El monje Hermann Künig von Vach es el autor de una guía crucial en la historia de la peregrinación a Santiago, por una doble razón: fue la primera guía europea, y la primera escrita con sentido moderno.
Por Tomás Alvarez
Muchos personajes ligados a la literatura del Camino de Santiago, nos dejaron obras muy valiosas, pero apenas tenemos referencias personales de ellos. Hermann Künig, el autor de la primera guía dedicada al flujo europeo del Camino de Santiago, escrita en el inicio de la Edad Moderna, es uno de ellos.
Se estima que el nacimiento de Künig tuvo lugar hacia 1450 y que ingresó como monje en el convento servita de su ciudad, Vacha (Alemania).
La pequeña ciudad de Vacha, actualmente con unos 5.000 habitantes, se halla a unos 80 kilómetros al oeste de Erfurt, capital de Turingia, uno de los estados del centro de la actual Alemania.
En el convento de Vacha
En la documentación de aquel centro monacal, la presencia del monje está registrada en un par de ocasiones; en los años 1479 y 1486. El escrito de la segunda fecha especifica que Hermann Künig se halla ausente. Se ha dicho que esta ausencia podría deberse a que estaba haciendo la peregrinación a Santiago de Compostela. Tal vez sea así; la única referencia aproximada a la feha del viaje la podemos detectar de su paso por Los Arcos, Navarra.

Vacha, Alemania. Iglesia del cementerio, resto de la antigua iglesia servita, del convento donde habitó el monje Hermann Künig von Vach.
* Fuente Commons/Wikimedia/.
El monje parece que ejerció de limosnero de su cenobio. En los antiguos monasterios existía la limosnería; un servicio encargado de administrar los caudales a los necesitados; fondos que recibía del propio centro o de la generosidad de los fieles y protectores del convento.
El convento de Vacha era importante, tanto por el número de los residentes como por su riqueza. Un informe publicado por Gottfried M. Wolff sobre el Impacto de la Reforma de Lutero en la orden de los Siervos de María(servitas), señala que el centro –originario del siglo XIV- estaba en las afueras de la ciudad, junto a la puerta Obertor, en la vía que iba hacia Frankfurt del Main; arteria de gran actividad comercial.
El declive del convento de Künig
En la actualidad, del antiguo convento servita sólo subsiste la iglesia; obra gótica de principios del siglo XV.
El centro monacal padeció gravísimos problemas en el siglo XVI; una época tumultuosa para todo el territorio germánico. Ya en 1525 hubo una ocupación del mismo, durante la Revuelta de los Campesinos.
La disolución del convento llegaría dos años después, el 13 de mayo de 1527, cuando el decidido apoyo de Felipe I de Hesse al bando de la Reforma luterana motivó el triunfo de esta en gran parte de Alemania central, incluida la ciudad de Vacha.
La primera guía europea

