pasó por Bruselas, Amberes y Colonia. En esta ciudad vio las reliquias de los tres reyes magos y se sorprendió de la grandeza de la catedral gótica. Continuó hacia el sur por Maguncia y Ulm; cruzando luego los Alpes para alcanzar Trento, ya en la península italiana.

Desde Trento avanzará por Bolonia, Florencia y Siena hasta Roma, a donde llegará el 11 de abril de 1488. Tanto él como sus compañeros serían recibidos por el papa Inocencio VIII. Todos ellos permanecerán en la ciudad papal hasta el 22 de abril. El viajero nos dejará una descripción de los templos romanos y de sus contactos religiosos y comerciales.

De Venecia a Jaffa

Tras la visita a la Ciudad eterna, los peregrinos se dirigieron a la costa del Adriático; avanzando por Loreto, Ancona y Rávena hasta Venecia; ciudad que en su tiempo era el principal puerto relacionado con el Mediterráneo Oriental. Allí, el grupo embarcó en la galera Contarina, el 18 de junio. En ella alcanzarían Jaffa el 22 de julio, tras un viaje que pasó por Zadar, Dubrovnik, Corfú, Heraclión (Creta), Rodas y Chipre.

Jerusalén, según la Crónica de Nüremberg

Vista ideal de Jerusalén y del templo de Salomón, xilografía de la Crónica de Núremberg; año 1493.
* Fuente Commons/Wikimedia/Crónica de Núremberg.

En Tierra Santa pasarían dieciséis días, que les permitieron visitar tanto Jerusalén como Belén. El regreso discurrió por el mismo itinerario, pero al alcanzar Corfú, Juan de Tournai abandonó la Contarina, junto con Guillaume, para desembarcar en el sur de Italia. Visitó Bari y Nápoles; retornado de nuevo a Roma, donde volvieron a reunirse con el Sumo pontífice.

A Compostela, desde Roma

El 15 de noviembre dejaron Roma, iniciando un recorrido por Florencia, Bolonia para pasar los Alpes alcanzando Briançon, Embrun, Saint Maximin (Sainte Baume) y Marsella. Luego subirán por el valle del Ródano desde Arlés, hacia Aviñón, Valence y Vienne. Desde esta ciudad retornarán hacia el sur, pasando por Nimes, Beziers, y Toulouse hasta Roncesvalles; siguiendo la ruta que describió Hermann Künig en su Oberstrasse.

Resulta particularmente interesante su paso por Toulouse, ciudad rica y muy famosa por las reliquias de los apóstoles. Guillaume, el sacerdote que viajaba con Jean de Tournai, dijo misa precisamente ante el cuerpo atribuído a Santiago el Mayor. La ciudad estaba recién reconstruida tras un incendio, y en ella visitaron tambien el magnífico templo gótico que albergaba las reliquias de Santo Tomás de Aquino.

El paso por el Bearn y Gascuña no fue del agrado de los viajeros, tanto por la pobreza de la zona como por algún peaje que tuvieron que pagar. Más placentero resultó la estancia en Roncesvalles. El relato de Jean de Tournai describe el enclave, con una iglesia que califica de muy hermosa y con altar de plata. Allí les mostrarán el cuerno que tocó Roldán y el estribo que perteneció el arzobispo Turpin.

La via de San Salvador

Desde Roncesvalles, la ruta dsescrita por el peregrino fue la de Pamplona, Burgos y León. En el curso de la misma contará el milagro del gallo y la gallina que estaban asándose “dentro del asador y que, milagrosamente, por el poder de Jesucristo y Santiago, cantaron en el dicho asador

En León, los viajeros tomarían la senda hacia Oviedo, por Santa María de Arbás; un itinerario seguido habitualmente por muchísimos peregrinos, tal como se recoge en las distintas versiones de la Grande chanson francesa; ruta que les llevará por Ribadeo hacia Melide y Compostela.

Lo más notable de este periplo sería el paso por San Salvador (Oviedo), en cuya santa capilla les mostraron los relicarios de la iglesia. Entre ellos destacó el crucifijo con la Vera Cruz, obra “hecha por los ángeles del Paraíso”. En otra capilla señala que pudo ver el recipiente en el que “Nuestro Señor Jesús (…) convirtió el agua en vino”.

torre de la catedral de Oviedo

La magnífica torre de la catedral de San Salvador de Oviedo, famosa desde la Edad Media por tu inmenso relicario. Imagen de guiarte.com

Santiago de Compostela

Jean de Tournai y su compañero alcanzarían Santiago de Compostela el 26 de enero de 1489. En esta ciudad estuvieron tres días. En ella describe cómo subió la escalera de detrás del altar mayor para abrazar “la imagen hecha de madera en honor de Santiago”. “la imagen tiene en su cabeza –escribe- una corona, que tomé entre mis manos coronándome yo mismo”.

El viajero describe que allí había un cartel con una leyenda «Hic jacet corpus sancti Jacobi, filii Zebedei» y que en el  templo le mostraron el báculo del santo. Luego pasaron a una Santa capilla donde estaba “la cabeza de Santiago el Mayor”(sic), y otros varios relicarios.

Un oficial de la catedral –vestido de blanco y rojo- explicaba en tres idiomas a los asistentes que quien no creyera firmemente que el cuerpo de Santiago estaba allí peregrinaba en vano. Sin embargo, Jean de Tournai se mostró escéptico, porque había visto en Toulouse los cuerpos de los dos santiagos. Por ello creía que el cuerpo del Apóstol estaba en Toulouse y en Santiago se hallaba sólo la cabeza.

Entre nevadas e inundaciones

La vuelta fue muy dura, con los montes que les llevarían a La Faba, todos, nevados. Relata en su crónica que durante la marcha se hundían en la nieve hasta la rodilla y a veces hasta los riñones, por lo que se agarraban entre ellos con los bordones para ayudarse mutuamente. Un recorrido de soledad, en el que pasaron miedo y hambre; hambre que no quitarían hasta hallarse en el Bierzo.

En un la iglesia de un pueblo cercano a Villafranca, Guillaume ofició la misa. Era la fiesta de la Candelaria y los fieles llevaron ofrendas: pan, huevos y otras cosas; ofrendas que entregaron al sacerdote pero que este devolvió a Guillaume. Desde el templo regresaron, en compañía de algunos fieles que siguieron la ceremonia, hasta la posada donde se habían acogido. En ella organizaron una comida con las ofrendas, ágape en el que no faltaron ni el vino ni los chorizos.

Jean de Tournai elogió el vino y el chorizo bercianos: “bebimos muy buen vino y comimos unas salchichas deliciosas. Después de comer pregunté (al posadero) cuánto debíamos y este respondió que don Guillaume les había dado un respiro espiritual y que ahora ellos deseaban darnos un respiro físico”.

Burgos, encrucijada de caminos

El problema de la nieve aún resultó más duro pasado el puerto de Foncebadón y Astorga. Al deshelarse la nevada, los ríos venían henchidos de agua y los caminos habían desaparecido prácticamente en medio de inmensos lagunales donde estuvieron a punto de desaparecer. La intervención de unos mozos jóvenes y fuertes les permitió alcanzar el destino de León, donde se reunieron con otros peregrinos conocidos, uno de los cuales también había estado en Jerusalén.

En el regreso continuaron con los peregrinos citados hacia Burgos, ciudad donde se separaron; unos –los de la región de Auvernia- para continuar hacia Logroño, y otros -el propio Jean de Tournai y Guillaume- hacia Bayona, por Briviesca, Vitoria y el paso de San Adrián.

crucero de Gamonal, Burgos

Uno de los cruceros góticos más bellos del Camino de Santiago es el de Gamonal, en Burgos. Imagen Miguel Moreno Gallo.

Del paso de San Adrián recuerda que  “allí hay una capilla para cantar misa. Y hay gente que vive allí; y hay pan, vino y también alojamiento (…) Y sobre todo, hay soldados custodiando el paso, pues es la entrada al reino de España”.

La senda de Bayona

La senda -la que denominó Hermann Künig como Niederstrasse– continuó en dirección a Irún por un país –escribe Jean de Tournai- donde se bebe vino de sidra, “pero nunca lo bebí, salvo una vez para saber qué tipo de bebida era”. Tras dejar Irún los viajeros pasaron por San Juan de Luz y Bayona hacia Burdeos, Blois, Orleans, París, Amiens y Arras, hasta alcanzar su patria.

Catedral de Amiens

Portada de la catedral de Amiens, en el norte de Francia; uno de los edificios más espectaculares del arte gótico. Imagen de SommeTourisme-AW

En la larga narración, asombra la viveza de los sentimientos de gozo tanto con la visita a los centros religiosos como en el contacto y el reencuentro con sus compañeros de peregrinación. Así se detecta en Amiens, donde encontró a uno de principales compañeros, que había sido nombrado caballero en el Santo Sepulcro de Jerusalén. Este no sólo le ayudó y le recibió en su casa sino mostró un afecto familiar en la despedida, tal como dejó escrito en su relato: “ordenó a su esposa que se despidiera de mí como ella lo haría con él, y entonces la susodicha dama vino y me besó en la boca”.

El final del trayecto es intenso, tanto por la emoción y las muestras de afecto que recibe como por el peligro del recorrido a causa del enfrentamiento militar que vivía la zona por la que pugnaban soldados franceses y partidarios de los Habsburgo, una lucha sobre la que él no se pronunció en ningún momento.

Valenciennes, su lugar de origen, formó parte del los dominios de Felipe el Hermoso, integrados a la corona hispana con el matrimonio de este con Juana de Castilla.