Itinerario de la guía del monje Hermann Künig, mapa realizado por Lalo Fernández Mayo, con dibujos de Jesús Herrero, del libro El Camino de Künig a Compostela.
Künig, en su guía, describe dos itinerarios; con los dos grandes flujos de la peregrinación continental europea. El primero de ellos, el de Einsiedeln, recogía el flujo peregrino de parte de Suiza, Bohemia, Baviera, Suabia, Silesia, Austria, Hungría y sur de Polonia, para canalizarlo hacia Compostela. Es lo que él llamó Oberstrasse, Vía Alta o Camino Alto.
La otra vía es la que une Santiago con el núcleo de Aquisgrán/Colonia. Este canalizaba la peregrinación procedente de la costa del Báltico y Escandinavia; la del norte de Alemania. También la que llegaba desde Polonia por Leipzig, Erfurt y Eisenach; incluso la que se incorporaba desde los puertos occidentales galos. Esta es la que llamó Niederstrasse, Via Baja o Camino Bajo.
En territorio peninsular, Künig presenta básicamente el itinerario clásico del Camino Francés, con tres importantes variantes. Una, la que unía León y Ponferrada por la cota más baja de los montes de León (el Camino de Santa Marina); otra que avanza por Becerreá, Lugo y Melide; y, además, los caminos de peregrinación por Bayona, tanto desde Burgos como desde Pamplona.
La primera guía moderna
Algunos autores modernos han calificado exageradamente al libro V del Código Calixtino como primera guía del itinerario jacobeo, pese a su contenido manifiestamente primitivo -su contenido relacionado con las reliquias (uno de sus once capítulos) acapara prácticamente el 50 por ciento del texto- y con tintes xenófobos, marcadamente injurioso hacia navarros y vascones.
Aquellos juicios injuriosos fueron causa de que Ambrosio de Morales, el humanista e historiador que había sido enviado por Felipe II a buscar objetos y libros para el monasterio del Escorial, rechazase el Código Calixtino en su visita a Compostela (en 1572), por su contenido tan «deshonesto y feo» que “ valiera harto más (a su autor) no haberlo escrito”.
Frente a aquella visión del siglo XII, centrada en historias fabuladas y reliquias con extraordinarios poderes taumatúrgicos, la guía de Künig desarrolla otro hilo narrativo; el que busca el viajero de nuestro tiempo: los itinerarios, las distancias, la atención en los albergues, los puentes, la provisión de vino y pan, los peajes, las fronteras, las divisas…
Una guía para el lector
Pero además, por primera vez en la historia de la literatura santiagueña, Künig hace un relato enfocado al lector. Se dirige a él como peregrino; le habla en segunda persona para aconsejarle no sólo en lo material sino en el estado anímico: “Empezarás el camino con alegría”, le indica al inicio.
El monje alemán escribe para un lector general, que va a pie y tiene que aprovisionarse de vino y pan para algún tramo duro; que encuentra ciudades donde puede arreglar el calzado o adquirir recuerdos, lugares donde ha de estar atento al cambio de moneda y a la posible estafa en el peaje.

Ilustraciones aparecidas en antiguas ediciones de la guía escrita por el monje Hermann Künig von Vach. elcaminodekunig.com
Es también una guía corta y rimada. El monje servita quiso hacer un texto memorizable en un momento en el que la posesión de libros era poco común; la imprenta estaba en sus primeros tiempos. Pero, además, aquella pequeña guía tenía una concepción novedosa. Estaba realizada por un monje con el sentido racional y observador del hombre del Renacimiento, aunque en él se detecten aún los rescoldos del pensamiento medieval.
Y el monje Hermann Künig von Vach… se pierde en la Historia
Se sabe, por el contenido de la primera edición de la guía que el texto se acabó de redactar el día de santa Ana (26 de julio) y vio la luz el año 1495 en Estrasburgo, con el título de Die walfart und Strass zu sant Jacob. Fue impreso en el taller de Mathias Hupfuff.
En las tres décadas siguientes se reeditó esta guía de viajes varias veces, desde 1495 hasta el fin del primer tercio del siglo XVI. Konrad Haebler, historiador alemán y experto en incunables, confirmó la existencia de cinco ediciones en 1899. El triunfo de la Reforma protestante acabaría con aquella racha de publicaciones; luego pasaría al olvido, en tanto que gran parte de la peregrinación europea languidecía.
Estas ediciones de aquel best-seller del tiempo del Renacimiento registraron sucesivas modificaciones, tanto en el léxico como en el tipo de letra y, en algún caso, el contenido. Tal es el caso, por ejemplo de paso junto al Monte Pilatos. No se sabe si estas modificaciones fueron hechas por el respectivo editor o por el propio autor, de quien dejamos de tener noticias en los últimos versos de la primera edición, cuando alude a la festividad de santa Ana (26 de julio).
Algunos analistas califican de curioso que Künig cite la fiesta de santa Ana y no la del día anterior (25 de julio) la festividad del Apóstol. La explicación es fácil: Hermann Künig von Vach, era miemro de la orden religiosa de los Siervos de María, y María era la hija de Santa Ana. Künig antepuso su identidad servita a su identidad jacobea.
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[…] Hermann Künig, el autor de la primera guía de peregrinación, publicada en Estrasburgo en 1495, conoció este lied germánico y seguramente por ello en su sintética guía no lleva a los viajeros por el puerto de Somport (Santa Cristina) y en el caso de las dos últimos (Rabanal y el Cebreiro(La Faba)) conduce a los peregrinos por vías más sencillas, con cotas de altitud mucho más bajas. Así ocurrió con la Vía de Santa Marina, entre León y Ponferrada; y con la de Lugo, entre Villafranca y Melide. […]
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